El papa Francisco murió esta mañana a las 7:35 horas de Roma, según informó el Vaticano. Su última aparición pública había sido tan solo poco tiempo antes, cuando participó de la misa de Pascuas desde el balcón de la basílica de San Pedro.
En silla de ruedas y sin las cánulas nasales para el oxígeno, Jorge Bergoglio realizó la tradicional bendición “Urbi et Orbi”, donde hizo un contundente llamamiento por la libertad religiosa como condición indispensable para la paz en el mundo.
“No puede haber paz sin libertad de religión, libertad de pensamiento, libertad de expresión y respeto por las opiniones de los demás”, afirmó el sumo pontífice. La declaración fue realizada ante unos 35.000 fieles congregados en la plaza.
En ese sentido, hizo “un llamamiento a cuantos tienen responsabilidades políticas a no ceder a la lógica del miedo que aísla, sino a usar los recursos disponibles para ayudar a los necesitados, combatir el hambre y promover iniciativas que impulsen el desarrollo”.
“Estas son las ‘armas’ de la paz: las que construyen el futuro, en lugar de sembrar muerte”, subrayó.
En su mensaje pascual, llamamiento a todas las partes involucradas en el conflicto de Gaza. “Que cese el fuego, que se liberen los rehenes y se preste ayuda a la gente que tiene hambre y que aspira a un futuro de paz”, pidió el pontífice.
Francisco pasó 38 días hospitalizado por una neumonía bilateral. Había recibido el alta el 23 de marzo, por lo que se mantuvo ausente en la mayoría de las celebraciones por la Semana Santa.
Por esto mismo, la misa del Domingo de Resurrección fue oficiada previamente por el cardenal Angelo Comastri. Por su parte, el Papa se limitó a desear una: “Buena Pascua” para todos los fieles.
De igual forma, su estado de salud no le impidió participar de todas las celebraciones. Días antes, Bergoglio visitó la cárcel de Regina Coeli, tradición que adoptó desde 2013 para las ceremonias del Jueves Santo, cuando se conmemora la Última Cena. Solía lavar los pies de los presos, como Jesús lo hizo con sus discípulos. Además, visitaba también centros de refugiados de Roma.
Al ser consultado sobre cómo transitaba la Semana Santa, el pontífice, con un hilo de voz, contestó: “Lo vivo cómo puedo”, desde la ventanilla del coche a su salida de la prisión.
Además confesó un pensamiento que le asalta siempre que visita un lugar así: “Cada vez que entro en un lugar como este me pregunto por qué ellos y no yo”, reflexionó ante los micrófonos. Fiel a su estilo, incluso en su estado, logró hacer reír a los reporteros. Cuando la prensa local, le preguntó: “¿Cómo está?“. ”Estoy sentado“, lanzó sonriendo.
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