De forma ininterrumpida en la actividad privada desde 1988, y gracias a las oportunidades capitalizadas y la confianza en mí depositada por clientes individuos sociedades y empresas, he podido desarrollar proyectos y obras de diversos destinos: Instituciones privadas; Sociedades Agropecuarias; Industrias; Clínicas Médicas de mediana y Alta Complejidad; Policonsultorios; Centros de Diagnóstico y Tratamiento; Comercios; Restaurantes; Edificios de Propiedad Horizontal para vivienda colectiva y numerosas viviendas particulares, teniendo a mi cargo en todos los casos, la autoría del Proyecto y la responsabilidad en la Dirección de las Obras.
Al repasar mi recorrido profesional, el permanente recuerdo de mi padre me sigue guiando en la forma de proceder y la ética profesional que supo legarme, que atesoro y mantengo en alto.
Encarar un nuevo Proyecto es para mí igual de estimulante que en mis primeros años de ejercicio. Así hoy pienso que el Proyecto en curso por estos días será el desafío y la oportunidad de dar lo máximo. La detenida observación del contexto y sus particularidades, la atenta escucha a quienes serán sus destinatarios, constituye el campo fértil para lograr una respuesta comprometida y sensible sin soslayar una siempre presente vocación de urbanidad y aporte a la ciudad.
El arquitecto es el que debe anticiparse y dilucidar cuales son las respuestas a las que deberá recurrir. Pero no hay una única verdad en su quehacer, sino que la singularidad de cada Proyecto lo convierte en único. El proceso Proyectual nos exige indagar en saberes y conocimientos de diversas disciplinas.
En la actualidad nos enfrentamos a una complejidad de factores que condicionan notablemente la realidad de quienes necesitan acceder a una vivienda, por ejemplo, Si bien la economía se encuentra medianamente estabilizada, aún quedan muchos aspectos que conspiran para que la industria de la construcción y las acciones que apuesten a su reactivación florezcan. La actividad privada se encuentra mayormente dinamizada por Obras destinadas a inversores, y no tanto a sus usuarios directos. Muchas veces las familias que requieren metros cuadrados nuevos o a remodelar, no cuentan con suficientes herramientas financieras acordes a los flujos de inversiones que deben afrontar. Es necesaria la aparición del crédito hipotecario para canalizar estas demandas y apalancarlas en su estancamiento. Esto nos exige a los arquitectos adaptar muchas veces los proyectos a las posibilidades de cada caso.
El arquitecto es un gran organizador, y a la luz de su creatividad y alcances de su “expertise”, pericia e incumbencias, sus intervenciones devienen estratégicas. Su labor puede inferirse también como administrador de recursos, producto de su capacidad de planificar, pero también de acompañar todo el proceso que finaliza en la materialización de la obra y la satisfacción de sus destinatarios. Existen alternativas que permiten ordenar las expectativas, y alcanzar los objetivos en orden prioritario y paulatino, tales como la construcción en etapas, la re utilización de estructuras existentes, o la construcción modular por dar ejemplos, que pueden redundar en una materialización asequible de los espacios conforme al ritmo de las inversiones que los usuarios dispongan para hacer sostenible el proceso.
Es muy frecuentemente declamada la condición de “sustentabilidad” de un Proyecto, por la que debemos interpretar la creciente conciencia en la utilización de energías limpias, o llamadas renovables, en línea con la necesidad de ir sustituyendo los combustibles fósiles, o en el uso racional del agua, al ser entendido como un recurso finito. Sin embargo muchas veces sólo se alude a ella como un simple argumento de venta en afinidad a tendencias actuales.
“La buena arquitectura siempre lleva implícito la sustentabilidad”. Eduardo Souto de Moura
De la frase del gran arquitecto portugués se desprende que toda decisión de proyecto comprende una razón constructiva y una interpelación ética y estética.
Sin embargo cuando se producen crecimientos urbanos no planificados que agreden cauces naturales, o cuando se hace tabula rasa con edificaciones cuya vida útil no ha finalizado, despreciando su valor arquitectónico, patrimonial, histórico y cultural se cometen graves daños al acervo sensible y tangible que tantos años y esfuerzo ha costado.
Por todo esto es necesario comprender que la profesión de arquitecto involucra una dimensión humanista que proviene de su formación académica desde el Renacimiento. Significa situar al ser humano en una centralidad que integra valores éticos, sociales y culturales junto con la técnica, en línea con una conciencia que relaciona tradición y modernidad.
Sus intervenciones persiguen como principales objetivos, la calidad de vida y el bienestar comunitario, y sus herramientas al servicio del hombre, en tanto sujeto social como medida y referencia, se traducen en proporción, escala y armonía vinculadas a la experiencia humana.
Arquitecto Horacio Marchetti
Matrícula Profesional 8387
E Mail: Honema1712@gmail.com
@Estudio MarchettI_






