Joaquín Toscano, la joven promesa del Club Los Indios de Junín, dio un salto significativo en su carrera deportiva al ser convocado para la preselección argentina Sub-17. Su experiencia en el campus de Villa Cañás no solo fue un hito en su camino, sino una vivencia que lo enriqueció en todos los niveles.
La noticia de la convocatoria, tan esperada como inesperada, lo tomó por sorpresa. «Justo el viernes a la noche terminamos de entrenar medio tarde y agarré el celu. Tenía un par de mensajes del presidente y me llamó», relata el basquetbolista, aún con asombro. «Me contó y la verdad que no lo podía creer». Aunque se sabía de la posibilidad de una preselección, Joaquín nunca imaginó que sería uno de los elegidos. Para él, esta oportunidad es un «logro inmenso» y un «paso muy importante», la concreción de un sueño que persigue desde su infancia. «Es algo que siempre quise de chico y poder vivirlo fue muy lindo», afirma.
El campus, que reunió a talentos de todo el país, desde Córdoba y Mendoza hasta Entre Ríos, fue una prueba de fuego. «Éramos chicos de todos lados y la verdad que entrenamos mucho, fueron entrenamientos muy intensos, muy largos», explica. El objetivo no era solo evaluar la técnica, sino también la capacidad de adaptación y el potencial de cada jugador. «No había mucho para ver, era jugar y mostrar lo que uno tiene para que los técnicos puedan aprovechar el tiempo y decidir qué jugadores elegir y demás», detalla.
Una de las principales enseñanzas que se lleva de la experiencia es la crucial importancia del aspecto físico en el básquet de élite. Según los entrenadores, si bien los jugadores argentinos están a la par de las potencias mundiales en lo técnico y táctico, el déficit se encuentra en la preparación física. «Es lo que más se nota y donde más débil estamos», señala. «Los profes hicieron como hincapié en eso y que tenemos que meterle mucho a lo físico por ahí para poder mejorar en ese aspecto y poder competir mejor». Esta observación no solo lo marcó a nivel personal, sino que también le dio una nueva perspectiva sobre los desafíos del deporte a nivel global.
Más allá de la cancha, la convivencia con otros deportistas fue un punto clave. «La pasé muy bien con los chicos, conocí mucha gente nueva, me llevo la experiencia y aprendí cosas no solo del básquet, sino en general del deporte, como hábitos», comenta, valorando la riqueza del intercambio humano. La experiencia le sirvió para reafirmar que, más allá de la competencia, el deporte es una plataforma para el crecimiento personal y la creación de vínculos.
La historia de Joaquín con el básquet se remonta a su infancia, cuando se mudó a La Falda, Córdoba, e incursionó en el deporte. «Ahí fui a probar básquet y me re gustó. Viví tres años ahí y siempre jugué al básquet durante ese tiempo», recuerda. A su regreso a 9 de Julio, su ciudad natal, continuó su pasión hasta que el año pasado, en busca de un mayor nivel, se unió directamente al Club Los Indios en Junín.
Un pilar fundamental en su formación fue su entrenador en 9 de Julio, Gonzalo Ledezma. «Él fue el que me explicó un poco lo que es la vida del jugador profesional y las cosas que hay que sacrificar. Él dio ese paso conmigo y por eso lo tengo muy en cuenta», reconoce Joaquín, destacando la influencia de su mentor en la decisión de dedicarse por completo al deporte.
Al definir su estilo de juego, se describe como un jugador «correcto» que siempre prioriza el bienestar del equipo. «Depende el rol y lo que el equipo necesite, creo que me adapto a eso», afirma, evidenciando su madurez y su visión del juego colectivo.
Para Joaquín, lo más gratificante del básquet es lo que trasciende la cancha. «Los viajes, la gente que conocés, los momentos que pasás… creo que no te lo da otra cosa y es de las cosas más lindas que tiene el deporte», sostiene, resaltando el valor de las experiencias y los vínculos que se construyen.
Su vida actual es un delicado equilibrio entre el deporte, el estudio y la familia. Con una agenda de dobles turnos de entrenamiento y una alta carga de partidos, el tiempo es un bien escaso. «En la escuela trato de siempre estar al día y de hacer lo mayor posible, porque acá en casa no tengo mucho tiempo», explica. Vivir lejos de su familia fue un desafío, pero que lo pudo afrontar y adaptarse. «Al principio era complicado y uno extraña, pero ya después de un año y medio me recontra adapté», confiesa. Su hogar temporal es una casa del club que comparte con otros cuatro jugadores, lo que fortaleció su madurez y capacidad de adaptación.
Con la mira en el futuro, los sueños de Joaquín son ambiciosos pero claros. A corto plazo, busca seguir mejorando, mientras que a largo plazo anhela «hacer una gran carrera y poder vivir de esto que es lo que más me gusta».
Para aquellos que lo ven como un referente, Joaquín tiene un mensaje directo: «Que se esfuercen mucho y que, si tienen un sueño, que se lo propongan y hagan cosas para cumplirlo, porque tarde o temprano lo van a lograr y van a ver los resultados».
Finalmente, no olvida agradecer a quienes lo apoyan día a día en su vida deportiva. «Un saludo para toda la gente de Los Indios que siempre me apoyan y, en gran parte, gracias a ellos pude vivir esto de la selección», concluye, extendiendo su gratitud a sus amigos y familia.






