Alejandra Brandone fue la gran ganadora de la terna Triatlón-Duatlón en la Fiesta del Deporte 2025. Con una historia de vida atípica, que comenzó en los tableros de ajedrez y hoy se mide en kilómetros de nado, pedal y pedestrismo, Alejandra se consagra como una referente de la madurez deportiva. Un recorrido profundo por su preparación para el Medio Iron Man, la superación de la pandemia y el sueño de un mundial.
En los festejos de cierre de año del deporte local, pocas historias poseen la carga simbólica que ostenta Alejandra Brandone. En la reciente Fiesta del Deporte realizada en el Complejo Municipal General San Martín, el Círculo de Periodistas Deportivos no solo premió a una atleta veloz, sino a una voluntad inquebrantable. Alejandra se llevó el galardón en la terna de Triatlón-Duatlón, un reconocimiento que llega en el momento de mayor plenitud de su carrera amateur. Sin embargo, su camino no comenzó en una pista de atletismo ni en una pileta de natación, sino en el silencio absoluto de los torneos de ajedrez.
A sus 40 años, Brandone es el testimonio viviente de que el cuerpo es un territorio que puede ser conquistado a cualquier edad. De no haber realizado actividad física de impacto durante gran parte de su vida a prepararse para la brutalidad de un Iron Man, su metamorfosis es hoy el orgullo del deporte juninense.
La infancia de Alejandra estuvo marcada por la estrategia y la quietud. Lejos del bullicio de los deportes colectivos e individuales de desarrollo físico, Alejandra forjó su disciplina en la quietud del ajedrez, analizando tácticas y finales desde muy temprana edad. Esta base intelectual, lejos de ser un impedimento, terminó siendo su ventaja competitiva años después.

«Yo tengo 40 años ahora y de chiquita hacía un deporte que no era físico: hacía ajedrez. Toda mi infancia hice ajedrez, así que nunca hice nada físico. Solamente de grande iba al gimnasio y un día, con 34 o 35 años, una amiga me dice: ‘Vamos a patinar’. No sabía patinar, pero empezamos las clases con Martín Pratti y me terminé enganchando», relata Alejandra, reconstruyendo el origen de su despertar físico.
Ese primer contacto con el movimiento despertó una necesidad de kilómetros. Lo que comenzó como un hobby social se transformó en una disciplina que la llevó a correr maratones de 42 km en patines. Fue en ese entorno donde descubrió el multideporte, una disciplina que al principio le resultaba incomprensible: «Vi a alguien haciendo duatlón y dije ‘¿qué hace esa gente que corre y anda en bici?’. Yo no entendía como hacían tantas cosas al mismo tiempo».
El triatlón es, quizás, la disciplina más exigente para quien llega de «afuera». El desafío técnico de la natación suele ser la barrera de entrada para muchos, pero no para Alejandra. Sin saber nadar un solo largo de pileta, decidió que quería ser triatleta.
«No sabía nadar, nunca había nadado en mi vida. Enganché con un profesor, Dani Carpi, y él me dijo: ‘No, vos tenés que hacer triatlón’. Me anoté a una pileta y arranqué. Aprendí las tres disciplinas que nunca las había hecho».
Ese proceso de aprendizaje ocurrió en la víspera de uno de los momentos más difíciles para la humanidad: la pandemia de 2020. Tras un debut prometedor en Azul en enero de ese año, el mundo se detuvo. Sin embargo, la mentalidad de ajedrecista de Alejandra ya estaba calculando su siguiente movimiento: «Estuvimos como un año parados porque no había competencia, no se podía entrenar. Pero no me desmotivó y cuando se pudo volver, retomé con todo».
Para el deportista amateur de alto rendimiento, la vida es un equilibrio constante entre el reloj laboral y el cronómetro de entrenamiento. Alejandra, quien se define orgullosamente como amateur, describe el peso del esfuerzo diario que la llevó a ganar su terna este 2025.
«Es un orgullo recibir el reconocimiento. Para los deportistas amateurs, que alguien te reconozca y te mire es como un empujoncito para seguir. Es el premio al esfuerzo invisible que uno hace todos los días. Nosotros entrenamos mucho, yo a veces hago hasta triple turno. Lo voy mechando como puedo con mi trabajo».
A pesar de la fatiga, Alejandra encuentra en el triatlón una terapia contra el aburrimiento: «A mí lo que me gusta del multideporte es que nunca te aburrís. Si no estás nadando, estás corriendo o en la bici. Si un día te lesionás de algo, tenés las otras actividades. Además, trato de ir al gimnasio porque la fuerza es vital para fortalecer y no lesionarte. Nosotros tenemos mucho desgaste físico».

El 2025 fue un año de hitos para Alejandra. Su calendario estuvo marcado por dos pruebas que definieron su temple. La primera fue la distancia Half (Medio Iron Man) en San Juan: 1.900 metros de nado, 90 km de ciclismo y 21 km de carrera.
«En San Juan me fue muy bien y encima me pasó que llegué y me gripé. Estaba engripada, pero ya tenía todo planificado y fui igual. Pese a eso, me quedé recontenta con lo que salió».
La segunda prueba fue el legendario Hombre de Piedra, un duatlón que pone a prueba la salud mental de cualquier atleta: «Dicen que es el más duro de Argentina porque tiene mucha altimetría tanto en la bici como en la carrera. Le tenés que poner mucha cabeza. Tenés que regular todo para que te quede nafta para la última parte».
Pero más allá de los podios en multideporte, Alejandra descubrió que se había convertido en una corredora de elite por derecho propio: «Hice tiempos muy buenos en los 21 km de running puro, carreras que hice para mejorar mi rendimiento en el triatlón. Me quedé con el corazón muy contento por esos tiempos».
Una de las reflexiones más profundas de Alejandra tiene que ver con la evolución de su conciencia como atleta. No se trata solo de tener más fuerza, sino de saber quién es ella dentro de la competencia.
«Siento que este año particularmente maduré como deportista. Ya después de 4 años completos de entrenar esto, uno tiene otra base física y de cabeza se puede tomar todo para un disfrute. Las competencias las tomo también para viajar y conocer. El entrenamiento de la cabeza es fundamental: salgo a andar sola 3 o 4 horas en bici y eso te prepara, porque en la carrera después estamos solos».
Este hábito se volvió esencial para su vida diaria: «Hoy no sé si podría levantarme y no hacer nada de deporte en el día. Es una premiación al hábito. Trato de inspirar a otros porque yo empecé de grande. Todo se puede, yo empecé a los 35 sin haber hecho nada de chiquita».
Con el premio del Círculo de Periodistas en sus manos, Alejandra ya proyecta un 2026 de mayor ambición. El objetivo inicial es bajar sus marcas personales, pero en el horizonte asoma la «marca Iron Man» y la posibilidad de representar a Junín en el exterior.
«Este año pude haber ido al mundial pero no agarré la plaza. No estaba en mis planes, no pensé que me iba a ir tan bien. El día de la carrera me llegó la posibilidad y se la cedí a otra persona. Pero tal vez en un futuro piense en la distancia completa y en ir al mundial si la clasificación me lo permite».
Representar al país en una cita mundialista sería el cierre de un círculo que comenzó en un tablero de ajedrez y terminó en la realización del multideporte. «Nunca me hubiese imaginado estar hablando de un mundial. Me encanta desafiarme porque esa motivación me mantiene viva».

Alejandra no olvida a quienes sostienen su estructura diaria. El triatlón es un deporte individual que se entrena en equipo.
«Agradezco a mi familia, que me apoya y me entiende cuando no estoy en un cumpleaños por una competencia. Al principio se asustaban por las distancias, hoy ya me preguntan qué voy a hacer. A mis amigas y a los profesores que te sostienen física y mentalmente».
Finalmente, celebra el crecimiento de la disciplina en la ciudad: «Post pandemia me había quedado casi sola como mujer compitiendo. Este año empezó a volver mucha gente y eso me pone recontenta. El triatlón en Junín va a crecer, ya no somos solo los tres de siempre».
Alejandra Brandone deja en claro que su mayor trofeo no es el que brilla en la vitrina, sino el hábito de superarse cada mañana. Junín tiene en ella a una campeona que enseña que el cronómetro más importante no es el que marca la edad, sino el que mide las ganas de seguir desafiando lo imposible.






