A comienzo de la décadas de 1940 y 1950 y el New Look de Christian Dior (1948) se imponía en el mundo de la moda. Las siluetas estilizadas, las cinturas ajustadas y las faldas largas que el diseñador francés había llevado a las pasarelas eran furor y se replicaban en todo el mundo. Argentina no era la excepción. En los talleres nacionales se copiaban a la perfección los modelos de Dior y de otras grandes casas de alta costura francesas. No había diseño, solo réplicas. Hasta que apareció la diseñadora Fridl Loos.
Loos -austríaca- llegó a la Argentina en 1940, huyendo de la Segunda Guerra Mundial. Heredera de la estética depurada de la Escuela de la Bauhaus, cambió rotundamente sus diseños cuando se enamoró de los paisajes del Noroeste argentino. A partir de allí, sus prendas se caracterizaron por el color y las tipologías innovadoras. “Con independencia total de las tendencias de la moda, Loos supo imponer un criterio absolutamente vanguardista y personal para la época. Mezclaba materiales como barracanes, lanas tejidas en telar, cueros y gamuzas con técnicas diferentes como patchwork o batik marmolado estampado sobre seda”.

“Por regla general, primero diseñaba las telas, después las probaba sobre mi cuerpo, y recién después se la daba a una modista”, declaró Loos para el libro Followers of fashion: Los diseños innovadores de Loos causaron sensación en la Argentina de la época; y sus prendas fueron cada vez más requeridas por artistas y mujeres de la alta sociedad argentina, entre las que contaban la empresaria Amalia Lacroze de Fortabat, la actriz Amelia Bence, la conductora Lidia “Pinky” Satragno y la cantante Susana Rinaldi, Mirtha Legrand a quien vistió el día de su boda con dos taillers, uno de ellos el de la iglesia en color negro.
Así como Cocó Chanel vistió a las veraneantes de Deauville (Francia), Fridl hizo los vestidos de mañana, playa y cocktail, siempre con su sello gauchesco que usaron las habitués de los balnearios más chic de Mar del Plata.
(*) Diseñador juninense.






