Por: Carolina Lovage
El periodismo es mi pasión, además de la literatura, y cada trabajo que me toca emprender lo ejerzo con mucho compromiso y dedicación. Pero ante todo, con el objetivo de hacer un bien a la comunidad. Brindar información veraz y de calidad es un servicio público y una responsabilidad que me trasciende.
Más allá de los nuevos soportes y el avance de la tecnología, la esencia de este oficio sigue siendo la misma: contar o analizar lo que sucede, ser el puente que une los hechos con la gente, y dar voz a los que no la tienen o a lo que algunos prefieren callar.
Entender las historias desde adentro y difundir las problemáticas sociales con profundo conocimiento de la realidad de la época, sea cual fuere, es fundamental para un real ejercicio profesional.
Porque informar no es solo relatar un acontecimiento o exponer datos. Implica saber, pensamiento crítico, capacidad de análisis y la habilidad de brindar herramientas para que otros saquen sus propias conclusiones.
El periodismo, entonces, exige ética, rigor y fidelidad a la verdad. Y hoy, en un mundo saturado de ruido, debe buscar claridad donde todo parece confuso.
De la literatura heredé la sensibilidad para mirar; del periodismo, la precisión para narrar. La labor periodística requiere en este sentido empatía con los demás. En la construcción de una noticia hay que poner el corazón y, para eso, nos deben conmover el dolor y la injusticia de manera genuina.
¡Muy feliz día a los colegas que bregan por la pluralidad de ideas y construyen con su trabajo una sociedad más justa y armónica!






