El desorden del sistema de salud público y privado convirtió a las salas de guardia y de atender emergencias, como fueron siempre, a embudo de las consultas médicas.
Es la conclusión a la que arriba por un relevamiento efectuado entre el 1° de marzo y el 31 de mayo pasados en 28 centros privados en la Capital, el conurbano bonaerense y las provincias, a cargo de la Comisión de Directores Médicos de la Asociación de Clínicas, Sanatorios y Hospitales Privados de la República Argentina y la Cámara de Entidades de Diagnóstico y Tratamiento Ambulatorio (Adecra+Cedim).
El resultado muestra que un 2,6% de las consultas analizadas eran de alto riesgo, con peligro de vida y necesidad de atención inmediata, mientras que en otro 12,9% se consideró durante el triage que eran de riesgo medio.
De modo que nada menos que el 84,5% restante de las atenciones encuadran como de bajo riesgo para ser tratadas como emergencias, lo que más que duplica el porcentaje de bajo riesgo que es normal en sistemas de otros países, entre 37 y 40%.
No es de extrañar que, en consecuencia, se traslade semejante volumen de demanda a la duración de los turnos: uno de cada cuatro pacientes tuvo que esperar más de dos horas en el horario vespertino (a partir de las 14), mientras en el rango horario de menor concurrencia a las guardias (de 6 a 11) el tiempo de espera descendía a media hora promedio .
Consultorios externos
La migración de especialistas fue espaciando cada vez más los turnos con especialistas en los consultorios externos y los pacientes prefieren acudir a las guardias, porque son de fácil acceso, disponibilidad de pruebas y de estudios.
La concentración de casos en el embudo de las guardias quedó en evidencia en el relevamiento efectuado con datos concluyentes: hubo en los tres meses 1.045.900 consultas en los servicios de emergencias.
La mitad (52%) fue entre las 14 y las 22, con una alta proporción (69,5%) de demanda de clínica médica.
La afluencia desborda el sistema de triage que aplica el 86% de los centros y sirve para estratificar el nivel de riesgo, y así asignarles a los pacientes la prioridad para la atención.
Una guardia médica hace referencia a la jornada laboral de 24 horas que realiza un facultativo en centros hospitalarios para garantizar la asistencia a los pacientes.
El impuesto a las ganancias a los trabajadores de salud, antes eximidos, que aplicó el gobierno nacional alteró la concurrencia de los planteles básicos y empezaron a faltar médicos y médicas que cubran guardias.
Es que muchos profesionales de la salud están en el límite entre pagar y no pagar el impuesto ganancias, de manera que hacer una guardia implica trasponer el límite no imponible: algunos no la cobran y otros directamente no la hacen.
Por más que se tuvieran los planteles básicos de guardia cubiertos, siempre se necesitarían cubrir licencias, vacaciones y enfermedades.
Y también picos de demanda, como durante el invierno o la temporada de dengue, y con los efectos menos deseados.
Incluyen, en el caso de los pacientes, desde un retraso en el inicio del tratamiento, que se retiren en contra de la recomendación médica o sin una evaluación completa, o que consulten de manera recurrente hasta aumentar la agresión y la violencia.






