Por Redacción Grupo La Verdad
Sigue en agenda y en debate el hecho ocurrido en la Escuela Normal Mariano Moreno N°40 de la ciudad santafesina de San Cristóbal, donde un alumno entró armado y mató a un compañero e hirió a otros.
El adolescente, de 15 años, sacó una escopeta de su mochila en el patio interno donde iban a izar la bandera y comenzó a disparar. Producto del ataque, varios alumnos resultaron heridos y uno de ellos, de 13 años y que cursaba primer año, falleció.
“La situación fue controlada gracias a la intervención de un asistente escolar, que se abalanzó sobre el agresor y logró quitarle la escopeta”, señalaron. El agresor, de 15 años, fue detenido por la policía y trasladado a un centro de alojamiento de menores de Santa Fe.
Ante la gravedad de este hecho y el aumento de casos similares que involucran bullying y violencia escolar, el psicólogo Oscar Pereyra habló al respecto con Grupo La Verdad para ofrecer una mirada psicológica de la situación.
“Primero tenemos que definir la cuestión. Los españoles no dicen bullying, sino acoso entre pares o violencia entre niños. A veces disfrazamos cosas con palabras que no todos entendemos”, expresó.
El entrevistado dijo que este caso “se trata de una violencia física y mental-psicológica que está mantenida durante el tiempo por alguien que maneja un grupo frente a un igual. Se produce dentro de un ámbito, como el colegio, clubes, la calle, el barrio, a la salida de un boliche, etcétera”.
“Están involucrados el agresor, el agredido, la institución, las autoridades y quienes se hicieron los zonzos cuando esto pasaba. Porque no empezó ayer, fue algo que el chico manifestaba desde hacía un tiempo y nadie lo apoyó. Esto obliga a las autoridades a preocuparse y tomar una actitud activa frente al problema”, afirmó.
Y aseguró: “Estamos tan en el medio de una tormenta de lo que pasa, que nos olvidamos de lo que somos. Los chicos son el ejemplo de esta sociedad que evidentemente está enferma. Ponemos la basura bajo la alfombra y no vemos estas cosas”.
“Estamos preocupados en cómo va a ser juzgado el chico, si es un asesino y si tiene edad para darse cuenta de lo que hizo. ¿Pero no juzgamos todo lo de alrededor? Porque se va a repetir. No sé si la escuela tiene las herramientas, pero tiene que hacer algo. Si esperamos que las herramientas nos vengan desde arriba, no van a llegar. El tema pasa por quién lo va a prevenir y cómo lo va a prevenir”, señaló.
Pereyra comentó que “hay un incremento de la violencia que nos lleva a estas cosas. Y nos sorprendemos cuando la bomba nos explota en la mano como en este caso. Pero en menos de 12 horas después de este caso, hubo otros dos. No es algo que pasa a veces”.
“Creo que los docentes no están capacitados para eso, porque están dentro del lío. Hay cada vez más casos de docentes atacados. Entonces ellos están metidos dentro del bullying y forman parte: o les toca, o lo dejan pasar”, dijo el psicólogo.
Y concluyó: “Hay un vacío de poder, alguien lo ocupa, y quizás no es el más capacitado o comprometido. El resultado es este, desgraciadamente. Y lo más grave es que esto trae epidemia: alguien que está en una situación similar lo ve y puede tomar el mismo camino pensando en que va a ser reconocido, aunque sea por un error”.
Larocca: “La violencia que acontece en una escuela, no se construye en la escuela”
Por su parte, Marisa Larocca, inspectora de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social, habló con Grupo La Verdad para compartir su punto de vista sobre el tema. Contó cómo proceder ante un caso como este y con qué herramientas cuentan para hacerlo.
“A diferencia del resto de las provincias, Buenos Aires tiene dispositivos diferentes. El sistema educativo bonaerense está formado por niveles y tiene modalidades que trabajan transversalmente con ellos. En la modalidad de psicología en particular, tenemos en cada escuela estructuras territoriales con los equipos de orientación escolar. También tenemos equipos distritales que se ocupan de las situaciones más complejas. Y a su vez, tenemos instituciones propias, que son complementarias y alojan a los estudiantes a contraturno de la escuela”, señaló.
“También tenemos programas educativos en las escuelas sobre la atención del padecimiento subjetivo, de la vulnerabilidad y de situaciones de conflicto. Uno de ellos, hace hincapié en diferentes componentes: Primero, trabajo con los preceptores, que reciben a los estudiantes y a sus padres. Es una figura que funciona como primera mirada de alerta de prevención, porque son quinees detectan situaciones que se salen de lo que esperamos. También destaca la articulación interministerial, llevando adelante talleres donde los chicos pueden contar situaciones que los preocupan o los hacen padecer. Allí encontramos autolesiones, problemáticas de género, de salud mental, de consumo, etcétera. Hay psicólogos que hacen talleres específicos sobre casos individuales. Y un tercer componente que controla los contenidos escolares y los consumos problemáticos de los estudiantes, que pueden ser violencia, drogas, redes sociales o apuestas online, que alteran sus vidas”, indicó.
Y agregó: “Tiene que haber una mirada pedagógica y una política de cuidado. Hay que hacernos preguntas y tomar al conflicto como una oportunidad para ver qué les está pasando. Es en la escuela donde se anuncian y denuncian estos problemas. Por eso trabajamos en tener a los estudiantes dentro de la escuela”.
La entrevistada dijo que “la violencia que acontece en una escuela, no se construye en la escuela, sino en lo social. La escuela es un lugar que brinda la oportunidad de saber lo que le pasa a nuestros chicos. A partir de situaciones de convivencia con otros chicos, surgen estas situaciones que nos permite saber qué les está pasando. Es una situación social. Pero lo que les pasa, ya sea dentro o fuera de la escuela, es de competencia de la escuela, por lo tanto nos tenemos que ocupar”.
“Si un chico va armado a la escuela, lo primero que pensamos es en qué otro lugar está desarmado, de donde está desalojado para llegar a un arma. Las condiciones de nuestros jóvenes son de incertidumbre, de violencia, de discursos de odio y de algoritmos. Pero dentro de las escuelas bonaerenses, son muchas más las situaciones que se anticipan y prevén, que las que acontecen e irrumpen”, comentó Larocca.
Respecto a los casos en los que los jóvenes suben videos de agresiones a redes sociales, manifestó: “Este mundo de las redes, donde ellos se expresan, muestra que hay otros espacios que no están siendo ofrecidos. Por eso suceden estas cosas. En otros tiempos, los clubes y lugares de expresión social cobraban otro sentido; había expresiones de arte y deportes con mayor equipamiento, inversión y prestancia de adultos allí. Hoy, están más inmersos en lugares donde los perdemos de vista. Los adultos que tenemos que mirarlos tenemos ese compromiso, pero muchas veces es delegado a la escuela, y no porque la familia no esté presente».






