Mochila, ilusión y pasaporte. Darío Quagliaroli se dio el gusto de cumplir una promesa y vivió la Copa del Mundo junto a su hija. Fueron 10 días en los que el fútbol, la pasión argentina y Messi se mezclaron en una experiencia que ya quedó para el recuerdo.
«Vi dos partidos de Argentina, el tercero no tenía entrada. Vi el partido con Cabo Verde y contra Egipto», contó Darío a la vuelta. Dos encuentros que no fueron para cardíacos débiles.
El duelo ante Cabo Verde se llevó la euforia. Pero el partido que más lo marcó fue el de cuartos ante Egipto.
«Más allá del fervor y el aliento argentino, sufrí más contra el conjunto de Egipto. En algún momento la vi feo, me entregué», reconoció. La característica del Mundial, según él, fue el trajín: «Tenés que moverte mucho, de un lado para el otro». Y en el medio se cruzó con caras conocidas: «Vi mucha gente de Junín y de otras partes del país».
La historia del viaje empezó en enero. «Los vuelos los compré en enero, le había prometido a mi hija que íbamos a ir sobre todo porque era el último mundial de Messi». Su hija vive en Buenos Aires, estudió periodismo deportivo y relaciones del trabajo y comparte con él la pasión por la pelota.
«Pude compartirlo con mi hija, le gusta mucho el fútbol. Es una doble experiencia, el resto de la familia nos apoyó». Las entradas llegaron por dos vías: dos para Cabo Verde se las consiguió un proveedor y la de Egipto la compró por la página oficial «sin saber si íbamos a pasar».
Para Darío, lo más fuerte no fue solo el partido. Fue todo lo que pasa alrededor.
«Lo emocionante es el antes y el después. Estar in situ es distinto, entrar a un local de comida y ver a todos cantando. Solamente el argentino puede generar esto, es una invasión de argentino». Y le dedicó un párrafo aparte a Messi: «Ver a Messi a los 39 años como atleta y deportista es increíble».
«Seguramente sea por lo que despierta Messi, está en el pecho de muchos hinchas en el mundo. Las más admirada es Argentina, por la pasión y por la entrega».
Con la cabeza ya puesta en lo que viene, Darío palpitó el partido del próximo miércoles ante Inglaterra.
«La veo brava, es una final anticipada. Inglaterra es un equipo solo y fuerte. Será un partido duro. Veo a nuestros jugadores cansados, espero que algunos también despierten».
Diez días, dos partidos, una hija al lado y la camiseta argentina en el pecho. Para Darío Quagliaroli, el Mundial ya es un recuerdo imborrable desde Junín.






