Quizás sea una obviedad decir que estamos transitando tiempos complejos. La ultraderecha apela con mayor ímpetu a atacar, a menospreciar al que piensa distinto, utilizando la violencia, acudiendo a la estrategia comunicacional que promociona el individualismo, la competencia a cualquier costo, a la distracción y a construir un estigma acerca del que piensa distinto, considerándolo como un enemigo político que hay que combatir y “desaparecer”. Esto, sin duda, genera un fuerte impacto social, porque la violencia de arriba promueve la violencia en distintas esferas de la sociedad. Además, en estos discursos aparece claramente la noción de poder y masculinidad dominante asociado a insultos y gritos. Estos discursos de odio, buscan profundizar las brechas de clase, género y etnia. Estamos en tiempos donde pareciera que la deshumanización en la política crece a pasos agigantados y llegó para quedarse.
En este contexto de un neoliberalismo acérrimo, nunca antes visto, vivenciamos constantemente la sanción de leyes que atrasan, y en las cuales la concepción del respeto por los derechos humanos se diluye entre sus artículos. Para ellos es modernizar la economía, para nosotrxs precarizarla. La historia nos enseña que este tipo de políticas son regresivas para todxs, pero quienes resultan más vulnerables son las mujeres, infancias, juventudes y adultos mayores de clase media y de los sectores populares. Podemos recurrir a muchos datos estadísticos que afirman esto. Sólo mencionaremos algunos de ellos para poder tener noción del daño que está causando este tipo de políticas propiciadas por sectores de la élite económica y sus secuaces políticos liberales. El presidente Javier Milei en la apertura de sesiones 2026 sostuvo que “se pasó de un nivel heredado del 57% a una tasa del 30% en lo que va de su gestión”. No sólo que estas cifras son mentirosas, sino que tiene otra intención clara: continuar forzando cifras para alimentar el apoyo de heterogéneos sectores que aún siguen acompañando su gestión. Sin embargo otras fuentes de información como la CEDAF sostienen que la pobreza aumentó y que hay un 9% más de ciudadanos pobres que en 2023.

¿Cómo nos encontramos las mujeres y las familias en el gobierno de Milei? En 2025 según datos de la Defensoría del Pueblo de la Nación hubo 211 víctimas de femicidio, 172 femicidios directos, 14 vinculados, 3 transfemicidios, 9 suicidios feminicidas, 13 femicidios relacionados al narcotráfico y crímen organizado, en 2026 hay 43 víctimas de femicidios en Argentina. En el mes de Enero otros datos sostienen que somos más pobres ya que 4 de cada 10 madres viven en la pobreza. La tarjeta alimentar perdió un 23,8%. En el trabajo, las docentes perdimos un 30,3 % y las trabajadoras de casas particulares un 20,8%. La brecha salarial entre hombres y mujeres es de un 27%. Las proyecciones indican que sólo 1 de cada 10 mujeres podrá acceder a la jubilación. PAMI redujo medicamentos y hay un 386% de aumentos. El impacto en las familias es notable: un 65% redujo su alimentación, y más de 1 millón de niños y niñas saltean comidas, mientras que otros hogares se ven forzados a endeudarse con la tarjeta de crédito para pagar los alimentos. Sin embargo para Milei “la malaria ha terminado”. Pero dato mata relato.
Desde Suteba denunciamos enfáticamente una vez más que estas medidas son un ataque a la clase trabajadora, que precariza derechos, flexibiliza condiciones y busca debilitar y hacer desaparecer organizaciones sindicales. Las mujeres, la comunidad LGBTINB+, personas con discapacidad y adultxs mayores padecemos hoy un recrudecimiento de la feminización e infantilización de la pobreza, en un escenario donde la eliminación de ministerios (Educación, Salud, Género) y programas de políticas públicas, la caída de los salarios, despidos, cierres de fábricas, comercios, bajas del consumo, han dejado a miles de personas en situación de desprotección total. Sabemos que esas medidas impactan fuertemente en nuestros territorios, todxs conocemos casos de docentes que deben salir a buscar más horas o dedicarse a otros trabajos porque no llegan a fin de mes, o trabajadoras domésticas y de la economía popular sobrecargadas de horas por el mismo motivo, aunque claramente se ve el desafío que es encontrar un trabajo digno en estas condiciones tan duras.

En la apertura de sesiones, el presidente también sostuvo que “la libertad” viene a dar la “batalla cultural» y que continuará con el rumbo económico, pero no presentó proyectos, sólo atinó a agredir, insultar y a gritarle a sus opositores políticos. Si bien sabemos que en parte son políticas de distracción, el objetivo es horadar las instituciones democráticas, despolitizar y generar en la ciudadanía la noción de política asociada al circo. La pregunta que nos interpela a muchos es ¿cómo llevamos adelante una batalla cultural contrahegemónica?. Si bien es una pregunta que en partes no tiene una respuesta clara, la historia nos invita a conocer que nada es permanente, incluso los gobiernos, y que no debemos responsabilizar sólo a un líder político, porque de esta manera no estaríamos reconociendo el entramado de poder que hay detrás,y que lo sostiene debido a que se ve beneficiado en la transferencia de recursos hacia los sectores más concentrados. El escenario a escala local es igual de complejo. El gobierno actual está en sintonía con muchas de esas medidas promulgadas desde nación, como por ejemplo apoyando la reforma laboral o promoviendo que la educación sea considerada un servicio esencial.
En este año tan importante donde se conmemoran los 50 años del último golpe cívico-militar de nuestra historia, sabemos que estas políticas actuales intentan retomar y profundizar las de la última dictadura. Como ya conocemos, durante esa etapa las mujeres fueron vulneradas, violentadas y hasta desaparecidas. Muchas de ellas dejaron sus mensajes de resistencia y están más vivos que nunca,y hoy se convierten en una guía y bandera de lucha y resistencia para muchas de nosotras. Madres y abuelas de Plaza de Mayo nos siguen enseñando que el reclamo por la verdad y la justicia siempre se debe realizar en ámbitos democráticos y que acompañar a los sectores más vulnerados, hacer propias sus luchas, es el camino.
Frente a los mensajes de odio y que avasallan derechos y al individualismo que intentan consolidar, desde las escuelas debemos responder con la generación de proyectos colectivos que abracen e incluyan a todxs.
Frente a los discursos antiestatistas y promercado; debemos enfatizar y promover la importancia de un estado inclusivo, igualitario y justo.
Ante la destrucción del aparato social y de recursos naturales; tenemos que encontrarnos con otrxs para defenderlxs y acompañarlxs generando hábitat saludables para las generaciones actuales y futuras.
Y ante la agresión y la violencia discursiva y policial; tenemos que propiciar acciones conjuntas que valoricen el respeto por la diferencia, el encuentro en lo común y la esperanza como eje en la construcción de otros futuros posibles.

Sabemos que ante la crisis, las escuelas se convierten en cajas de resonancia de lo que ocurre a nivel social, trasladando la violencia a estos espacios.Las trabajadoras de la educación están afectadas por condiciones de violencia estructural creándose a veces de parte de las mismas autoridades obstáculos en el acceso a cargos, designaciones, traslados. Crean padecimientos además la insensibilidad y/o desconocimiento de problemáticas que merecen tratamientos puntuales como leyes de cupos, situaciones de violencia, embarazo en jóvenes, entre otros.
También tenemos la certeza de que en los contextos más adversos las y los docentes abrazan, sostienen y construyen puentes para fomentar proyectos colectivos, sensibles y comprometidos por el bien de los que habitan la comunidad y de la cual la escuela forman parte, convirtiéndose en una institución que genera identidad y en un punto de referencia y rescate para su población.
Hoy, ante tanta voracidad, rapidez e incertidumbre, nos surgen muchas dudas, aunque consideramos que tenemos la certeza de que son tiempos de profundizar los encuentros, de pensarse colectivamente y de defender más que nunca la escuela pública, sus trabajadores y lxs estudiantes, acompañando, resistiendo y presentando proyectos que pongan en el centro la defensa de los derechos humanos, el medio ambiente y valores como la igualdad y la justicia social.
Otra evidencia que nos da la historia, es cuán fuerte es el poder de la mujer trabajadora organizada. Y que solo así compañeras podremos hacerle frente a este modelo acumulador, deshumanizante y destructor. ¡Por nuestra autonomía, por un salario digno y contra la crueldad, este 8 M paramos y nos seguimos encontrando!
Fuente: SUTEBA






