Por Claudia Birello
Para Grupo La Verdad
Sus historias fueron rescatadas por La Verdad a través de más de 100 años de existencia.
Ejemplo de ello son las rescatadas en publicaciones de 1939-1940 y en las que los entrevistados se remontan a fines del 1800, la llegada de sus padres, el trabajo, las costumbres.
Don Santiago Lagomarsino fue uno de los grandes pioneros de la zona.
Sus hijos, herederos de las virtudes paternas, continúan su obra progresista Tres de ellos, Juan David, Juan Bautista y Antonio Ángel, situados en el Cuartel IX, son propietarios de setecientas hectáreas aproximadamente
La Vieja casa familiar y sus recuerdos
La unión hace la fuerza dice un viejo y popular proverbio, desde luego como todos los proverbios. Quizás en la verdad que él encierra, se han inspirado los hermanos Lagomarsino para permanecer inalterablemente unidos a través de toda una vida y marchar juntos por la senda siempre difícil de la consagración económica y de la felicidad personal.
Me refiero desde luego a los tres hermanos, Juan David, Juan Bautista y Antonio Ángel que han mancomunado en un solo haz, todos sus anhelos, sus ambiciones, sus inquietudes, sus penas y sus alegrías.
Este apellido, Lagomarsino, tiene en Junín la sonoridad de la tradición. Puede decirse que es un nombre fundador en el partido y que la vida misma de la hoy importante ciudad y de su zona comienza a desenvolverse coincidentemente con él.
Don Juan David Lagomarsino nos relata al respecto: hace tantos años que mi padre vino a América y se instaló de inmediato en este medio, que puede considerársele uno de los pioneros del agro regional.
Al arribar él de Italia, su tierra natal, yo era el único nacido de mis hermanos y tenía aproximadamente tres años. Ahora cuento 65. De modo que saque usted la cuenta.
Hace poco más o menos 62 años entonces, que el viejo Lagomarsino arribó de la península itálica para hacer la América, como entonces se decía, aludiendo a la conquista de una tierra que encandilaba desde el otro lado del mar con el relumbrón de su oro fácil.
A la América, en realidad, había que hacerla. El oro no estaba, como se creía, empedrando las calles de aldeas coloniales. Estaba debajo de la tierra y había que cavarle hondo el surco del arado, de la mañana a la noche, de sol a sombra, sin reposo, sin feriados, sin alivios, si se quería verlo surgir y no ya áureo como es , sino convertido en el papel moneda del ahorro cotidiano hecho a base de sacrificio y frugalidad.
El viejo Lagomarsino había comenzado oscuramente como un mensual más de los que al modo que dice la Biblia, se ganan el pan con el sudor de su frente en la inmensidad de los campos calcinados de sol, no tardó en formarse una personalidad económica y su encumbramiento a ese respecto, se fue realizando de forma tan sólida y definitiva que terminó por ser más que un hombre, una institución.
Se habló de él como de un inmigrante que había sabido acumular una fortuna considerable. Era cierto. Pero es que este trashumante borroso de ayer que había llegado de Italia nada más que con sus ilusiones y la fuerza de sus brazos, tuvo primer él, toda la energía necesaria para levantar un mundo de la nada, y después contó con la lealtad de sus hijos, que fueron sus colaboradores más capaces, que se aunaron al esfuerzo inicial con pujanza de la juventud, que apretaron filas para hacer más invencible el avance, cumpliendo como decíamos antes, con la enseñanza sabia del proverbio que dice que la unión hace la fuerza….

Estamos en la vieja casa familiar de los Lagomarsino, en una mañana de sol en que todo el campo tiene la alegría de la naturaleza vivificante y feliz. Hemos hecho, al modo rural, en la cocina, una tertulia de la que participa, casi toda la actual familia y que preside en realidad con su verba simpática y locuaz, don José Balestrasse que ha gestionado la entrevista.
Los Lagomarsino tienen esa virtud nunca bien ponderada del hombre de campo; saber callar.
Es decir, son parcos en palabras, más aun, en conceptos y apreciaciones, por lo mismo que el que generalmente mucho habla, se equivoca más todavía. No obstante rompiendo con ese mutismo que es en ellos un rasgo de inteligencia indudable, nos ha proporcionado toda la información con que ahora confeccionamos la nota.
Juan David ha tenido la representación oral de la familia. Y de modo sencillo, escueto, sin ostentaciones, nos ha hablado de una evolución económica que puede llamarse fantástica.
Hasta 1892 estuvimos en San Miguel, en las proximidades de la Capital Federal. En esa época el viejo tuvo sin duda alguna, la visión de lo que sería Junín y a qué halagüeño porvenir estaba destinado, porque vino al partido y adquirió, aquí mismo, donde ahora nos encontramos, 185 hectáreas.
-¿De modo que decimos que ésta es la casa paterna?
No, apunta uno de los muchachos, hijo de Juan Bautista, muchacho más mentalmente ágil que un trompo, no, la casa paterna fue aquel rancho que se ve allá abajo.
La historia de los Lagomarsino es pura, la historia de un gran triunfo en la vida. En cifras, que es como se dicen hoy las cosas más poéticas, los Lagomarsino poseen las 185 hectáreas de que hemos hablado, que fueron la base de su posterior engrandecimiento: 108 en las proximidades de Saforcada, cuartel tercero; 76 hectáreas en el cuartel noveno; en el cuartel cuarto 227 y 160 en Arenales. Son además propietarios de finca en Junín.
Juan David Lagomarsino, que nos habla, es uno de los más activos propulsores de la zona y como tal pertenece a la sede de la Asociación de Fomento de los cuarteles 2, 3 y 9,
Creo que las cifras consignadas más arriba como patrimonio de los hermanos Lagomarsino, son definitivas. No obstante esa encumbrada situación monetaria que quizás perturbara más de un temperamento, los hermanos Lagomarsino continúan su vida simple y sencilla del primer día en que clavaron la reja del arado para aliviar un poco el largo esfuerzo del anciano padre.
Este murió en 1935. Pero el apellido Lagomarsino los sobrevive con un esplendor económico y social que ya seguramente no se apagará jamás.(LA VERDAD, ENERO 1940)
Yo recuerdo a Junín cuando era más pequeño y silencioso que Saforcada
Los domingos íbamos a misa en sulky o a caballo y de paso nos traíamos las rejas para el arado. Nos dice Ángel Colombo recordando un ayer pintoresco y lejano. Físico de leñador y alma de niño. Sus actividades, su vida, los suyos…
Yo recuerdo a Junín nos ha dicho desde cuando la actual ciudad de hoy, progresista y moderna era más pequeña y silenciosa que Saforcada.
Ayer, como quien dice…
Estamos en presencia de don Ángel Domingo Colombo, uno de los propietarios más poderosos del cuartel noveno, aunque él olvide siempre su situación económica.
Don Ángel es hombre de vasta vinculación, de modo que el conocimiento general que de él se tiene, hace obvio el trazado de su retrato.
Todo el mundo conoce su físico basto dentro del cual hay un alma ingenua y bondadosa de niño, su bonhomía perenne, su cordialidad afectiva para todo aquel que se acerca a su casa amplia y acogedora.
Como en otra parte de esta misma sección recordamos al confeccionar la biografía de don Ramón Colombo, que es su hermano, don Ángel permaneció durante muchísimos años junto a su padre en la vieja casona familiar donde el apellido comenzó a adquirir el prestigio que ahora lo rodea. Estaban en el cuartel noveno entonces y era la época de la formación juninense.
Se iba poco al pueblo en ese tiempo, porque dos leguas eran entonces una distancia considerable y se utilizaba solamente el caballo o el sulky.
Los domingos sin embargo cumplíamos con nuestro piadoso deber de ir a misa y de paso, el viejo aprovechaba para mandarnos a buscar las rejas del arado a la herrería Puricelli.
“Allá donde se ve aquel tejado nos decía, allá es”.
Hoy, ya con seguridad que aunque existiera el establecimiento el techo no se vería. Lo ocultaría la mata de la edificación profusa.
Y nos muestra a título ilustrativo una foto suya de uno de esos días en el pueblo. Está don Ángel , mucho más joven naturalmente montado en un espléndido alazán, sobre el fondo de una calleja de aquel tiempo que en el cartón que la inmortaliza se está haciendo amarilla. Es una verdadera estampa antigua.
Pero volvamos a la actualidad y oigamos a don Ángel.
En 1914, el año de la guerra, adquirí la actual propiedad que abarca 75 hectáreas y en la que ahora nos encontramos. Poseo además 40 hectáreas en la Pinta y acabo de tomar propiedad otras 38 y media en las inmediaciones de La Toldería.
Este es su capital, su capacidad económica, su fortuna. Pero acaso en Ángel Colombo como en su hermano Ramón, toda su fortuna no es la dicha que llevan constantemente en el corazón y que les asoma en los labios a modo de una sonrisa llena de complacencia y bondad.
De su matrimonio con doña Vicenta Gorosito, digna y caritativa mujer que ha alegrado los mejores días de su buen compañero, nacieron siete hijos, que son María Vicenta, Purísima Estela, Ángela Luisa, Américo Juan, Oscar Ángel, Delmira Rosalía y Onildo Domingo.
Enjambre bullicioso y parlero donde reflejan como en un espejo todas las virtudes paternas.
Américo Juan, inteligente muchacho dotado de singular temperamento artístico ha constituido entre todos los descendientes, una verdadera satisfacción para su progenitor. Extraordinariamente dotado para la música, se ha recibido a pesar de su juvenil edad, de profesor de guitarra, que como es sabido uno de los instrumentos más difíciles que se conocen y sus actuaciones en el medio le han consagrado como un ejecutante de categoría. El micrófono de Publicidad Vox, conoce de cerca su excepcional virtuosismo que el público todo de Junín ha aplaudido sin reservas.
Como espíritu verdaderamente progresista, Don Ángel ha propugnado al desenvolvimiento de la Comisión de Fomento local y de la cooperadora de la escuela 13. Es accionista de la Liga Agrícola y de La Equidad, cuyo desenvolvimiento ha seguido de cerca.

(NOTA PUBLICADA EN LA VERDAD EL 30 DE DICIEMBRE DE 1939)
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