Entonces, ¿quién la mató? Esa pregunta sobrevuela el expediente que, bajo el rótulo «autores ignorados», se cubre de polvo en el archivo de Tribunales, el destino que tuvo la investigación frustrada por el asesinato de la estudiante de arte María Fernanda Repetto.
Después de 11 años la instrucción se detuvo en un punto muerto y nunca más avanzó. Los investigadores entendieron que ya no había más elementos para continuar con la pesquisa del crimen ocurrido el 26 de septiembre de 1999 en el barrio Villa Talleres.
María Fernanda Repetto era estudiante de la Escuela de Arte. Su cuerpo fue hallado por la policía un lluvioso sábado a la tarde en una vivienda de la calle Jean Jaures 558.
Desde entonces una sombra de misterio se apoderó de un caso que parece haberse convertido en un crimen perfecto.
De acuerdo con los resultados de la autopsia, la joven, de 24 años, fue estrangulada. Las pericias demostraron que el día del hecho le abrió la puerta de su casa a una persona que conocía sin imaginar que se convertiría en su asesino. En el lugar no había elocuentes signos de violencia, evidencia que le permitió concluir a los detectives que el homicida era del entorno de Repetto.
El cadáver estaba boca abajo sobre la cama, con los pies y las manos atadas. Según los estudios forenses, la joven recibió un golpe en la mandíbula que la desvaneció. Y mientras estaba sin conocimiento fue estrangulada con cables de un radiograbador y un velador que habían sido anudados entre sí, luego de cortarlos con una pinza, herramienta que nunca apareció.
Si bien el interior de la vivienda no había desorden, se constató el robo de una suma de dinero nunca precisada que la víctima había cobrado por su trabajo como «levantadora» de quiniela.
Reconstrucción
Los pesquisas, por entonces dirigidos por el fiscal en lo Criminal Roberto Luis Rodríguez, reconstruyeron el caso en base a los elementos hallados en la escena del crimen.
Repetto recibió la visita de una persona con la que mantuvo una charla, pero rápidamente se convirtió en una violenta discusión que terminó en un asesinato.
A lo largo de la instrucción fueron entrevistadas una decena de personas que dijeron haber escuchado de boca de la víctima el maltrato que recibía de un hombre con el que mantenía una relación sentimental.
Ese sujeto, cuyo nombre nunca trascendió, se transformó en el principal sospechoso. Sin embargo, nadie pudo certificar que el día del homicidio haya estado en la casa de la joven estudiante de arte.
Los funcionarios judiciales interrogaron al sospechoso, pero las coartadas que presentó lo alejaron del lugar del asesinato, pese a que testimonios de vecinos seguían relacionándolo con el hecho.
Opinión de expertos
A medida que transcurría el tiempo y ante la falta de indicios, Rodríguez solicitó que el caso fuera examinado por expertos en criminalística, pero el dictamen no aportó nada que no se supiera: el presunto autor seguía siendo el mismo que había sido desvinculado por coartadas inobjetables.
A partir de ese momento no se incorporaron nuevos elementos. La pesquisa se paralizó y la causa viajó al archivo, una especie de cementerio de expedientes cubiertos por un enigmático halo de secretos.
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