Por Gustavo Romans
El triunfo en política es más que «hambre de éxito». Se requiere inteligencia, estrategia, convicción y trabajo. Si bien el deseo de avanzar es fundamental, los liderazgos tienen otros pilares. La persistencia, la estrategia y el método son imprescindibles, pero curiosamente, sin ese “hambre” lo demás no funciona.
Las internas del PJ en Junín han dejado al descubierto la falta de solidez del movimiento obrero y el llamado “brazo territorial”. El Peronismo que amagó siempre con ser gobierno en la ciudad y que lleva 42 años, 3 meses y 6 días sin lograrlo, hoy muestra que no tiene todo lo que se necesita para ganar una contienda electoral.
El «peronismo new age» bajo liderazgo de la senadora Arata de formación radical pura (hija del dos veces intendente de Arenales y diputado provincial (MC) Rodolfo Arata) reúne, desde hace años, esas condiciones y supo interpretar mejor que cualquier peronista, el contexto del Peronismo, liderando un triunfo en internas de un partido al que no pertenece.
En un Junín de otros tiempos, la estrategia era de Damián Itoiz y la audacia de Mario Meoni. Así, habían logrado balcanizar al Peronismo varias veces. Otras, el Peronismo se partía solo. Esta vez, Arata fue más inteligente y consiguió desde adentro lo que es necesario para llegar con más músculo al 2027. De esta manera, se puede decir que ayer nació oficialmente el Aratismo.
En estas internas, el movimiento obrero no quiso y la territorialidad no pudo. Habrá quienes sostengan que más que un triunfo de Arata fue una derrota de los otros, que la súper estructura Axel / Sergio / Máximo, jugó a favor y hasta algunos desconfiados pensaran que dividir en dos listas fue una maniobra. Lo cierto es que la Senadora obtuvo lo que necesitaba rumbo al 2027.
Obviamente que nadie le quita valor a quienes integraron la lista. Ese «peronismo new age» no es un cachivache. Entre ellos hay valiosos cuadros que vienen trabajando desde hace mucho y sin duda han sido importantes en el armado. Pero es determinante la posición de Arata no esquivando su intención de ser candidata a intendenta de la ciudad el año que viene.
En la vereda de enfrente nadie levantó la mano para decir “yo quiero ser” y esa falta de decisión en nombres que podrían ser muy competitivos se pueden leer como improvisación, poco compromiso y falta de proyecto. La senadora no tuvo inconvenientes en mostrar su “hambre de éxito” y dejar en claro que trabaja para ser intendenta. De manera que, entre otros acuerdos, tenía la necesidad de un PJ aliado que la acompañe como principal opositora a lo que conocemos como Petrequismo y si bien esa batalla no la tiene ganada, ¿Quién puede discutirle el liderazgo para ir a una contienda como candidata a intendenta?
Vendrán reconfiguraciones, arrepentimientos, “zaranda” y nuevos aliados. La Cámpora, La Corriente y algunos militantes de agrupaciones más pequeñas parte del armado, intentaran a aportar su mirada al nuevo proyecto, tan amplio que, algunos están a favor del gobernador y otros en contra. Pero todos asumen que es el Frente Renovador quien tiene la última palabra en boca de Valeria.
¿Esto es bueno para el Peronismo? El tiempo lo revelará. Por ahora, no es menor que la compulsa haya mostrado cuantos votos tiene cada uno. Es una manera de ordenar, siempre que los derrotados no se ofendan y los ganadores no se la crean.
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