Por Redacción Grupo La Verdad
La industria textil argentina atraviesa uno de los momentos más críticos de las últimas décadas, con indicadores que reflejan una contracción profunda de la actividad y un escenario de alta incertidumbre hacia adelante. Según datos de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), en enero el sector registró una utilización de apenas el 24% de su capacidad instalada —el nivel más bajo desde el inicio de la serie en 2016— y una caída interanual del 23,9% en su índice de producción.
El dato cobra mayor dimensión al compararlo con el conjunto de la industria, que durante el mismo período operó al 53,6%, evidenciando que el rubro textil se encuentra entre los más golpeados del entramado productivo nacional. La situación abarca a toda la cadena, desde la fabricación de insumos hasta la confección de prendas, el cuero y el calzado.
A este cuadro se suma el impacto del frente externo. Solo en febrero ingresaron al país 12.800 toneladas de productos textiles por un valor de 32 millones de dólares, con un fuerte crecimiento de las importaciones de productos terminados. En contraposición, se redujo la compra de insumos básicos como hilados y tejidos, lo que profundiza las dificultades para la producción local.
Desde el sector advierten que esta dinámica genera una competencia cada vez más desigual, ya que muchas de las prendas importadas ingresan a precios que ni siquiera cubren el costo de la materia prima en Argentina. Esto no solo afecta la rentabilidad, sino que pone en riesgo la continuidad de empresas y puestos de trabajo.
ANAHÍ FRISINA
En este contexto, la empresaria textil de Junín, Anahí Frisina, brindó un crudo diagnóstico de la situación que atraviesa el sector, tanto a nivel nacional como en el interior bonaerense.
“Los números son escalofriantes. Estamos hablando de 20.000 puestos de trabajo perdidos desde 2023 y una capacidad de ocupación del 24%. En mis 17 años en la industria nunca viví una crisis así”, afirmó.
Para Frisina, el principal factor que explica la caída de la actividad es el crecimiento de las importaciones de productos terminados. “Hoy estamos recibiendo muchas más prendas confeccionadas que insumos para fabricar. El problema es que ese producto terminado entra a un costo menor que la materia prima que necesitamos nosotros para producir. Así es imposible competir”, explicó.
A esta situación estructural se le suma la caída del consumo interno, lo que configura un escenario de doble presión para las empresas del rubro. En su caso particular, que combina producción y comercialización, el impacto es aún más evidente. “Es una doble cachetada: por un lado los costos y la competencia externa, y por el otro la baja en las ventas en el comercio”, señaló.
En relación al avance de plataformas internacionales de venta online, la empresaria advirtió que representan un desafío creciente, especialmente en determinados segmentos del mercado. “Hay productos que la gente compra sin miedo afuera, como la ropa deportiva, y eso compite directamente con lo que hacemos acá. No todo lo ofrecen esas plataformas, pero en algunos rubros el impacto es muy fuerte”, indicó.
Frente a este panorama, consideró que el sector deberá adaptarse a nuevas condiciones para poder sostenerse en el tiempo. “Muchas empresas van a tener que migrar a un sistema híbrido: fabricar en Argentina aquello en lo que somos competitivos, como el algodón, y complementar con importaciones en los productos donde no tenemos escala o tecnología”, analizó.
No obstante, también cuestionó algunas lecturas sobre el pasado reciente de la industria. “Se dice que la industria estuvo protegida durante años, pero la realidad es que muchas veces no pudimos crecer por la imposibilidad de incorporar tecnología. Yo misma intenté durante años importar maquinaria y no pude por la carga impositiva y la burocracia”, remarcó.
En el plano local, la empresaria aseguró que logró sostener su estructura productiva y el nivel de empleo, apoyada en una marca consolidada y una cartera de clientes fiel. Sin embargo, advirtió que la situación es crítica para gran parte del sector. “Muchos colegas tuvieron que achicar, cerrar locales o reducir personal. Es una realidad muy extendida”, sostuvo.
PÉRDIDA DE EMPLEO
En ese sentido, puso el foco en la pérdida de empleo como uno de los aspectos más preocupantes de la crisis. “Cuando una pyme pierde un puesto de trabajo, es muy difícil recuperarlo. Y detrás de cada uno de esos empleos hay una familia. No es un número, es una realidad social muy fuerte”, expresó.
Finalmente, Frisina advirtió que el futuro inmediato es incierto y que no hay claridad sobre cómo evolucionará el sector en los próximos meses. “No terminamos de entender hacia dónde va la industria. Es uno de los sectores más golpeados y todavía no se ve una salida clara”, concluyó.
Con este panorama, la crisis textil no solo refleja un problema sectorial, sino que también expone las tensiones de un modelo productivo en transformación, con impacto directo en ciudades del interior como Junín, donde la industria y el comercio local cumplen un rol clave en la economía y el empleo.
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