Por Andrés Lavaselli
Las tensiones políticas que atraviesan al peronismo en la provincia se complejizaron en las últimas horas. El escenario donde eso se revela es el Senado provincial. Allí, la disputa ya no es solo entre cristinistas y axelistas. Ahora, son el massismo y el camporismo los que terminaron enfrentados, en una pulseada que atañe a un resorte estratégico del poder real: el control del dispositivo que permite influir en el poder judicial. Además, inesperadamente emergió contra ese telón de fondo el fastidio del aún influyente Martín Insaurralde con Máximo Kirchner, que agrega incertidumbre.
Al principio, la pelea en la cámara Alta pareció solo el enésimo capítulo de la interna entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner. El año arrancó con una disputa por las autoridades, que ganó el Instituto Patria al colocar a Mario Ishii en el sillón número tres de la línea sucesoria del Gobernador y a Sergio Berni al mando del bloque. Ahora se trataba de repartir las comisiones, pero el clima siguió tenso y esta vez tampoco se pusieron de acuerdo. Verónica Magario ensayó una salida “por arriba”: decretó los nombres para cada comisión, pero sin el suficiente consenso previo y todo terminó peor que antes, en una reunión donde hubo insultos y gritos.
El foco más importante de disputa en la cámara Alta es la presidencia de Asuntos Constitucionales y Acuerdos (ACA), donde Magario sentó a Malena Galmarini, la esposa de Sergio Massa. El camporismo estalló de inmediato. ¿Por qué? Esa comisión trata los pliegos de designación de fiscales y jueces, incluidos los de la Corte. Estaba a cargo de Emanuel González Santalla, cercanísimo de Máximo. Y forma parte de un entramado de lobby que incluye el rol de Juan Martín Mena en el ministerio de Justicia y al diputado Facundo Tignanelli en el Consejo de la Magistratura. Sin Santalla en ACA, al Patria se le rompe el trípode judicial.
El camporismo le facturó a Kicillof la jugada de su Vice: “traicionó un acuerdo previo”, dijeron. Berni, peleadísimo con Magario, amenazó con una impugnación para la que no aparecen razones formales claras. Pero el Frente Renovador, beneficiario directo en detrimento de sus aliados del Instituto Patria, hasta ahora aceptó la designación sin recibir ninguna crítica. En cambio, le cayeron a Kicillof, que se corrió de la pelea: se dio por satisfecho con retener Legislación General, porque le sirve para evitar que copen la agenda con proyectos como el que presentó Ishii, para exponer el corte del programa alimentario MESA.
El oficialismo en el Senado quedó tan atravesado por esa eclosión de peleas que Magario, en la práctica, ensaya un plan osado: funcionar a partir de acuerdos con la oposición. “Está todo trabado”, se justifican en su entorno. El fastidio de Insaurralde con Kirchner es otro factor: Martín le reprocha a Máximo los dos últimos cierres electorales. Algo ahí no salió como él pidió que saliera y la relación está resentida. Pese a su defenestración pública, el tripulante del Bandido sigue controlando diputados y al menos un senador. Que haya filtrado justo ahora su descontento abre una incógnita: ¿seguirá jugado a favor del cristinismo en la Legislatura?
Teresa García le dio a Nancy Pazos la declaración más comentada de la semana: “Sí”, respondió ante una pregunta sobre si el candidato a presidente debería ser “un nuevo Cámpora”. En 1973, Héctor J. Campora fue candidato, ganó y luego de levantar la proscripción a Juan Perón, renunció para que el viejo líder ganara la presidencia en elecciones. ¿Trasladado a la actualidad, quieren lo mismo para CFK? Oscar Parrilli dijo en Santa Fe, horas después, que “hay que pedir la libertad de Cristina para que sea candidata”. Obviamente, para el MDF es el blanqueo del plan real contra Axel, el papel que quieren, en el mejor de los casos, asignarle.
El doble comando amarillo
Patricia Bullrich había despejado una incógnita bonaerense la semana pasada, al correrse de la posibilidad de jugar en Provincia con un video en el que parecía sugerir que su territorio sería la CABA. Pero después de su embestia contra Manuel Adorni, nadie le cree que no contemple al menos la posibilidad de ir tras un objetivo superior: ser una pieza de recambio de Javier Milei. Son muchos los que ven detrás del movimiento a Mauricio Macri: “los libertarios deglutieron a los amarillos en 2025, ahora los PRO podrían querer deglutir a los violetas en 2027”, describe un viejo conocido del expresidente.
El lunes, Cristian Ritondo encabezó una reunión con intendentes a la que sumó a Diego Santilli. Es la evidencia de una especie de doble comando en PRO: al menos en PBA, esa dupla se mueve por fuera del control de Macri. “Hay que sumar a los radicales e ir con los libertarios sin internas”, dijo, palabras más o menos, el Diputado. Obvio, que el candidato de unidad desde ese punto de vista es el ministro de Interior. Pero para eso falta mucho. Antes, buscarán con Sebastián Pareja ordenar las internas locales, donde los libertarios a veces enfrentan más a los alcaldes PRO que los peronistas. La hipótesis detrás de esa urgencia es que la PASO seguirá vigente en PBA.
La UCR, por una vez, evitó una interna: hubo acuerdo de unidad y “Maxi” Abad ratificó su liderazgo al colocar al nuevo presidente, Emiliano Balbín. El resto de los sectores se llevaron lo suyo: los pullaristas-loustoistas de Futuro y también el que responde a Miguel Fernández. Pero el entendimiento es solo táctico, basado en que a nadie le convenía una elección. El futuro sigue, en cambio, sin resolverse: en el partido convive una línea que conversa con Mieli-Pro, otra que habla con Kicillof y otra más en el centro. Disputarán desde ahora que dirección tomará el partido: si jugará unido en todos los niveles en 2027 o habrá libertad de acción parcial como en 2025.
Fuente: Agencia DIB.






