Por Andrés Lavaselli
Axel Kicillof enfrenta por estas horas la primera de una serie de decisiones que definirán, a lo largo de este año, la suerte de su proyecto de poder nacional para 2027. La cuestión es la siguiente: ¿debe rechazar o debe aceptar la idea de transformarse en el nuevo presidente del Partido Justicialista bonaerense, que en una hábil maniobra política lanzó Máximo Kirchner, su más enconado rival interno? La resolución del dilema es seguida con interés por todo el universo peronista, pendiente del modo en que el Gobernador gestiona la tensión con el cristinismo.
El modo en que surgió la propuesta del líder de La Campora es propio de una relación política rota: sin dialogo con Kicillof hace varios meses, ni siquiera la anticipó a través de los contactos que, de manera indirecta, mantienen vía Federico Otermín. En la trastienda (o la antesala) tuvo un rol Cristina Fernández de Kirchner: bajó la indicación de “tratar de acordar” con el kicillofismo, para evitar la elección prevista para el 15 de marzo, que ambos bandos preferirían evitar. Lo que no está claro es si fue ella la que señaló al gobernador como prenda de unidad o eso corrió por cuenta de su hijo.
Aunque la primera reacción del Movimiento Derecho al Futuro fue relativizar como una “operación mediática” la movida de Máximo, con el correr de las horas se asentó allí la convicción de que sus efectos políticos existen. Por eso, los coroneles del gobernador ya la están analizando. Hay dos miradas: aceptar es un triunfo porque el gobernador se queda con un sillón de poder que hasta ahora era de La Cámpora o es una muestra de debilidad porque deja a Máximo como artífice de la unidad. ¿Kicillof debe dar el sí y cambiar de tema rápido para enfocarse en su crecimiento nacional aunque eso implique un poco aceptar un abrazo de oso camporista o debe rechazar y jugar la interna hasta el final para potenciar la autonomización que ensaya desde hace un año?
Hay, cerca del gobernador, dirigentes que creen que debe optar por el camino del acuerdo y, otros, que le aconsejan la interna. Un histórico del peronismo, Gildo Insfrán, se enrolaría dentro de estos últimos. Cuentan que en la visita que le hizo Kicillof a fin de año, el experimentado mandamás formoseño le recomendó profundizar la distancia relativa con el kirchnerismo si quiere que se proyecto nacional tome vuelo. Y, especialmente, si pretende que en el peronismo lo tomen en serio.
Como todo en política, el episodio implica una guerra de narrativas. En La Cámpora lo venden a Máximo como estratega que “deja de lado las cuestiones personales” en pos de un objetivo político superior. Una manera de enfatizar no solo cierto desprendimiento, sino que es el cerebro que define el tablero. En el MDF replican: lo que cambió es la relación de fuerzas y el cristinismo optó por intentar el acuerdo para evitar lo que de otro modo hubiese sido una derrota en las urnas. Más que generosidad, lo describen como un gesto que se explica por una debilidad.
La respuesta (explícita o implícita) a esos dilemas será en parte colectiva. Kicillof abrirá una ronda de consultas con intendentes, dirigentes sindicales y referentes territoriales de su espacio del resto el peeronismo antes de definir. Es parte de una metodología para la toma de decisiones políticas trascendentes, pero también tiene que ver con generar un de “clamor” que respalde un eventual sí mucho más allá de la voluntad del líder de La Cámpora, cuya opinión describen como “respetable” pero la de un compañero más que ya no preside el partido. Algunos intendentes que ya le habían sugerido a Kicillof que encabece él una lista de unidad, posiblemente ahora hagan pública esa posición.
El resto de las opciones para encabezar listas siguen activas: Verónica Magario, que para el DMF sigue siendo la candidata oficial; el propio Máximo Kirchner -una ministra del gobernador, Florencia Saintout, lo lanzó horas antes de que él lanzara a Kicillof-; la intendenta de Moreno, Mariel Fernández y hasta Julio Alak, alcalde de La Plata figuran en la lista. Pero todos con objeciones: los dos primeros porque son parte de los vetos cruzados que hasta ahora empantanaron todo; a Fernández en el MDF la ven como un alfil de La Campora. Alak, que fungía como opción de unidad, enfrentó en las últimas horas objeciones basadas en el hecho de que podría usar en partido para ir por la gobernación, algo que no cabe para Kicillof ni Magario, que no tienen reelección. La decisión es perentoria: el plazo de cierre de listas expira exactamente en una semana.






