Desde el área de Educación y Psicología de la Fundación Runachay, este domingo escribiremos acerca de la mirada del psicoanálisis sobre la discapacidad intelectual.
Freud, desecha el concepto de capacidad, por lo tanto desecha el concepto de discapacidad, ya que el sujeto no es racional, sino deseante y dividido, de hecho propone un modelo dinámico del sistema psíquico, es decir que la inteligencia es una función y/o un producto, o lo que es lo mismo, “somos Deseo”, pero “no somos inteligencia”, la inteligencia solo sería una habilidad o un resultado, sin embargo hay una pulsión de saber, y es aquí cuando la inteligencia puede entrar en conflicto con el Deseo.
¿Cómo es esta pulsión de saber?, cuando abandonamos el principio de placer, cuando somos niños, nos surge la capacidad de pensar y de razonar, estas capacidades nos imponen la inhibición y el aplazamiento de la carga motora, es que la pulsión de saber tiene tres destinos, uno es la inhibición, otro es la compulsión neurótica en el pensamiento, y el tercero es la sublimación.
En el caso de la discapacidad intelectual, o del déficit intelectual, estaríamos centrándonos en el primer destino de la pulsión de saber, que sería la inhibición, la inhibición cognitiva, la restricción de la función cognitiva, y esta restricción de la función cognitiva del YO, tiene como fin, preservarlo de un conflicto más grave que el que puede provocar la ignorancia, ya que la ignorancia al final nos puede estar salvando de la posibilidad de fracasar de una empresa subjetiva que se viva como herida subjetiva intolerable, o cuando el éxito está prohibido, por una imagen parental que no admite competencia, es decir cuando el propio narcisismo de los padres (padre, madre), de ambos, no soporta que su hijo pueda hacerle sombra de algún modo, es decir, cuando tenemos ante nosotros a una persona con discapacidad intelectual, deberíamos hacernos dos preguntas, la primera es, ¿de que puede estar protegiéndose con esta inhibición cognitiva?, y la segunda pregunta es, si esta persona en la familia en la que ha crecido, ¿tenía derecho a no sufrir una inhibición cognitiva?.
Capítulo aparte merecen los diagnósticos psiquiátricos que muchas veces son utilizados para rotular al paciente, reduciendo la subjetividad de la persona a la definición de un trastorno. Ejemplo de ello se da con el autismo, se define a la conducta autista como un trastorno generalizado del desarrollo. Entendiendo por ello una perturbación grave y generalizada de varias áreas del desarrollo: la interacción, la comunicación, la conducta, intereses, etc. Se da una conducta de desapego de la realidad acompañado de un predominio de la vida interior.
Desde el psicoanálisis decimos que al diagnóstico “lo escribimos con lápiz”, porque más allá de un trastorno (conjunto de síntomas). Será desde la particularidad de cada quien que se irán construyendo herramientas y estrategias que permitan hacer de esa vida singular, algo mucho más potente que un simple diagnóstico.
Claudio Eduardo Ringelman Jaquez
Psicoanalista
MP: 56783
Integrante de PULSAR
Correo electrónico: cringelman@gmail.com






