Por Redacción Grupo La Verdad
La historia de Avícola Santa Bárbara comienza en 1992, cuando Marcela Saraceni y Edgardo Navone decidieron incursionar en la venta de pollos en Pinzón, un pequeño pueblo cercano a Pergamino. Lo que arrancó como una actividad casi artesanal, se convirtió, con el tiempo y esfuerzo familiar, en una de las empresas avícolas más importantes de la región.
“Santa Bárbara nace como algo chiquito, haciendo milanesas de pollo, elaboraciones simples. Año a año fue creciendo y hoy cumplimos 25 años en la industria”, cuenta Adrián Pugliesso, gerente de la empresa que cuenta con una planta ubicada en Saforcada.
El crecimiento fue sostenido y a conciencia. En el año 2000, el matrimonio decidió construir una pequeña planta de procesamiento manual en Saforcada. A partir de ahí, las ampliaciones y mejoras no pararon hasta hoy en la planta que tiene una capacidad de incubación de un millón de pollitos bebés por mes, cuenta con 36 naves propias de engorde, 13 naves integradas, una planta de faena, planta de alimento balanceado, más de 30 vehículos propios para logística y distribución, y 200 empleados directos.
“La planta de incubación es una de las más tecnológicas del país”, detalla Pugliesso. “Recibimos el huevo fértil de una línea genética especial y controlamos todo el proceso. Desde la incubación hasta la distribución del pollo envasado, pasando por el engorde y la alimentación. Todo lo hacemos nosotros”.

El modelo de integración vertical les permite controlar cada eslabón de la cadena productiva y garantizar calidad cuenta el gerente. Y en un contexto económico desafiante como el actual, esta eficiencia es clave.
Hoy la producción avícola en general se encuentra en crecimiento en la Argentina, motorizado por el crecimiento del consumo de pollos de parte de los argentinos ya llegando y superando incluso a los niveles históricos de consumo de la carne vacuna. “El consumo de pollo en Argentina superó por primera vez al de carne vacuna: hoy estamos en 47 kilos per cápita. Eso se ve en la demanda. Nuestra planta de faena está al 100% de su capacidad. Si bien tenemos más pollos en crianza, no nos da la infraestructura para faenar más, así que también vendemos pollo vivo”, explica Adrián.
Además del consumo interno, el contexto internacional también influye. La detección de gripe aviar en Brasil —el mayor exportador mundial— abre nuevas oportunidades para otros países, incluida Argentina. Pero, como remarca Pugliesso, “el sector avícola es muy sensible, cualquier variable puede cambiar el esquema de un día para otro”.
En cuanto a los productos, la tendencia se orienta cada vez más hacia el trozado. “La gente ya no compra el pollo entero, sino partes específicas: pata muslo, pechuga, alitas. Y lo que no se vende como corte, se aprovecha igual: se hace harina de carne para alimento de mascotas. No se tira nada”, asegura.
Avícola Santa Bárbara distribuye actualmente en localidades de las provincias de Córdoba, La Pampa, San Luis y Buenos Aires. Su éxito es producto de una receta simple pero potente: trabajo, inversión en tecnología y compromiso humano. “Seguiremos apostando al crecimiento con un objetivo claro: integrar y mejorar todos nuestros procesos para lograr la mayor eficiencia posible”, afirma el gerente.
Desde un pequeño pueblo hasta convertirse en un actor clave de la avicultura nacional, la historia de Santa Bárbara es, sobre todo, una historia de visión, esfuerzo y arraigo.
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