Por Mariano Fernández Martín
La discusión por la conducción del Partido Justicialista de Junín excede largamente la disputa de cargos. Lo que está en juego es qué peronismo se expresa, a quién representa y con qué legitimidad puede volver a interpelar a la sociedad. En ese escenario, la figura de Gustavo Traverso reaparece como síntesis posible de un debate que el PJ local viene evitando.
Dirigente incómodo para algunos y necesario para otros, Traverso encarna una forma de hacer política atravesada por convicciones ideológicas, conflicto y debate interno, en tiempos sobran acuerdos de superficie y faltan discusiones de fondo.
El debate por la conducción del Partido Justicialista de Junín no es una cuestión administrativa ni una simple disputa de nombres. Es una discusión política de fondo: qué peronismo se expresa, a quién representa y con qué legitimidad pretende volver a ser una herramienta de transformación. En ese escenario, Gustavo Traverso aparece como una figura que interpela, convoca y obliga a discutir.
Traverso no es un dirigente cómodo ni busca serlo. Dice lo que piensa, disputa poder y se corre de las lógicas de conservación que fueron vaciando de contenido a la vida partidaria. En un peronismo local acostumbrado a administrar equilibrios frágiles, su presencia rompe la inercia. Y en política, romper la inercia suele ser el primer paso para volver a caminar.
Su recorrido político no responde al pragmatismo inmediato ni al cálculo permanente. Su concepción del peronismo es clara: el partido como herramienta colectiva y transformadora, no como estructura de administración del desgaste. Esa definición, hoy, es una toma de posición.
Farmacéutico de profesión, con experiencia legislativa y ejecutiva, Traverso fue concejal, senador provincial y protagonista de políticas de desarrollo social tanto en Junín como a nivel nacional. No es una figura construida al calor de la coyuntura ni importada. Es parte de una generación que entiende la política como conflicto, debate y construcción colectiva.
Cuando cuestiona la falta de representatividad partidaria o el agotamiento de los métodos de conducción, no lo hace desde la crítica fácil, sino desde adentro, asumiendo el costo de incomodar. Democracia interna, debate y autocrítica no son consignas: son condiciones para recuperar legitimidad.
Esa coherencia también se expresa en su mirada sobre el presente: la defensa del medicamento como bien social frente a su mercantilización, la protección de la farmacia barrial y una posición clara frente al modelo neoliberal que impulsa el gobierno nacional.
El peronismo de Junín enfrenta una encrucijada: seguir administrando su desgaste o animarse a discutir su futuro. Pensar a Gustavo Traverso como una posible síntesis no es un gesto nostálgico. Es, quizás, asumir que las etapas nuevas no se construyen desde la comodidad, sino desde la decisión política de volver a dar pelea.
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