La pupila del ser humano mide aproximadamente 4 milímetros, no más que eso pero se dice en libros, películas y canciones que los ojos son las ventanas del alma.
Una vez alguien me dijo “viaja porque los recuerdos son lo único que te vas a llevar cuando los ojos se cierren por última vez”
Los Chalchaleros cantaban “yo vendo unos ojos negros ¿Quién me los quiere comprar?, si yo tuviese la posibilidad de comprar un par de ojos compraría los de Juan porque vieron cordilleras, mares, desiertos, kilómetros de rutas, personas, países y culturas.
Juan es Juan Méndez, juninense por adopción pero entrerriano de sangre pura y esta es la historia de su viaje contada por él por qué no hay mejor relato que el propio.
Juan:
Me presento mi nombre es Juan Méndez tengo 61 años soy motero de toda la vida. Mi primera moto me la compró mi viejo a mis 15 años era una Súper Paperino 75cc y ahí empezó mi gusto por las motos.
En esa época tuve muchas motos entre nacionales e importadas pero tuve una que fue uno de los más grandes dolores de cabeza, tuve una Gilera Hiro 250 que venía con motor 2T con caja de sexta que la vibración te aflojaba hasta los dientes.
Pero con la Gilera viajé de Junín a Paraná con 21 años a oficiar de padrino de confirmación de mi primo.
Tuve la suerte de tener una Kawasaki GPZ 400, una Honda CBR 1000 que en ese momento las sorteaba Circulo Elección en el año 1996 y la moto era modelo 93 pero 0km.
Hace unos años planifique un viaje con mi hijo para Chile pero al final mi hijo no pudo ir y cargue mi moto en tráiler hasta Malargüe (Mendoza), bajé la moto ahí y recorrí mas dos mil kilómetros por el país trasandino y como había salido por el paso Pehuenche volví por el Pichachén con mi Yamaha XTZ 250 y ahí fue que me enamoré de viajar sólo. Empecé a hacer varios viajes solo y como soy entrerriano hice varios viajes a la provincia.
La moto:
Antes de la pandemia adquirí una Honda Transalp 600 modelo 90.
No había mucho para hacerle pero los primeros en atenderla fueron Jhon y Vichina que me solucionó un problema con los discos de embriague.
El sueño del viaje:
Tenía el sueño de viajar a Ushuaia y se lo conté a mi vieja que si bien no estaba muy de acuerdo siempre me apoyó. La vida se llevó a mi mamá de mi lado y el proyecto y fabricación del tráiler estuvo en pausa por un tiempo.
El comienzo de aventura:
Retomé la fabricación del tráiler y después de probarlo con algunos viajes cortos nos pusimos de acuerdo con un primo de Ezeiza que quería emprender esta aventura conmigo.
Con Juancho (también se llama Juan) nos encontramos en Bolívar (Bs As) y la primer parada fue en Tornquist (Bs As) queda a unos 600kms de Capital Federal a la casa de un amigo de mi primo.
Después de pasar la noche ahí hicimos 800kms hasta Trelew (Chubut) adonde empieza la meseta patagónica y también los grandes vientos.
El viaje:
La idea original era ir acampando en cada parada pero en Trelew nos dimos cuenta que era mucha la pérdida de tiempo entre armar y desarmar el campamento así que decidimos acampar solamente cuando lleguemos al destino final.
Los contratiempos:
El trayecto entre Trelew y Comodoro Rivadavia nos hizo dar cuenta que el viento Patagónico era como nos contaban.
Entre Comodoro y Caleta se rompió una de las ruedas del tráiler. Lo que fue pérdida de tiempo importante porque si bien tenía repuesto, la reparación no fue rápida.
El viento cruzado, la lluvia, el sol, los vehículos que pasan cerca, animales que se cruzan, las subidas y bajadas son algunas de las cosas para las que uno está preparado, pero para lo que cualquier persona que viaja por nuestro país no está preparada es para el mal estado de las rutas del sur. Ver tantas rutas sin terminar indigna en lo más profundo del alma porque entendés que todas esas estrellas amarillas fueron causa de la desidia de unos pocos corruptos.
Por esta causa primero yo tuve una “casi” caída que me dejó montado en un bache de canto rodado pero Juancho (69) tuvo una caída que provocó una rotura en su CF Moto pero sin consecuencia para él que solucionamos con una linga para sostener uno de sus portaequipajes.
Más cerca del destino
Una vez en Caleta Olivia llegamos hasta “El Gorosito” (monumento al obrero petrolero diseñado por el artista José María Cifuentes y construido por el arquitecto Pablo Daniel Sánchez, el 13 de diciembre del año 1969) que es la referencia histórica de Caleta.
A la mañana siguiente emprendimos los difíciles 700 kms hasta Rio Gallegos adonde pasamos dos noches hospedados en una casa de una familia que nos alquiló dos habitaciones y la noche del 24 de diciembre nos adoptaron como unos miembros más de su comunidad y nos hicieron sentir parte de la familia.
El 25 lo pasamos en Rio Gallegos para el 26 cruzar a Chile adonde dejamos de esquivar baches para agarrar una ruta uniforme.
El cruce a Chile es obligado porque las balsas que te cruzan a Tierra del Fuego son chilenas porque no hay balsas argentinas.
El viaje en balsa es de unos 40 minutos que te depositan en tierra extranjera para después de unos 5 kms se vuelve a tierras gauchas dentro de Tierra del Fuego.
La llegada
Luego de unos 400 kms llegamos a nuestro destino, la maravillosa Ushuaia.
Ciudad hermosa de caminos de asfalto y piedra adonde pudimos asentar nuestro campamento que nos hizo de hogar durante 4 noches.
Ahí pudimos hacer turismo y conocer lugares emblemáticos que da gusto conocer.
Argentina es increíblemente hermosa y sin importar que sea el norte del país o el fin del mundo el paisaje muchas veces parece inverosímil.
La vuelta
El 31 de diciembre después de 10 días decidimos volver pero por la zona franca para descansar en Punta Arena (Chile) y volvimos a pasar por Rio Gallegos a buscar mi cojinillo de cuero de oveja que uso en el asiento porque como el cuero no estaba bien curtido corría el riesgo de no pasar la frontera.
Después de hacer noche en Comodoro Rivadavia hicimos unos 600 kms para poder descansar en Luis Piedra Buena (Santa Cruz).
Conocimos obligadamente Viedma porque erramos el camino a Tornquist y le regalamos al día 70 kms demás.
El final
Volvimos a descansar a Tornquist para al otro día volver a separarnos con el compañero de viaje en Bolivar.
Una vez en mi ciudad me espera mi casa, mis vecinos, mi trabajo y la rutina; pero cuando me bajé de la moto acaricié su tanque como quien acaricia un potro fiel y compañero para decirle en voz baja “descansa…. hasta la próxima aventura”.
Relato: Juan Méndez
Por: Alejandro Cesar.







