Por Redacción Grupo La Verdad
Recientemente, la Federación Argentina de Cámaras de Farmacias (FACAF) lanzó una campaña de concientización y orientación en contra de la venta de medicamentos fuera de las farmacias; un hábito que se presenta continuamente.
La iniciativa busca dar a conocer los riesgos que supone comprar fármacos en comercios como kioscos o supermercados, sin asesoramiento o criterio profesional. La entidad cuenta con más de cinco mil farmacias adheridas en todo el país.
De hecho, a principios de este año, la Justicia había ordenado suspender la comercialización de analgésicos y antiácidos fuera del ámbito farmacéutico por los peligros sanitarios que conlleva. El DNU 70/2023 habilitaba esta situación. Sin embargo, es algo que sigue pasando y resulta común en la sociedad.
A nivel local, el farmacéutico Malek Mechedze apoyó la campaña de FACAF y alertó a los vecinos por este fenómeno. En dialogo con Grupo La Verdad, dijo que “no tengo estadísticas, pero esto tiene más que ver con un tema de seguridad, eficacia y cumplimiento de tratamientos. Yo lo veo como que se está perdiendo seguridad. Y no lo digo como algo caprichoso”.
“Cuando hablamos de seguridad y eficacia de los medicamentos, es que el paciente pueda evacuar absolutamente todas sus dudas sobre el principio activo. Eso ya no pasaría cuando van a comprarlos a un kiosco o a un taller mecánico”, expresó acerca del expendio en manos de no profesionales habilitados.
El entrevistado contó un ejemplo que vivió en primera persona: “Un paciente había ido a un dentista que le había recetado un antibiótico y ketorolac. Y el paciente lo siguió tomando durante tres semanas cada ocho horas. Cuando vino a la farmacia a buscar omeprazol por dolor de panza, le pregunté por sus síntomas y me contó lo del ketorolac. Me canso de ver estos casos de filtración”.
“Quizás a cualquier persona que vende medicamentos en un kiosco no le suena raro un caso así, porque no tiene el oído entrenado, y le sigue vendiendo. Pero para mí es un gran llamado de atención; dos más dos es cuatro. Hay una gran diferencia entre adquirirlo en una farmacia o en otro lado”, agregó.
“Además, es nuestra función. En la facultad no nos entrenan para sustituir al médico, sino justamente para ser el filtro entre él y el paciente. Asesoramos al cliente. Por ejemplo, si algo nos llama la atención lo detectamos y lo derivamos al doctor, o al revés, advertimos que quizás el médico no quiso decir eso y entendió mal. Y siempre termina siendo así”, sostuvo.
También señaló que “hay casos de gente que en una época tomaba algo y piensa que ahora es lo mismo, cuando seguramente cambió. Sin consultar va y compra. Y el vendedor ni pregunta, ni le parece raro, ni asesora. Me dijo un amigo, me lo recomendaron… Si van a la farmacia pueden evitar estos riesgos, pero en cualquier comercio tal vez no”.
Los medicamentos de venta libre, los mayores exponentes de la situación
Mechedze indicó que este panorama se da en mayor medida con fármacos de venta libre. “La automedicación del paciente a veces es correcta, por ejemplo un antigripal si tenés gripe es una buena deducción. El tema es cuando creen tener gripe y no lo es. Ahí está el punto. Y en una estación de servicios que vende medicamentos no se van a dar cuenta”, comentó.
“Si se quisiera hacer negocio, lo venderíamos igual. Pero desde el lado de la salud y la ética, tenemos que aplicar el conocimiento para que no pase. El farmacéutico debe poner el filtro. Con los medicamentos no se aplica la teoría de mientras más venda, mejor. En otros lugares sí”, manifestó.
Y concluyó: “Los consumidores arriesgan su salud. Los vendedores no saben la dosis máxima o mínima de esos medicamentos, el rango de toxicidad, su mecanismo de acción, efectos adversos, la fisiopatología de lo que les pasa, etcétera”.
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