Hay paisajes que imponen respeto por su majestuosidad, pero que también exigen la máxima fortaleza física y mental a quienes deciden enfrentarlos. En el marco de la cuarta edición de la Winter Swimming World Cup 2026, celebrada en El Calafate con el imponente Glaciar Perito Moreno como telón de fondo, la nadadora juninense Elizabeth Garozzo inscribió su nombre en una de las disciplinas más extremas y fascinantes del atletismo acuático internacional: la natación en aguas heladas.
Durante tres jornadas de intensa exigencia deportiva, Garozzo representó con orgullo al Club Junín compitiendo en distintas modalidades y distancias. En el primer día de certamen, afrontó la prueba de los 100 metros libres; durante la segunda jornada completó los extenuantes sprints de 25 y 50 metros; mientras que el tercer día coronó su actuación en la prueba de 300 metros en aguas abiertas, la distancia que más disfruta y que representó el mayor reto técnico de su estadía en el Sur santacruceño.
A diferencia de otras actividades acuáticas de invierno, esta competencia internacional se rige por un reglamento estricto de nado de invierno (Winter Swimming): sin traje de neopreno, vistiendo únicamente la malla de competición tradicional, antiparras y gorro. En diálogo exclusivo con el programa D 1470, la representante local repasó los pormenores de un viaje personal que combinó disciplina, control mental y un riguroso plan de entrenamiento adaptado a la geografía juninense.
Para Elizabeth, el camino hacia las aguas gélidas no fue fruto de una larga trayectoria en la disciplina, sino el resultado de un espíritu curioso y determinante: «Yo hace muy poco que empecé a nadar, hace apenas dos años», comenzó relatando la atleta al recordar los orígenes de esta iniciativa. «El año pasado empecé a investigar un poco sobre natación y, buscando en internet, me empezaron a llegar publicaciones sobre nadadores de agua fría. Dije: ‘Ah, mira, esto se hace en Argentina’. Justo a la semana empezaba la tercera edición en El Calafate».
Ver la templanza y la felicidad de los participantes al salir de un entorno tan hostil como el lago Argentino encendió una chispa ineludible en la nadadora: «Veía que salían super felices de nadar en aguas gélidas, a 2 grados y con el escenario del Perito Moreno de fondo. Dije: ‘¿Qué tal si hago esto?’. Algo se me empezó a encender, ese fuego interno de querer probarlo, y empecé a investigar qué preparación se requería», detalló.
El abordaje no fue improvisado, Elizabeth comenzó a contactarse con deportistas experimentados en la especialidad a nivel nacional, entre ellos el reconocido nadador Fernando Cruz, quien en la edición anterior se había alzado con medallas de oro y bronce en la modalidad de estilo pecho. «Fernando fue una de las personas que más me ayudó al principio, me aconsejó empezar con duchas de agua fría en casa y luego realizar inmersiones progresivas en los espejos de agua que tuviéramos cerca».
Adaptar el cuerpo y la mente para ingresar a un espejo de agua a temperaturas cercanas al punto de congelación representa un desafío superlativo, en especial entrenando en la pampa bonaerense, donde las condiciones térmicas difieren drásticamente del clima patagónico. Sin embargo, Garozzo estructuró una rutina multidisciplinaria para acortar esa brecha.
Por un lado, la nadadora continuó con su plan de natación tradicional y de perfeccionamiento técnico bajo la disciplina del Club Junín. Sin embargo, de forma paralela debió someterse a un acondicionamiento térmico extremo que incluyó duchas heladas cotidianas, mantenidas de manera ininterrumpida durante todo el año para acostumbrar los receptores cutáneos al choque inicial. A esto se sumó el nado invernal en la Laguna de Gómez a partir de agosto del año pasado, donde Elizabeth comenzó a adentrarse en las aguas del Parque Natural sin traje de neopreno. Según explicó, la Laguna alcanza unos 8 grados en lo más profundo del invierno, lo que resultaba lo más cercano a mano para sumar metros a pesar de no llegar a los valores extremos de Santa Cruz.
Por otro lado, para simular los rangos térmicos específicos de la competencia, recurrió a la crioterapia y tecnología de recuperación en Center Recovery mediante el uso de piletas especializadas. En este proceso comenzó con agua a 12 grados y fue bajando paulatinamente a 8 grados durante lapsos de 3 a 5 minutos. Con el paso del tiempo, la temperatura de la máquina se redujo hasta el límite de los 5 grados para sostener inmersiones de hasta 20 minutos, tiempo estimado de exposición continua que afrontaría en las pruebas más largas.
Al ser consultada sobre las sensaciones corporales y la mecánica respiratoria al momento de sumergirse en un entorno de 2 °C, Elizabeth remarcó que la clave no reside únicamente en la resistencia física, sino en la fortaleza psicológica: «La respiración es pura concentración; es estar sumamente conectado con la mente para evitar que se dispare el pánico. El shock térmico provoca una reacción instintiva inmediata: la mente se acelera y el cuerpo empieza a enviarte señales desesperadas de que tenés que salir de ahí inmediatamente. Yo practiqué muchísimo esto durante las sesiones de crioterapia: hacer respiraciones profundas, pausar el ritmo cardíaco y dominar ese impulso. Es un 90% de control mental, y como todo en el deporte, se entrena y se ejercita».
Respecto a los riesgos inherentes a una disciplina clasificada dentro de los deportes extremos, Elizabeth fue categórica sobre la importancia de la responsabilidad y el progreso gradual: «Siempre hay riesgos en lo extremo, pero si uno lo hace de manera consciente, escuchando y conociendo los propios límites de su cuerpo, el riesgo se minimiza. Jamás podrías meterte a 2 o 5 grados de golpe sin haber pasado antes por un proceso paulatino».
La Winter Swimming World Cup 2026 convocó a nadadores de elite y aficionados de distintos rincones del planeta. Atletas provenientes de Rusia, Alemania, Suiza, España, México, Chile, Perú y diversos puntos de Sudamérica se dieron cita en la villa turística santacruceña para medir sus fuerzas en las estructuras flotantes montadas frente al paredón de hielo.
«Es un torneo verdaderamente internacional, si bien lógicamente hay una gran presencia de nadadores argentinos y locales de El Calafate por una cuestión de cercanía, se vio una delegación extranjera enorme. Los rusos y los alemanes tienen una tradición y una fortaleza impresionante en aguas heladas, al igual que los competidores chilenos. Sin embargo, Argentina tiene nadadores de un nivel superlativo; de hecho, la ganadora de la categoría general femenina fue una nadadora de Ramallo que practica la modalidad NAF (Natación en Aguas Frías)».
Asimismo, la deportista marcó la distinción técnica que existe en el ámbito náutico entre aguas frías y aguas heladas o gélidas: mientras que la natación en aguas frías abarca temperaturas por debajo de los 12 o 15 grados, la categoría de agua helada o gélida exige por reglamento que el lago o río se encuentre estrictamente por debajo de los 8 °C.
El logro de Elizabeth Garozzo es también un reflejo del trabajo de formación y acompañamiento que se realiza en las instituciones deportivas de nuestra ciudad. La nadadora expresó su profundo agradecimiento al cuerpo técnico que la acompaña cotidianamente en el Club Junín, mencionando a sus formadores Marcela Crottollini y Luján Lugli.
Entre risas, Elizabeth recordó la reacción inicial de sus entrenadores cuando les planteó el proyecto de nadar frente a un glaciar: «Cuando le fui con la idea a Marcela, me miró y me dijo: ‘¡Ay, Eli! ¿En qué te estás metiendo?’. Pero me apoyaron desde el primer momento. En el club nadamos todo el año, hacemos la temporada de verano, competimos en piletas climatizadas en invierno y participamos de carreras de aguas abiertas y postas en lugares como San Pedro, representar al Club Junín siempre es un orgullo».
Lejos de considerar esta travesía como un hito aislado o un punto de llegada, la experiencia en El Calafate renovó las ambiciones deportivas de la representante local. Con la mirada fija en los próximos años, Garozzo ya proyecta sus próximas participaciones y hasta incluso sueña con la máxima cita de la especialidad: «Esto no termina acá; al contrario, recién empieza, para la próxima edición ya me siento con la confianza y la preparación para medirme en la prueba de 450 metros de resistencia, que es una distancia a la que esta vez prefirió no anotarme por ser mi primera experiencia. Y más a largo plazo, para el año 2028, está proyectado que El Calafate sea sede de la Champions League de Aguas Gélidas, que vendría a ser el Mundial de la disciplina. La meta principal es seguir entrenando para poder estar presente ahí».
Malla tradicional, agua a 2 grados y un paisaje de majestuosidad blanca e infinita. Más allá de las marcas registradas en el cronómetro, Elizabeth Garozzo regresó a Junín habiendo completado un desafío personal que trasciende la mera competencia deportiva: «A todo el mundo le digo que si tiene la oportunidad de ir a ver o de vivir una experiencia así, que lo haga. El escenario del Calafate te impacta de tal manera que, por unos momentos, te olvidás del frío. Tenemos una Patagonia que es maravillosa y ese entorno le da un plus fascinante a la carrera. Es algo único e irrepetible», concluyó la nadadora.







