Por Redacción Grupo La Verdad
María José Salinas, a cargo de una firma de ropa local de indumentaria infantil, contó sobre el avance que ha desarrollado a lo largo de los años y que se consolidó con la ocupación de la antigua fábrica “Antonelo”, en la sede de Lebensohn y Vásquez Diez.
En diálogo con Grupo La Verdad, la empresaria explicó que “nosotros hace muchos años tenemos Coccole, un negocio de venta de ropa de chicos, y un día nos decidimos a fabricar. Y pudimos instalarnos en lo que fue la legendaria fábrica Antonello, en Lebensohn y Vásquez Diez, un lugar histórico”.
Junto a su esposo Carlos, “fuimos siempre distribuidores, en el 2018 empezamos con esta idea original de cortar y coser cuatro pantalones, y fuimos expandiendo. Se fue comprando un poco más de telas, animándonos a hacer otra cosa… y nosotros ya teníamos dónde venderlo, que es lo difícil cuando se pone una fábrica, además de nuestro negocio”.
“Así empezamos de a poco, con bodys, remeritas, ranitas, enteritos… despacio, y fuimos creciendo. Hoy en Junín tenemos dos locales y varias camionetas viajando por el país, con nuestra marca y una ruta propia”, reseñó.
En esta antigua fábrica, María José dijo que “nos fuimos instalando de a poco, primero fue en un garaje y como conocemos a Gabriel Di Viesti, que tenían este lugar cerrado desde que se habían mudado al Parque Industrial, nos presentó su familia y fuimos alquilando de a pedazos el inmueble. Hoy tenemos activa la fábrica en un 80%”.
“Ya en las fábricas no se cosen las prendas. Nosotros tenemos corte y terminado, que significa planchar, poner el broche o estampar por ejemplo”, explicó, remarcando que al llegar “la fábrica estaba tal cual la habían dejado, hasta con las estanterías, solo hubo que limpiar, pintar y arreglar algunas cosas como la electricidad”.
María José destacó que “nos fuimos acomodando y hoy logramos alquilar también la parte de arriba, una obra que nos llevó bastante tiempo arreglar. Las máquinas que usamos son nuestras, pero sin costura, solo para hacer algunos arreglos”.
“Hoy se usa que las costuras las hagan mujeres solas en sus casas o talleres pequeños con muy pocos empleados, tenemos en Ascensión, Chacabuco, Junín, Arribeños”, agregó.
Además, subrayó que “tenemos muchos colaboradores jóvenes, porque la fábrica da la posibilidad de trabajar y estudiar. Se pueden acumular horas, al otro día concurrir a cursadas… y además es un oficio que hay que aprender, porque nadie sabe, así que hay que enseñarle a cada uno”.
“Lo que nos pasa es que estamos relacionados con mucha gente que estuvo en Antonelo, como la persona que nos arregla las máquinas o el primero que nos cortó las babuchas, que nos contaba que al principio entró para acomodar las telas y después fue aprendiendo a cortar. Se daba el tiempo y hoy parece que hay que aprender rápido, cuando además no hay lugares que enseñen”, evaluó.
Con esta producción propia, Salinas dijo que “los costos se achican un montón y se puede representar en los precios, además de poder decidir qué hacer. Estar en el mostrador deja ver qué falta, así que en base a esto se produce según la venta que ya se sabe qué se le va a pedir”.
“Estas cosas se van corrigiendo con tiempo, porque nosotros ahora ya estamos haciendo las listas y planificando la temporada de invierno próxima, mientras ya estamos fabricando lo del verano”, explicó, y contó que “ahora incorporamos una máquina y estamos fabricando también medias”.
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