Hay ciclos que no se miden únicamente por el paso del tiempo en el calendario, sino por la profundidad de la huella que dejan a su paso. En el fútbol profesional, un ámbito donde las dinámicas son vertiginosas, los nombres rotan con velocidad y las urgencias del fin de semana suelen opacar los procesos de largo plazo, sostenerse durante casi una década en una misma institución es un hecho sumamente excepcional.
Ese es, precisamente, el escenario de Sara Vozzi. Tras nueve años ininterrumpidos de labor profesional en el Club Atlético Sarmiento, la nutricionista decidió poner fin a su etapa en la institución. Su despedida, anunciada formalmente a través de sus redes sociales con la emotiva premisa «¡Siempre por cualquier camino que tenga corazón!», representa la conclusión natural de un proceso transparente, maduro y atravesado por el agradecimiento mutuo.
En una charla profunda y reflexiva, Vozzi repasa lo que significó ver crecer la infraestructura del club desde las bases hasta la máxima categoría del fútbol argentino, el desafío de llevar la teoría universitaria al barro del campo de juego y la importancia de saber retirarse a tiempo para preservar el entusiasmo y la dedicación que marcaron cada uno de sus días en el «Verde».

Para comprender el impacto del trabajo de Sara Vozzi en Sarmiento, es necesario remontarse casi una década atrás. Su llegada al club coincidió con un momento decisivo de su vida personal y profesional: el regreso a su Junín natal luego de haber culminado sus estudios universitarios en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y de haber dado sus primeros pasos profesionales en la capital.
«Yo estudié en Buenos Aires y trabajé unos años allá, cuando tomé la decisión de volverme a Junín, inicié mi actividad en el consultorio de Marathon, que se encuentra dentro de las instalaciones del club y casi en paralelo se dio mi ingreso a Sarmiento, comenzando a ver a los chicos de las divisiones inferiores y más tarde de la Reserva», rememora Sara sobre aquellos primeros meses.
En ese entonces, la nutrición en las divisiones formativas era un área en plena construcción, donde la flexibilidad y la capacidad de adaptación resultaban indispensables. «El primer año fue estar totalmente dispuesta a lo que la coordinación deportiva y los cuerpos técnicos de ese momento fueran requiriendo. Un año nos enfocamos fuertemente en realizar evaluaciones antropométricas para tener a todos los planteles sistemáticamente evaluados; otro año el trabajo estuvo destinado prioritariamente a optimizar la alimentación en la pensión del club y en el restaurante. Nos fuimos amoldando a distintos objetivos según la necesidad institucional», explica.
Durante dos o tres años, Vozzi alternó la atención privada en consultorio con el monitoreo constante de los juveniles. Ese contacto directo con los jóvenes deportistas en formación no solo le permitió sentar las bases metodológicas de su trabajo, sino también comprender la idiosincrasia del club y las exigencias propias del fútbol de formación.
El año 2019 marcó un punto de quiebre definitivo en su trayectoria dentro de la institución. Con la estructura del fútbol profesional demandando cada vez más herramientas multidisciplinarias, Sara fue convocada para sumarse al trabajo del plantel superior.

«Llegué a Primera convocada por Vanina, quien en ese momento estaba como nutricia del plantel profesional. Fui inicialmente a darle una mano, a colaborar, mientras yo continuaba con mis tareas en las divisiones inferiores», relata.
Lo que siguió fue un período de transformaciones aceleradas. El año 2020 impuso el inédito desafío de la pandemia de COVID-19, obligando a reconfigurar los planes de seguimiento, la asistencia a distancia y el control nutricional en un contexto de aislamiento total. Y, tras superar esa etapa crítica, llegó el inolvidable ascenso a la Primera División del fútbol argentino.
El salto de categoría no solo cambió la realidad competitiva del club, sino que transformó de manera drástica la escala y el nivel de exigencia dentro del área de nutrición, paso a tener mayor presencia en el día a día. El rol de la nutricionista dejó de ser meramente evaluativo para convertirse en una presencia constante en cada entrenamiento, concentración, competencia y viaje del plantel profesional.
Tanto los cuerpos técnicos que fueron pasando como los propios futbolistas comenzaron a exigir un volumen mucho mayor de asistencia, planes personalizados y estrategias específicas de rendimiento. Acompañando la evolución del club, el área pasó de contar con herramientas básicas a disponer de un buffet exclusivo tanto en el Estadio Eva Perón como en el Centro de Alto Rendimiento.
«El ascenso implicó una exigencia muchísimo mayor y un compromiso absoluto. El área empezó a crecer de manera exponencial, hoy en día, los jugadores de Primera División cuentan con servicio de desayuno previo a los entrenamientos y almuerzo post entrenamiento en el estadio y en el Centro de Alto Rendimiento, además de toda la suplementación adecuada para las prácticas y las competencias. Haber sido parte activa de esa transformación y ver cómo el club apoyó ese crecimiento es una de las mayores satisfacciones que me llevo», destaca Vozzi.
Al reflexionar sobre su labor cotidiana, Sara enfatiza que una de las mayores gratificaciones de la nutrición deportiva radica en la posibilidad de romper los límites del consultorio tradicional e interactuar directamente en el escenario donde se desarrollan los hechos: el campo de juego.
«Lo que más me apasiona de la nutrición deportiva es precisamente eso: salir del consultorio y estar en el campo. Experimentar en el día a día, en un entrenamiento o en un partido, lo que antes leías en un libro de texto o veías en la facultad. Estar ahí con el jugador y con el cuerpo técnico te brinda un aprendizaje que no te da ningún libro».
Esta filosofía de trabajo no fue imprevista; formó parte de su impronta desde los primeros días. Sara recuerda con especial cariño una de sus primeras iniciativas al ingresar al club: «Recuerdo que a poco de empezar le pedí a un preparador físico presenciar los entrenamientos de campo. Necesitaba ver las cargas, el desgaste real, para llevar toda la teoría de las aulas a la práctica concreta. Eso es lo que te da el estar en la cancha, y es algo que se disfruta intensamente en la dinámica diaria del fútbol».

Esa dinámica, sin embargo, exige una flexibilidad absoluta. A lo largo de nueve años, le tocó trabajar con grupos profundamente heterogéneos, donde los planteles se renuevan temporada a temporada y los cuerpos técnicos cambian de manera constante, cada uno con sus metodologías, filosofías e intensidades de trabajo.
«En la nutrición aplicada al deporte hay que trabajar mucho con los recursos disponibles e ir adaptando las estrategias todo el tiempo. Cambian los presupuestos, cambian los grupos humanos, cambian las exigencias de los entrenadores. Por eso afirmo que el aprendizaje fue constante e ininterrumpido a lo largo de todo este tiempo», analiza.
Tomar la decisión de dejar un espacio que habitó durante casi un tercio de su vida no fue una tarea sencilla. Lejos de responder a desacuerdos o fricciones, la salida de Sara Vozzi responde a una lectura honesta sobre sus propios tiempos personales y el nivel de exigencia que requiere el deporte de alto rendimiento.
El fútbol profesional de Primera División exige una entrega absoluta: días de concentración, viajes por todo el país, fines de semana comprometidos y una atención permanente a las demandas del equipo. Tras nueve años de ritmo ininterrumpido, el cansancio acumulado comenzó a hacerse presente.
«Fue una decisión muy difícil, muy pensada, que me tomó muchísimo tiempo procesar. El fútbol profesional requiere un nivel de dedicación y tiempo altísimo. Me encontré en un momento de cansancio y desgaste natural, y sentí que era necesario dedicarle más espacio a mi vida personal», confiesa con absoluta sinceridad.
Para Sara, dar un paso al costado en este momento fue también un acto de respeto hacia el propio trabajo construido y hacia la institución: «Mi objetivo siempre fue trabajar con el máximo entusiasmo y con una dedicación total, y que eso se evidenciara en el crecimiento del área. Frente al paso de los años, sentí que el cansancio podía empezar a incidir en esas ganas, y no quería que eso sucediera. Me pareció que era el momento justo para hacer un corte limpio, irme con las mismas ganas y el mismo amor con el que trabajé siempre, y permitirme un merecido descanso».
Más allá de los avances técnicos, la implementación de protocolos y el desarrollo de la infraestructura del área de nutrición, si hay algo de lo que Sara Vozzi se muestra profundamente orgullosa es del entramado de relaciones humanas que tejió a lo largo de este estos años en el Verde.
En su mensaje público de despedida, la profesional enfatizó la riqueza de los vínculos creados, un aspecto que reafirma en el diálogo: «Me quedo con un crecimiento personal invaluable. Conocí a una infinidad de personas extraordinarias: mi grupo de compañeros de trabajo, que han sido el sostén más estable a lo largo de todos estos años; colegas de otros clubes con los que intercambié experiencias en cada cancha que pisamos; cuerpos técnicos, dirigentes y cientos de jugadores que pasaron por la institución. Todo eso te enriquece de una forma que trasciende lo profesional».
Al ser consultada sobre qué le diría a aquella joven graduada que hace nueve años ingresaba con incertidumbres y expectativas al club, Sara no duda un instante: «Le diría que no lo dude ni un segundo, que le dé para adelante con todo, porque el camino recorrido valió absolutamente la pena».
Asimismo, la profesional destacó la calidez de la comunidad juninense que rodea al club y la tranquilidad de saber que los afectos construidos perdurarán más allá de su función oficial: «Lo hermoso de Sarmiento y de Junín es que somos una comunidad local, somos todos de acá. Por eso sé que nos vamos a seguir encontrando en la vida cotidiana o en la cancha. De mi parte, solo quedan palabras de un eterno agradecimiento hacia todo el club y su gente por estos años inolvidables».
Sara Vozzi cierra así una etapa dorada en el Club Atlético Sarmiento. Se va una profesional que llegó en la etapa de formación y se retira habiendo transformado el área de nutrición de la institución en una estructura moderna de Primera División. Se despide dejando un legado de trabajo, evolución constante y, por sobre todas las cosas, un camino recorrido con el corazón.
“ESTAR CON EL JUGADOR
Y EL CUERPO TÉCNICO TE
BRINDA UN APRENDIZAJE QUE
NO TE DA NINGÚN LIBRO».







