La primera fecha del campeonato provincial de motocross no solo marcó el inicio de una nueva temporada, sino que se convirtió en el escenario de una historia digna de ser contada. Facundo César, piloto oriundo de Junín, protagonizó un regreso inesperado a las pistas después de dos años de inactividad. Su jornada, marcada por la mala suerte y la resiliencia, culminó en una victoria que nadie, ni siquiera él, se habría atrevido a imaginar. Fue una demostración de que la verdadera pasión puede superar cualquier obstáculo y que, en el deporte, el corazón de un campeón late más fuerte que cualquier motor.
El plan inicial de Facundo para este fin de semana de carrera era preciso y lleno de ilusión. Después de un prolongado parate, había adquirido una nueva Yamaha 450 y su intención era probarla en el exigente campeonato de San Andrés de Giles. «La idea era ir a correr en 450, una nueva que tengo antes estaba en 125, volví al 450 y la estuve probando en Junín, andando un poco en la moto, poniendola a punto», relata el piloto. El sábado, durante las tandas de prueba, todo parecía marchar a la perfección. Facundo se sentía cómodo, rápido y con la confianza intacta, a pesar de la inactividad. Su rendimiento lo colocaba a la par de los competidores más experimentados. «Me fui el sábado, trabajé mucho ese día, se cambian amortiguadores, cambiamos ruedas, probamos todo, estaba todo bien, probamos todo, terminé el final del día contento, estaba andando ahí adelante con ellos, así que estaba todo de 10, me sentía muy bien», cuenta con un entusiasmo palpable. La adrenalina de la pista, la familiaridad con el ambiente del paddock y la sensación de volver a ser competitivo lo llenaban de una energía renovada.
La mañana del domingo, la mala suerte se ensañó con el juninense, interrumpiendo abruptamente el sueño de su regreso. Durante la primera tanda de calentamiento, un problema mecánico detuvo su marcha. «Pongo en marcha la moto para salir a la tanda de pruebas y me tira espuma por una descarga que tiene, como que se pasó el agua al aceite, digamos», explica. A pesar de la señal de alerta, decidió seguir adelante, esperando que se tratara de un problema menor. «Le tiro el aceite, digo, pongo aceite nuevo y salgo a correr. Pero tenía una fuga en algún lado, pero bueno, le voy echando agua alrededor un poquito y entre tanto y tanto voy viendo», pensó en ese momento, aferrándose a la esperanza de que la avería no fuera tan grave.
Sin embargo, en la segunda tanda, la situación empeoró drásticamente. Una vibración en el pedalín de su pie derecho lo obligó a detenerse. «Sentí una vibración en el pie derecho, en el pedalín, y bueno, levanté la pared y todo eso, y cuando miro para abajo, como que miro la bota, tenía todo lleno aceite en la bota», detalla con amargura. El diagnóstico fue devastador: el cárter del motor de su Yamaha 450 se había fisurado, tirando todo el aceite y dejando la moto inoperable. «Se había hecho una fisura en el motor que me tiró el aceite mientras tiraba, entonces bueno, la vibración era que se quería romper eso», explica Facundo.
La frustración era inmensa, su regreso, tan anhelado y planificado, parecía haber llegado a un abrupto final antes siquiera de empezar. «En ese momento estaba bastante amargado, porque yo hasta me había inscrito unos días antes, porque por inscripción online te dan cinco puntos, la idea era tratar de andar bien en el campeonato completo, no perder puntos y bueno, sí, me amargué bastante», confiesa. Para un piloto que venía de una larga recuperación, la idea de volver a casa sin poder competir era un golpe muy duro. En ese momento, pensó que su única opción era juntar todo y volver a Junín con la amarga sensación de un fin de semana perdido, sin haber podido demostrar su valía.
Justo cuando la decepción era más profunda, apareció un gesto de compañerismo que cambió el curso de la historia. Un amigo y compañero, Tomás Cortego, se le acercó y le ofreció la posibilidad de correr en su moto de entrenamiento, una Husqvarna 125. Era una categoría anterior a la 450, una moto más pequeña, no había ido preparado para eso, pero representaba la única oportunidad de no rendirse. «Un chico amigo que fue con nosotros, que es de San Gregorio, Tomás Cortego, me prestó una Husqvarna 125 y me dice, ‘Corre con mi moto’. Y le digo, ‘sí, bueno, dale, aunque sea corro. Bueno, listo, no pierdo 120 mil pesos de inscripción, ando en moto por lo menos, doy unas vueltas, me sirve'», relata Facundo. La moto, además, era la que su amigo usaba para entrenar, ya que su moto de carrera principal, con la que compite en el campeonato argentino, era otra que le llevaban el mismo domingo.
La propuesta era un desafío mayúsculo: no solo tendría que subirse a una moto con la que no estaba familiarizado, de una cilindrada mucho menor a la que él estaba preparado para competir sino que además, por no haber clasificado, debía largar la carrera desde el último puesto. «Así que sin clasificar, sin nada, salí a la serie derecho. Me largan del último cajón, del último puesto por no clasificar», explica. A pesar de las desventajas, Facundo no lo dudó. Era una oportunidad para seguir en carrera, para no dejar que un problema mecánico arruinara su esperado regreso. «Digo, salgo en el 125, salgo a hacer lo que pueda y tratar de no golpearme, no romper la moto y girar», cuenta sobre el momento en que tomó la decisión. Su mente estaba enfocada en el desafío, en demostrarse a sí mismo que todavía tenía la capacidad de competir.
Su experiencia y habilidad empezaron a brillar desde el primer momento. En la serie, logró una notable remontada, superando a varios pilotos y cruzando la meta en un impresionante tercer puesto. Este resultado le dio el impulso y la confianza que necesitaba para la final. «En la serie cuando vi que podía tener llegada, tener posibilidad de ganar, trabajé, trabajé, trabajé, hasta la final en la moto me la acomodé, me regulé la suspensión, un montón de cosas le hice previo a la final», detalla. A pesar de que la moto no era suya, Facundo la hizo suya, ajustándola a su estilo de manejo y a las exigencias de la pista.
Con la moto prestada puesta a punto y la determinación a tope, Facundo encaró la final. La carrera fue un despliegue de talento y pura garra, una verdadera lección de pilotaje. El piloto juninense, largando desde el fondo del pelotón, empezó a superar a sus rivales uno a uno, con una técnica depurada y una valentía inquebrantable que lo caracterizan. «Logré pasarlos pero después estaba a la defensiva porque la moto era de entrenamiento, no era una moto digamos que está preparada de punta a punta para competir», explica. La Husqvarna 125, si bien era una buena moto, tenía sus limitaciones frente a las máquinas de sus oponentes, lo que lo obligaba a defender su posición con astucia y experiencia.
«Por derecho me querían pasar por todos lados y me cuidé, tapé de acá, de allá hasta que la pude ganar», afirma, reviviendo la intensidad del momento. Cruzó la bandera a cuadros en primer lugar, desatando una euforia inesperada y ganándose el aplauso de todos los que presenciaron su actuación. «Tenía que sacar uno para allá, el otro me quería pasar por el otro lado, me pasaban por todos lados, yo solo pedía que bajen la bandera lo antes posible” recuerda entre risas. El público, los familiares y los amigos que lo acompañaron, celebraron la victoria como si fuera un campeonato, reconociendo el inmenso esfuerzo y la increíble hazaña.
La victoria de Facundo fue más que un triunfo deportivo; fue una reivindicación personal y una prueba de su valía. «De un fin de semana que podría haber sido de total amargura, pude salir y llevarme este primer puesto», reflexionó. En esta oportunidad se vio acompañado además por todos sus allegados, «fue todo muy lindo porque todos me fueron a ver, el domingo fueron todos mis amigos de acá de Junín, mis viejos, familiares, todos a verme y que pase eso me puso muy contento, haber ganado el 125 y encima hacer un carrerón». El apoyo de sus seres queridos hizo que el momento fuera aún más especial, consolidando el valor emocional de su triunfo.
Este regreso triunfal llega después de un largo y difícil período. Hace dos años, una fractura de tibia y peroné lo obligó a parar, con una recuperación de un año solo para volver a subirse a una moto. «Me quebré tibia y peroné corriendo el campeonato argentino», comenta. El proceso fue largo y duro, con una rehabilitación que incluyó bicicleta y caminatas. «Al principio traté de hacer todo bien, tratar de cuidarme el pie, que suelde bien el hueso, tuve una recuperación muy dedicada, después empecé a poder andar en bicicleta, después a caminar, después a empezar a trotar y fue todo un transcurso que me lo tomé con calma para recuperarme bien», explica. La moto, que considera una «terapia», se convirtió en la motivación para volver. «Siento que lo es que lo tengo que hacer, volver a subirme a la moto porque es lo que me hace bien», dice con total convicción.
Mirando hacia adelante, la idea es reparar el motor de su Yamaha 450 para continuar en el campeonato de San Andrés de Giles. «Ahora llegué a casa, me voy a poner a sacar el motor de la moto, vamos a ver como lo podemos solucionar, ya tanto estos días que quedan esta semana o la otra para estar listos para la próxima fecha», detalla. Además, se plantea el desafío de participar en una fecha del campeonato argentino, posiblemente en Villa Trinidad, para medirse con los mejores y prepararse para la próxima temporada. «La idea es estar más tranquilo, ya tengo un nene que va a cumplir 6 años por eso es que hoy lo disfruto mucho el deporte desde otro lugar y siento que lo tengo que hacer», concluye Facundo, demostrando que su regreso a la competencia no fue solo un capricho, sino la reafirmación de una pasión que sigue más viva que nunca, ahora con la experiencia y la madurez de un deportista que sabe ir «hasta dónde y que la carrera se disfruta hasta el final».






