En una charla íntima, Jeremías Sandrini el base del equipo juninense analiza las claves de una gira que puede marcar un antes y un después en la temporada. De la frustración de las derrotas a la euforia de dos triunfos vitales de visitante, Sandrini repasa el valor del grupo, la presión del conductor y el desafío de convertir «El Fortín de las Morochas» en una fortaleza inexpugnable.
La Liga Nacional de Básquet no da tregua, y para Argentino de Junín, la presente temporada se había convertido en un laberinto de dudas y resultados adversos. Sin embargo, el deporte siempre ofrece revancha. Tras una serie de caídas que golpearon el ánimo de la institución, el equipo logró lo que pocos esperaban: traerse dos victorias de oro en su última gira por Mar del Plata y Buenos Aires. En el centro de esta resurrección se encuentra Jeremías Sandrini, el director de orquesta dentro de la cancha, quien con sinceridad y autocrítica analiza el presente de un equipo que volvió a creer en sí mismo.
Para entender el valor de los triunfos ante Peñarol y Platense, hay que recordar el fango del que venía saliendo el equipo. Las derrotas consecutivas no solo pesaban en la tabla, sino en la energía diaria de los jugadores. Jeremías Sandrini no oculta que el panorama era sombrío: «Veníamos con muchas derrotas, el equipo no se sentía bien. Yo creo que no nos podíamos encontrar, no podíamos tener una buena energía en conjunto dentro de la cancha», confiesa el base, marcando un diagnóstico claro sobre la falta de cohesión que sufría el plantel.
Pero en el básquet, como en la vida, el primer paso para solucionar un problema es reconocerlo. Antes de subirse al micro para la gira, el plantel decidió detenerse y mirarse a la cara. «Anterior a este viaje, tuvimos una charla de equipo. Yo creo que eso fue muy positivo, cosas que teníamos que cambiar cada uno en pos del equipo», revela Sandrini. Esa reunión a puertas cerradas fue el catalizador. No se trataba solo de ajustes tácticos, sino de una entrega individual sacrificada por el bien común. El resultado está a la vista: «Bienvenido sea a estos dos triunfos. Estoy muy contento, todos muy alegres por el equipo por haber obtenido esto que yo creo que lo merecíamos también después de haber comido tantas derrotas».
Uno de los grandes méritos de estos triunfos es que se consiguieron en la ruta, un terreno históricamente hostil en la Liga Nacional. Argentino logró consolidar una forma de jugar que parecía esquiva. Al ser consultado sobre si finalmente encontraron la identidad deseada, Sandrini es optimista: «Por esta gira se encontró una linda identidad. Empezamos a tener buena conexión entre nosotros, que antes era lo que nos faltaba».
Esa conexión se vuelve vital cuando se analiza la composición del plantel. Argentino compite con una desventaja numérica y jerárquica en cuanto a rotación, algo que Sandrini define como «la ficha menos». Para compensar ese vacío, la receta fue el esfuerzo extra. «Nosotros que por ahí tenemos una ficha menos, tenemos que dar un plus cada uno, que fue lo que pasó en esta gira. Dimos un plus en defensa y en ataque y pudimos llevar bien los dos partidos que en esta liga es muy difícil ganar de visitante». Este concepto del «plus» es lo que hoy define al «Turco»: un equipo que suple sus carencias con una intensidad física y mental que asfixia al rival.
Ser el base titular de un equipo que pierde no es una tarea sencilla. La pelota pasa por sus manos en cada posesión y la responsabilidad de la derrota suele sentirse doble. Jeremías abre su corazón sobre cómo vivió este proceso en lo personal: «No me venía sintiendo tan bien porque al obtener resultados negativos yo me sentía un poco con la presión y la frustración de no poder controlar el equipo».
Esa frustración es el fantasma de cualquier conductor. Sin embargo, la gira no solo cambió el destino del equipo, sino también su propia confianza. «En esta gira cambió todo, dio un giro cien por ciento y fue todo distinto. Pude manejar el equipo dentro de la cancha, yo creo que mis compañeros se sintieron bastante cómodos, yo me sentí muy cómodo». La estadística respalda su sensación: «Pude obtener goles en mis manos en los dos partidos. Por el momento las energías están para arriba y espero que sigan así hasta el domingo».
Jere reflexiona sobre cómo evitar que la mente colapse cuando los triunfos se hacen esperar. Para él, el trabajo diario es la única medicina, aunque a veces el alivio no sea inmediato. «Es una presión constante; trabajás toda la semana buscando un resultado positivo y, cuando te chocás con la negativa, la cabeza te empieza a dar mil vueltas», confiesa sobre el peso de la frustración.
La clave para salir del bucle negativo fue, según el base, entender que no existen los salvadores solitarios. En una liga tan física y táctica, el heroísmo individual es un espejismo. «Como siempre digo, esto lo vamos a salvar en equipo, individualmente no lo va a salvar nadie. Siempre el trabajo va a tener que ser en equipo para poder llegar a esos resultados positivos». Esa filosofía de «todos para uno» es la que hoy intentan trasladar a cada entrenamiento en Junín.
El calendario marca que el próximo domingo, Argentino vuelve a casa. El rival será Racing de Chivilcoy, y el objetivo es claro: consolidar lo hecho fuera de casa. Irónicamente, al equipo le costó más ganar ante su gente que de visitante. «Tenemos que empezar a ganar de local porque yo creo que de visitante lo hemos hecho bastante bien por el momento y de local solamente obtuvimos una sola victoria», analiza Jere con preocupación pero con determinación.
El base sabe que el apoyo de la hinchada de Argentino es un arma de doble filo si no se sabe gestionar, pero prefiere verlo como una ventaja competitiva. «Hay que ponerse todo a su favor: el aliento de la gente, nosotros hacernos más fuertes en nuestra localidad. Argentino de Junín es una de las canchas más complicadas de ir a jugar de visitante para cualquiera. Nosotros tenemos que hacer sentir eso al rival, que la presión pase a ser de ellos y no de nosotros».
No todo es color de rosa para el plantel de Adrián Capelli. El equipo llega al duelo del domingo con bajas sensibles que pondrán a prueba la profundidad del banco y la resistencia física de los titulares. «Tenemos ahora por lo menos dos noticias negativas, que son la lesión de Jeremías Frontera y Fernando Podestá, que también está fuera. Son dos piezas muy clave para nosotros», lamenta Jeremías. La esperanza está puesta en la recuperación de último momento: «Esperemos poder recuperarlos para el domingo y que estemos todos los jugadores activos para poder hacer un buen juego».
La semana de entrenamientos tras los triunfos tuvo un clima distinto, pero Sandrini advierte sobre el peligro de la relajación. «Los días cambian cuando conseguís resultados positivos, la energía cambia. Pero no hay que relajarse, hay que seguir trabajando. Hay que llegar bien físicamente y muy bien mentalmente». El partido del domingo no es uno más; es la antesala de un descanso que el equipo necesita para resetear máquinas. «Es ponerle todo estos días de entrenamiento, preparar el partido y llegar en óptimas condiciones».
Jeremías Sandrini cierra la charla con una visión optimista. El equipo que terminó jugando «un partidazo» contra Platense es el que quiere ver el domingo en Junín. Con la humildad de quien sabe lo que es sufrir la derrota y la ambición de quien probó el sabor del triunfo, el base lidera la ilusión de todo un barrio. El domingo, cuando la naranja ruede en el parqué del Fortín, Argentino buscará demostrar que lo de la gira no fue casualidad, sino el nacimiento de una nueva identidad. Como dice Sandrini: «Las expectativas cambian y yo lo veo muy bien al equipo». La mesa está servida para que Junín vuelva a ser una fiesta.






