El fútbol tiene esos trayectos sinuosos, llenos de kilómetros, aduanas y mudanzas, pero que tarde o temprano premian a quienes combinan la constancia con el talento. El caso de Santiago Rosa es el fiel reflejo de esa búsqueda. Formado en la inagotable cantera de Sarmiento de Junín, club del cual es simpatizante y donde cumplió el sueño máximo de debutar en la Primera División, el atacante juninense se encuentra hoy en el viejo continente, saboreando las mieles del éxito. Tras una campaña extensa, extenuante y cargada de matices, logró un ansiado ascenso en el fútbol español defendiendo los colores de la Penya Deportiva, un hito que no solo marca un quiebre en su carrera profesional, sino que desató festejos prolongados en la paradisíaca isla de Ibiza.
El futbolista surgido de las inferiores del «Verde» repasó los detalles de una temporada inolvidable, revivió el minuto a minuto de una final perfecta disputada ante su propia gente, recordó sus inicios en Junín y proyectó su futuro inmediato en el fútbol europeo, donde planea radicarse por los próximos años mientras sigue dejando en lo más alto el prestigio del deporte de su ciudad natal.
Para Santiago Rosa, este título no es uno más en su bitácora personal. Se trata de su primera consagración absoluta en territorio europeo, un desahogo que llegó tras meses de muchísima exigencia física y mental. El desenlace no pudo haber tenido un guion mejor: jugando en condición de local, arropados por el calor de su público y con una superioridad futbolística notable que anuló por completo cualquier tipo de reacción por parte del rival de turno.
«Por suerte, todavía andamos festejando acá», confesó entre risas el futbolista, denotando la alegría desbordante que se vive por estas horas en el club. «En lo personal estoy sumamente contento porque es mi primer ascenso formal desde que juego acá. Fue un año realmente hermoso, pero a la vez muy largo, complejo y desgastante en todo sentido, por suerte lo pudimos conseguir y, lo que lo hace más lindo todavía, es que lo cerramos jugando de local en nuestra casa, con toda nuestra gente apoyándonos, además, ganamos de manera muy amplia, así que se dio lo que yo llamo la final perfecta».
Al momento de recordar los segundos posteriores al pitazo final del árbitro, cuando la tensión acumulada se transformó súbitamente en grito de campeonato, Rosa se sinceró sobre las primeras imágenes y pensamientos que invadieron su mente en medio de la mística del festejo: «Lo primero que se te cruza por la cabeza en ese instante es una alegría desbordante, pero sobre todo el alivio por todo el esfuerzo diario que hicimos este año junto a mis compañeros. Sinceramente, teníamos un grupo humano hermoso, muy sano, y creo que nos merecíamos este ascenso por cómo trabajamos desde el primer día. Fue una satisfacción interna gigantesca. Y, por supuesto, en esa milésima de segundo uno siempre se acuerda de la familia y de los amigos, muchos de ellos no pudieron estar físicamente por una cuestión lógica de distancia, pero se hacen sentir constantemente a la distancia. Apenas agarré el teléfono tenía una infinidad de mensajes de mi familia y mis amigos bancándome, como siempre».
El desembarco definitivo de Santiago Rosa en su actual club tuvo ribetes de revancha personal. Su historia con la institución española se remonta a varios años atrás, en una primera experiencia que quedó trunca no por cuestiones futbolísticas o rendimientos dentro del campo de juego, sino por las siempre complejas trabas administrativas que sufren los futbolistas sudamericanos al momento de ingresar legalmente al mercado del viejo continente.
«A este equipo llegué formalmente el año pasado, pero en realidad esta es mi segunda etapa en la institución», aclaró el delantero juninense, reconstruyendo su cronología en Europa. «Mi primera experiencia acá había sido en el año 2018, si mal no recuerdo. En esa oportunidad estuve un año entero entrenando con el plantel, pero lamentablemente no había podido jugar de manera oficial debido a temas estrictamente burocráticos y a complicaciones con los papeles de residencia y transferencia. Fue un momento difícil, después de ahí fui y vine: volví a jugar a la Argentina, regresé a España para jugar en la zona de las Islas Canarias, y volví a moverme. Pero por suerte este año se dio la oportunidad de pegar la vuelta al club después de tanto tiempo. Pude jugar con regularidad, sentirme importante y, qué mejor manera de coronar ese regreso, que logrando el ascenso que tanto buscábamos».
Este recorrido le permitió realizar un balance sumamente positivo de lo que fue su producción individual a lo largo de la temporada, encontrando un ecosistema donde sus virtudes técnicas pudieron salir a la luz con fluidez. «Hago un balance muy bueno en lo personal. Tuvimos la ventaja de contar con un gran equipo, con jugadores de mucha jerarquía para la categoría, y eso lógicamente ayuda en lo individual a que uno pueda sacar a relucir su mejor versión en la cancha. Me sentí muy cómodo y fundamentalmente contento porque pude disfrutar adentro de una cancha de fútbol, algo que los futbolistas sabemos perfectamente que no siempre pasa. De todos modos, siempre remarco que lo más valioso fue el logro colectivo; el ascenso tapa cualquier rendimiento individual».
Uno de los mayores escollos para cualquier deportista argentino que emigra radica en el proceso de aclimatación al ritmo de juego europeo y a las costumbres del día a día. Sin embargo, para el atacante de Junín, las playas y el estilo de vida español actuaron como un catalizador ideal que aceleró los tiempos de inserción: «Con respecto a lo estrictamente futbolístico, creo que por mis características individuales de juego, velocidad y técnica, encajo mucho mejor en el estilo de fútbol que se practica acá en España. Es un juego dinámico pero donde se cuida mucho la pelota. Por ese motivo la verdad es que no me costó demasiado adaptarme desde el punto de vista táctico o físico», analizó minuciosamente.
Asimismo, Rosa destacó los puntos en común que unen a la sociedad española con las raíces argentinas, ponderando la calidez humana que encontró desde su arribo: «En el aspecto personal de la vida cotidiana también se hizo todo bastante llevadero. Los españoles, por lo general, son muy buena gente, abiertos y predispuestos. Tienen muchas costumbres y formas de ser que se parecen bastante a nosotros, los argentinos. Al ser una cultura tan similar dentro de todo, la adaptación se vuelve un proceso natural y fluido, España tiene absolutamente de todo para vivir bien: un clima espectacular la mayor parte del año, paisajes y lugares que son realmente hermosos. En ese sentido, no te falta nada».
Sin embargo, a pesar de las bondades geográficas de Ibiza, el arraigo y las costumbres de la tierra natal siempre generan una cuota de nostalgia difícil de matizar en el día a día de un futbolista profesional: «Si me preguntás qué es lo que verdaderamente se extraña en lo cotidiano, y la verdad es que poder comer un buen asado con la familia y juntarse con los amigos de toda la vida. Sé que es un cliché y que ya lo nombré al hablar de los festejos, pero es la realidad: el afecto, las charlas cotidianas y esos momentos compartidos alrededor de una mesa es lo único que verdaderamente se extraña estando a tantos kilómetros de distancia. Y esa cuota de nostalgia se hace sentir bastante de vez en cuando».
Pese a estar completamente adaptado al contexto de la liga española, Santiago Rosa no olvida el club que le dio las herramientas iniciales y le permitió moldear su identidad como futbolista profesional. Su paso por las divisiones inferiores de Sarmiento de Junín quedó grabado a fuego en su memoria, constituyendo la base sobre la cual edificó su carrera actual en el exterior.
«De mis primeros pasos en el deporte y de mi etapa en Junín me quedan los recuerdos más lindos de mi vida», rememoró con una marcada emoción en su voz. «Yo me crié íntegramente ahí en Junín, pasé horas adentro del club. Haber hecho todas las divisiones inferiores en Sarmiento y, con el paso de los años, haber tenido la posibilidad de cumplir el sueño de llegar a jugar en la Primera División con la camiseta del club del cual soy hincha genuino desde chico, es una sensación indescriptible y muy linda. Es un recuerdo imborrable que no se me va a borrar nunca de la cabeza mientras viva».
El delantero valoró la exigencia de la estructura del club de nuestra ciudad como el pilar fundamental que le permitió dar el salto de calidad hacia el fútbol internacional: «Tengo los mejores recuerdos y el mayor de los respetos por la institución. Creo que me sirvió muchísimo haberme formado y haber estado en un club como Sarmiento, toda esa etapa de aprendizaje, de disciplina y de competencia extrema en el fútbol argentino me dio el roce necesario y me ayudó muchísimo para poder afrontar todo lo que vino después en mi carrera profesional aquí en Europa».
Con el campeonato y el ascenso ya consumados en el club español, el mercado de pases europeo comienza a moverse con intensidad y el futuro de Santiago Rosa asoma con certezas respecto a su ubicación geográfica, aunque con cambios sustanciales en lo que respecta a la camiseta que defenderá de cara a la próxima temporada regular: «Mi idea fija y concreta es quedarme a vivir y a jugar acá en España», reveló de manera anticipada el atacante respecto a sus planes a corto y mediano plazo. «En el club actual, en la Penya Deportiva, ya sé que no voy a continuar la próxima temporada por cuestiones de cierre de ciclo. Sin embargo, lo más probable es que siga jugando en algún otro equipo de acá de la zona de Ibiza, por suerte en la isla hay varios clubes competitivos con proyectos interesantes en marcha».
La decisión de permanecer en el archipiélago balear responde tanto a factores de bienestar personal como a proyectos de índole familiar que terminan de consolidar su estabilidad en el exterior: «A mí la verdad es que me gustaría mucho quedarme por acá porque ya estoy completamente adaptado a la vida de la isla, me manejo con comodidad y conozco el entorno. Además, en el plano personal, mi novia se está mudando para acá conmigo en este momento, y también tengo un grupo grande de amigos que hice en este tiempo. Estoy muy cómodo, contento con mi presente y mi idea clara es seguir compitiendo por acá, por lo menos durante los próximos años».
Consciente de que su historia de superación y su presente en el fútbol del viejo continente sirven de espejo para cientos de jóvenes futbolistas que actualmente se forman en las divisiones inferiores los clubes de la Liga Deportiva del Oeste, Rosa se tomó un momento para dejar un mensaje cargado de conceptos formativos y aliento para los chicos de la ciudad: «A los chicos que hoy están en las inferiores y que sueñan con vivir del fútbol les digo que, obviamente, se puede llegar. No es ninguna locura ni un objetivo inalcanzable poder cumplir ese sueño que todos tenemos de chicos. Pero para lograrlo hay que concientizarse de que hay que entrenar durísimo todos los días, cuidarse y tratar de ser lo más profesional posible desde edades tempranas», enfatizó con la autoridad que le da su recorrido.
«El camino del futbolista requiere ir siempre por la senda correcta, manejarse con mucha perseverancia y paciencia porque las oportunidades tardan en llegar, y lógicamente también hay que acompañarlo con un poco de suerte en los momentos clave. Pero la base es el trabajo, que no bajen los brazos porque todos tenemos la capacidad de cumplir nuestros objetivos si nos lo proponemos con seriedad», añadió el ex Sarmiento.
Finalmente, Santiago reflexionó sobre el significado simbólico de representar a Junín en las ligas del fútbol europeo, transformándose en una suerte de embajador deportivo de nuestra región: «Llevar el nombre de mi ciudad por el fútbol europeo es un orgullo total y una satisfacción interna inmensa. A veces me pongo a pensar que no somos tantos los juninenses que andamos dando vueltas por el mundo jugando al fútbol de manera profesional, y menos en un mercado tan competitivo como el europeo, considerando que venimos de una ciudad que, si bien es grande y futbolera, está lejos de las luces de las grandes capitales. Formar parte de ese pequeño grupo de deportistas que representa a Junín en el exterior me llena de alegría y me da fuerzas para seguir trabajando de la misma manera de acá en adelante».
Santiago Rosa se despidió dejando un afectuoso saludo para sus seres queridos en la ciudad: «Le mando un saludo gigante a mi familia que siempre me banca a la distancia, a mis amigos de Junín que hace bastante tiempo que no veo en persona por obvias razones, y por supuesto a mi novia, que es la persona que está siempre al lado mío acompañándome en el día a día de esta hermosa profesión». Una historia de ascenso, vigencia y raíces juninenses que hoy florecen con fuerza del otro lado del océano.






