Hay regresos que se explican desde la estadística y otros que se explican desde el corazón. En el básquet argentino, pocos nombres generan tanto respeto y consenso como el de Franco Balbi. Su llegada a Argentino de Junín no es solo la incorporación de un refuerzo de jerarquía; es el retorno de un hijo pródigo en el momento más crítico de la institución en la última década. El «Turco» se prepara para una batalla final por la permanencia frente a un histórico como Atenas de Córdoba, y en ese tablero de ajedrez, la pieza de Balbi aparece como el movimiento maestro que la dirigencia y la afición esperaban.
La noticia se propagó por las calles de Junín con la velocidad de un contraataque bien ejecutado. Apenas horas después de haber sellado la salvación con Unión de Santa Fe, Balbi ya estaba de vuelta en su tierra, calzándose las zapatillas para entrenar en El Fortín de las Morochas. La situación es atípica, casi cinematográfica: un jugador que termina una lucha agónica por el descenso en un club y, sin solución de continuidad, se sumerge en otra idéntica para salvar al equipo de su ciudad.
La cronología de este regreso es vertiginosa, mientras en los medios locales circulaban rumores, la realidad se cocinaba en absoluto silencio. “Prácticamente, el llamado fue el martes a la mañana, no había habido ningún contacto antes. Si bien me he enterado que hubo rumores y demás, pero a mí nunca nadie me había llamado hasta ese día”, confiesa Franco con la transparencia que lo caracteriza. Fue una comunicación directa de Germán Lambrisca, impulsada por el pedido desesperado de Adrián Capelli, quien conoce como pocos la capacidad conductiva del base.
Ante la posibilidad de que el club perdiera su lugar en la elite, Balbi no necesitó balances ni proyecciones: “Surgió la llamada y la posibilidad, no se puede quedar el club fuera de la primera división”. Esa frase resume el motor de su vuelta, no hay aquí una búsqueda de lucimiento personal ni una especulación contractual; hay una urgencia de pertenencia.
La trayectoria de Franco Balbi en los últimos años parece sacada de un guion de éxito. Fue campeón de la Basketball Champions League Americas con el Flamengo de Brasil, figura indiscutida en la Liga Nacional con la camiseta de Boca Juniors y referente en Ferro. Sin embargo, el destino le propuso un 2024 diferente, lejos de los podios y cerca de la lucha por la supervivencia deportiva.
“Yo ya la he vivido esta situación en una temporada en Ferro, que jugamos el play out con Salta en ese momento. Ya he pasado por estas situaciones, que son temporadas que no estamos exentos a pasarlas”, analiza con madurez en diálogo con el programa D1470, que se emite por LT20 Radio Junín. Para Franco, el básquet es un ciclo donde se puede estar en la cima de América o peleando un descenso, y en ambos escenarios se requiere la misma entereza: “Preparado, obviamente, para afrontarlo con ganas, con energía y confiando en que podemos, como equipo, sacarlo adelante”.

Una de las preguntas que flota en el ambiente es qué significa este regreso para él. ¿Es una devolución de favores por aquel salto inicial que le dio Argentino hace años? La respuesta de Balbi es profunda y alejada de los clichés: “No lo siento como una devolución de favores, sino como que siempre que el club necesite o crea conveniente que yo pueda dar una mano, bueno, acá estaré”.
Su relación con Junín y con Argentino tiene raíces humanas. “Tengo gente que quiero mucho dentro del club, que me han tratado muy bien en su momento. Por esa gente que confió en mí en aquel momento es un poco lo que trato de hacer hoy”, explica. No se trata de saldar una deuda, sino de responder a la confianza con presencia efectiva en el campo de juego.
La temporada en Unión de Santa Fe fue, en palabras del propio Balbi, un desafío mental agotador. El equipo sufrió bajas por salud, lesiones recurrentes y cambios de timón en el banco. “Una temporada, si bien corta en cuanto a competencia, es muy larga en cuanto a lo mental y lo desgastante por un montón de motivos. No fue una temporada fácil, pero con el objetivo cumplido de dejar a Unión en primera”, relata.
Pasar de ese alivio en Santa Fe a la tensión de Junín podría quebrar a cualquier deportista, pero Franco lo procesa con una calma envidiable: “Me siento muy motivado para afrontarlo. Creo que el grupo de jugadores que hay en Argentino tiene la capacidad para sacarlo adelante, por eso creo que también estoy acá, porque creo en los chicos”.
Técnicamente, la llegada de Balbi le ofrece a Adrián Capelli un abanico de soluciones que no tenía. La posibilidad de una «doble base» junto a Jeremías Sandrini o Piero Di Prinzio es la opción que más ilusiona a la cátedra basquetbolística. “Tranquilamente me puedo adaptar a jugar con Piero o con Jere. Cuando lo hice con Martín Cabrera en Unión me sentí cómodo en esa posición, va a depender de lo que Adrián quiera para estos momentos del equipo”, señala Franco, demostrando su versatilidad.
A pesar de su chapa de crack, el base es enfático en su rol dentro del vestuario: “No vengo a ser más que nadie en este equipo, vengo a ayudarlos, a que los chicos se sientan respaldados por un jugador más, pondré todo de mí para que ellos confíen y vean que estoy a la par”. Esa humildad es, quizás, su mayor aporte a un plantel que necesita seguridad emocional para enfrentar a Atenas.
Junín respira básquet y Argentino es su máxima expresión barrial. El regreso de Balbi ha generado una inyección de optimismo necesaria en un momento de oscuridad deportiva. El jugador es consciente de esa expectativa: “Siempre muy agradecido con la gente de Argentino, que me han tratado muy bien desde que pisé el club por primera vez, no siendo fácil porque venía de jugar en Ciclista en ese momento”.
Ese respeto mutuo entre hinchada y jugador será una de las claves de la serie. El apoyo en las tribunas del Fortín de las Morochas, sumado a la conducción de un hombre que sabe lo que es jugar finales continentales, equilibra la balanza en una serie que promete ser para el infarto.
La serie contra el «Griego» cordobés no es un enfrentamiento más; es un duelo de historias. Atenas, el más ganador de la Liga, frente a Argentino, el equipo que se hizo gigante desde la humildad de su barrio. Balbi sabe que no habrá margen de error en esos cinco partidos. “Trato de asumir esa responsabilidad del lado que me toca, con muchísima tranquilidad, con la cabeza puesta en trabajar y hacer una buena preparación”, concluye.
El sueño de Franco, y de todo el “Turco”, es terminar esta serie con un abrazo colectivo y la certeza de que el lugar de Argentino sigue estando en el mapa grande del básquetbol nacional. La magia está de vuelta en casa, y con ella, la esperanza se vuelve un poco más real.







