La foto con la Casa Histórica de Tucumán de fondo, rodeado de 18 gobernadores, fue el corolario de semanas de negociaciones y diálogos entre la Nación y las provincias, que no querían firmar sin garantías de entendimientos futuros.
A algunos les costó menos que a otros aceptar la invitación a Tucumán, pero todos terminaron convenciéndose por dos razones centrales: acuerdos por obras para sus distritos y no quedar marcados como los que ponen «palos en la rueda».
Ser acusados de estorbar en la gestión e impedir que Milei pueda realizar sus cometidos políticos parece ser una de las principales preocupaciones de los mandatarios provinciales por estos tiempos -algo que también sucede con dirigentes del peso en el PJ-.
Ninguno de los anoche presentes en la capital tucumana quiso asumir ese papel y optó por sumarse al retrato oficial.
Ahora, cada uno de los asistentes intentará hacer valer ese favor, especialmente los más alejados del pensamiento libertario, a quienes les dolió más posar junto al jefe de Estado y esbozar una sonrisa.
«Vinimos a firmar, cumplimos, ahora tiene que responder el gobierno», ilustró un gobernador con moderada relación con la Casa Rosada.
Pensar que esta foto significa que ahora Milei tendrá el camino allanado en el Congreso para aprobar todas las reformas que considere necesarias para cumplir con los diez puntos del Pacto de Mayo sería aventurado e inocente.






