Por Gustavo Romans
El abuelo Pancho solía contar historias de compatriotas. No eran gestas heroicas. Eran escenas domésticas de gente tratando de ganarse la vida. Una de esas historias transcurrío en Procida (Italia), isla de pescadores, a comienzos de siglo pasado.
Dos familias: los Mazzella y los Lubrano. Ambas salían al mar abierto con redes, a buscar oratas, spigolas y cernias. Vendían en la isla y algo en Nápoles. El mar era el mismo, los barcos parecidos, el riesgo idéntico.
Los Mazzella no eran más audaces ni más inteligentes. Eran ordenados. Tenían discusiones, pero sabían dónde terminaban. Las redes estaban listas para usarlas. Había un liderazgo aceptado (Don Vincenzo) y una idea clara: Pescar. Sin épica, fueron creciendo.
Los Lubrano tenían problemas. Discutían todo. Pero, sobre todo, por las redes de pesca. Quién las había comprado, quién tenía derecho a usarlas, quién mandaba. Las peleas empezaban antes de salir y seguían arriba del barco. Por eso salían tarde, volvían antes o perdían mareas completas. Algunos terminaron trabajando para los Mazzella o para familias amigas de los Mazzella, a cambio de una mensualidad o un favor. No porque el mar los rechazara, sino porque nunca lograron ponerse de acuerdo entre la familia. De allí la “vendetta”.
En Junín, el peronismo se parece a los Lubrano. Desde 1983, nunca ganó una elección a intendente. No por falta de mar, sino por una persistente tendencia a confundir la herramienta con el objetivo.
El 15 de marzo se elige la conducción del Consejo del Partido Justicialista. Es una interna partidaria, pero no menor: de ahí deberían salir las herramientas electorales que ordenen candidaturas, definan reglas y elaboren un proyecto atractivo para la sociedad.
En algunos sectores hay quienes trabajan para los Mazzella o para alguna familia de pescadores emparentada con los Lubrano, pero que juega para otro muelle. Se acomodan donde haya una reparación del barco, una ayuda económica o una promesa corta. Todo muy práctico, pero poco estratégico.
El problema es el mismo de siempre: se pelea por la red como si poseerla fuera sinónimo de ganar. Se discute el cargo antes que el proyecto. Se mide la interna antes que el pulso social. Y mientras tanto, no se pesca.
Hoy es el momento de mostrarle a Junín un proyecto sólido de cara a 2027. El peronismo aparece balcanizado, pendiente del lugar en la foto y no de la construcción colectiva. Todos tienen cañas de última generación, llenas de tecnología, pero sin unión cada uno pesca tres peces. Del otro lado, se organizan, pasan la red y levantan muchos votos de una sola vez. El radicalismo primero y el PRO después entendieron eso. No fueron impecables. Fueron eficaces. Discutieron menos la herramienta y se concentraron en usarla. Ojalá no se repita la historia de siempre. Eso del que gana conduce y el que pierde… se une con la contra.
Tengo mis dudas. El peronismo de Junín sigue mirando la red como un trofeo. El problema es que, mientras discute quién la sostiene, otros ya están volviendo del mar con la bodega llena.
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