Diego Flores consiguió este viernes el título de campeón de la 100ma. Edición del Campeonato Argentino de Ajedrez, que culminó en la Casa de la Ciudad, del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
El Gran Maestro (GM) juninense, con un ELO de 2563, entabló con piezas blancas ante su par bonaerense Federico Pérez Ponsa (2528), en un encuentro que se extendió por 37 movimientos y que se desarrolló dentro de los cánones de una Defensa Siciliana.
De este modo, Flores acumuló 8,5 unidades y aventajó por un punto al escolta Pérez Ponsa, quien terminó segundo en la clasificación.
Así, el juninense sumó su octava coronación en el máximo torneo nacional (también había festejado en 2005, 2009, 2012, 2013, 2016, 2018 y 2019), con lo que niveló la histórica marca del ícono y mito de la actividad, el ya fallecido Miguel Najdorf, que ganó por primera vez en 1949.
Un poco de historia
Luis y Silvia estaban separados cuando el primero se fue en 1977 a España. Pero algo había quedado en pie y la mujer lo siguió años después. Hubo reconciliación y en 1982 nació Diego en Las Palmas de Gran Canaria, donde sólo residió hasta 1984. Buenos Aires lo recibió hasta los 5 años y luego la familia se radicó en Junín, donde Diego se formó como ajedrecista en la Escuela Municipal que hace tiempo que lleva su nombre, luego de que se fracturara una muñeca y dejara el fútbol y el básquetbol para que lo atrapara el ajedrez.
Cuando quiso investigar más sobre ese juego que había conocido a los 9 años y que lo empezaba a atrapar, Flores cayó en los cuatro tomos del “Tratado general de ajedrez”, escritos por Roberto Grau. El pibe se fue devorando la obra más emblemática en español sobre este juego. De los “Rudimentos”, nombre del primer tomo, a “Estrategia Superior”, pasando por la “Estrategia” y “Conformaciones de Peones”. Y jamás se bajó de esa pasión por los trebejos. Vaya orgullo entonces que Flores haya superado los seis títulos argentinos de Grau.
Si un año lo marcó a fuego fue 1998, cuando en noviembre se consagró subcampeón mundial Sub 16 en Oropesa del Mar. Viajó con una mano atrás y una adelante, y con todo su talento joven, y en España sumó 8,5 en 11 rondas y quedó segundo por desempate. Y en diciembre, días antes de Nochebuena, tuvo el mejor regalo de Navidad: entabló con Garry Kasparov. La proeza sucedió en unas simultáneas que el ex campeón mundial dio en Buenos Aires, donde jugó en 60 mesas al mismo tiempo y cedió sólo ese empate… ante Flores, que jugó con negras.
Su carrera fue en ascenso y llegó a tener un ELO de 2.628 en enero de 2011. Fue y vino, como le pasa a todos en la vida, y en noviembre de 2018, llegó a su pico de 2.634. No era para menos, porque sucedió después de su gran actuación en la Olimpíada de Batumi, Georgia, donde en el segundo tablero argentino sumó 8 puntos en 10 rondas (7 triunfos, 2 empates y una sola caída) y quedó a un escalón del podio por rating (2774), detrás del vietnamita Hgoc Truong Son Nguyen, el ruso Ian Nepomniachtchi y el azerí Teymour Radjabov.
De hecho, Flores ama jugar Olimpíadas porque está la celeste y blanca de por medio. Y se potencia en ellas. En las nueve ediciones que disputó ininterrumpidamente desde 2006 a 2024, logró 55,5 puntos en 86 partidas (64,5 por ciento de efectividad), gracias a 43 triunfos, 25 tablas y 18 derrotas.
Repasar sus números en el torneo bienal por equipos más importante del ajedrez es puro asombro. En Turín 2006, como cuarto tablero, sumó 7 en 11 (6 victorias, 2 tablas y 3 caídas); en Dresden 2008, también en el cuarto tablero, totalizó 7 en 10 (5-4-1); en Khanty-Mansiysk 2010, donde fue primer tablero por única vez, sumó 5,5 en 11 (3-5-3); en Estambul 2012, como segundo tablero, hizo 5 en 9 (3-4-2); en Tromso 2014, en el cuarto, sumó 6 en 8 (5-2-1); en Bakú 2016, también en el cuarto, consiguió 4 en 8 (3-2-3); en Batumi 2018, lo dicho; en Chennai 2022, como primer reserva, sumó 6,5 en 9 (5-3-1); y en la última de Budapest 2024 logró 6,5 en 10 (6-1-3) en el cuarto tablero.
Con información de DeporTv y Clarín.






