Con apenas 13 años, la gimnasta que es de Vedia y entrena con Laura Zabala, alcanzó el primer puesto del ranking nacional y sacó boleto para el Mundial de Gimnasia Aeróbica de la FIG en España. En un mano a mano imperdible, repasa sus inicios desde los 3 años, la rigurosa rutina que comparte con sus compañeras, y los detalles de la campaña solidaria para hacer realidad su viaje. «Cada granito de arena suma y me deja un paso más cerca de cumplir mi sueño», asegura.
El esfuerzo silencioso y la constancia de años acaban de fundirse en un logro histórico para el deporte local. Emilia Beliza, una joven atleta de apenas 13 años, ha tocado el cielo con las manos al coronarse en el primer puesto del ranking nacional en las categorías individual femenino y dupla mixta. Esta descollante actuación le otorgó la clasificación directa para representar a la Argentina en el próximo Mundial de Gimnasia Aeróbica de la Federación Internacional de Gimnasia (FIG), que se disputará en la ciudad de Pamplona, España.
Detrás de este pase internacional no hay golpes de suerte, sino una vida entera dedicada a la disciplina, las pretemporadas sin descanso y una pasión que nació casi como un juego de la infancia. En una charla íntima la deportista repasó las sensaciones de este momento único, revivió sus comienzos y explicó cómo la comunidad puede sumarse a su campaña solidaria.
Para un atleta de élite, la asimilación del éxito suele llegar recién cuando la música se apaga y los jueces entregan las planillas finales. Al ser consultada sobre qué experimentó en el instante exacto en que supo que vestiría la celeste y blanca en tierras europeas, Emilia se sincera: “Sentí mucha emoción, orgullo, realmente no lo podía creer”.
La previa y los días de competencia de la clasificación nacional estuvieron cargados de una enorme tensión, aunque el enfoque absoluto en su rutina le permitió blindarse de las presiones externas. “En esos días de competencia estaba como cada uno concentrado, enfocado en lo suyo, es como que no ves, no ves las pasadas de los otros; estás muy concentrada, pasás y hasta que no te dan los resultados es como que no estás preparada para saber como te fue”, describe con una madurez asombrosa, dejando en claro que prefiere vivir esos momentos con la tranquilidad de quien sabe que el trabajo ya fue hecho en los entrenamientos: “Lo vivo más tranquila desde ese lugar, por ahí no ves cómo es el resto, e sea, es la pasada y ya está”.
A pesar de tener apenas 13 años, la trayectoria de Emilia abarca una década completa dentro de la disciplina, habiendo ingresado al gimnasio en una etapa de la niñez donde los juegos suelen ser la única prioridad. “Ahora actualmente tengo 13 y pero yo arranqué a los tres”, recuerda con una sonrisa. Al indagar sobre si guarda recuerdos de aquellas primeras e iniciales experiencias, confiesa: “No, yo iba primero porque, como era tan chiquita, me mandaron, no es que fui porque yo quería, iba con algunas compañeras, iba como a divertirme nomás”.
Sin embargo, el talento natural y el compromiso no tardaron en reconfigurar su camino recreativo hacia un plano estrictamente competitivo. “Yo me federé desde muy chiquita también, fui a una categoría que se llamaba ‘Baby’ porque eran como hasta los 5 años, y competí nacionalmente en esa categoría. Fui una de las primeras y desde ahí como que empezó todo”, relata sobre el quiebre que marcó el inicio de su carrera de élite, la cual la llevó a competir formalmente en el máximo nivel a partir de los 9 años.
La gimnasia aeróbica exige una combinación perfecta de fuerza, flexibilidad, ritmo y, por sobre todas las cosas, una conducta intachable. Emilia reconoce que este deporte moldeó su personalidad desde sus primeros pasos: “Desde chiquitas que nos enseñan a ser disciplinadas, ser responsables, y todo eso, a mí me gustaba ir, así que iba siempre y cada vez me fue gustando más, no quería faltar, quería ir siempre y acá seguimos”. Esa constancia es la que divide a las promesas de las realidades: “No frenamos en los veranos, hacemos pretemporada y todo ese esfuerzo me llevó a eso pero ni me imaginaba clasificar a un mundial”, confiesa con humildad.
Actualmente, el grupo de entrenamiento de élite se ha reducido, lo que otorga una dinámica mucho más personalizada y exigente a la preparación. “Ahora en el grupo de competición de Vedia no somos tantas como antes, somos cinco entonces al ser cinco, el entrenamiento es como que rinde mucho más que antes”.
Al detallar cómo se reparte su cargada agenda semanal entre el colegio y el alto rendimiento, explica que “entrenamos los martes, los jueves y los sábados viajamos, nos juntamos con las chicas de Junín que hacemos coreos con ellas también. En el verano tampoco frenamos, es más, entrenamos más porque tenemos más tiempo, entrenamos más horas; salvo que te vayas de vacaciones, no sé, una semana o dos, y después sigue”.
A la hora de elegir qué es lo que más la apasiona de su rutina atlética, Emilia no duda en señalar el ecosistema de los torneos: “Me gustan mucho las competencias porque bueno, disfrutás la pasada y además te encontrás con otras chicas porque como que te relacionás con gente de todos lados, de no sé, de Mendoza, de Misiones, de Buenos Aires. En los internacionales también tenemos amigos de otros países, de varios lados como Brasil, Colombia, entre muchos otros”.
Ese roce competitivo también le dio las herramientas psicológicas necesarias para domar los lógicos miedos escénicos frente a los jurados. “Como hace tanto que vengo de tan chiquita, me fui acostumbrando, no es lo mismo, no sé, cuando tenía 6 años que temblaba más o menos de los nervios. Ahora es como que estoy concentrada, pero una vez que dicen mi nombre, salgo y es como que ya lo disfruto, de tanto practicar, ya solo queda hacer”, manifiesta con notable templanza.
Asimismo, resalta el valor humano del día a día, un refugio donde comparte códigos compartidos con sus pares que difícilmente encuentra en otros ámbitos escolares: “Cuando nos juntamos con las amigas está bueno porque te divertís, no sé, mientras obvio que entrenamos, pero mientras tanto también charlamos. Aparte, todas entendemos de lo que es el deporte y podemos hablar; si vos te ponés a hablar con un compañero de la escuela, una persona cualquiera, no entiende nada de lo que vos haces, entonces esta bueno compartir eso y además nos divertimos haciendo la preparación física”.
Si bien Emilia ya cuenta con experiencia internacional defendiendo el prestigio de la gimnasia regional, es consciente de que la cita en Pamplona enmarcará un hito sin precedentes en su carrera. “Yo ya he ido a competencias internacionales, no sé, Sudamericano, Panamericano, pero obvio que esto es algo muy distinto, o sea, es otra cosa completamente distinta, nunca estuve en un lugar así como para saber qué se siente en ese momento, no, es como que no es lo mismo”.
Mientras asimila la envergadura del certamen, el afecto de su entorno local actúa como un motor diario: “Sigo recibiendo felicitaciones hasta hoy, y eso me emociona, como que todos están ahí compartiendo, apoyando”, agradece conmovida.
Para que todo el esfuerzo volcado en las colchonetas se traduzca en una realidad sobre el suelo español, la familia y el entorno de Emilia han lanzado una cruzada solidaria bajo el nombre de «Todos por Emilia», orientada a costear los elevados gastos de traslados, estadía y tasas de competencia. El lema de la iniciativa es tan claro como movilizador: Un sueño mundial se construye con el apoyo de todos.
“Ahí en el primer video que pusimos cuenta un poquito la historia con fotos y videos de cuando era chiquita”, explica Emilia respecto del material audiovisual que circula con fuerza en las redes sociales. “Cuenta un poco que desde re chiquita que vengo y que si la gente quiere apoyar, puede colaborar. Pusimos un alias que es emialmundial y pueden compartir el video; hay un montón de personas que lo mandan, lo ponen en las historias y así la gente como que se va enterando”.
Para coronar el diálogo, la flamante clasificada mundialista les envió un mensaje cargado de optimismo e ilusión a todos los vecinos de Junín y la zona que deseen tenderle una mano: “El título es que ‘un sueño mundial se construye con el apoyo de todos’ y que cada granito de arena suma. Mientras más apoyo tenga, estoy un paso más cerca de cumplir mi sueño de ir al Mundial”.






