Según la tradición sanmartiniana el 29 de enero de 1823, al pie del paso del Portillo San Martín de regreso del Perú, luego de su histórico renunciamiento, habiendo partido de Chile a mediados de enero, se encontraba con el otrora cadete del regimiento de granaderos a caballo, entonces Coronel Manuel Olazábal quien en conocimiento de su llegada a Mendoza había salido a su encuentro para recibirlo, al bajar este, la cumbre de los Andes. Pronto advirtió que quien se acercaba era aquel a quien había ido a esperar anheloso de ser el primero en saludarle al pisar de nuevo tierra argentina; el caballero que presidía la caravana era el generalísimo del Ejército del Perú. «El general San Martín, – escribió Olazábal al relatar la escena años después,- iba acompañado de un capitán y dos asistentes; dos mucamos y cuatro arrieros con tres cargueros de equipaje”.
El hombre que había decidido la suerte de estados opulentos vuelve sin más afán y ambición que el de descansar en su ínsula cuyana luego de tantos años de penurias, sacrificios y desvelos.
En su última travesía del cruce del coloso andino montado en una mula zaina, cubriendo sus sienes un guarapón de paja de Guayaquil (sombrero aludo) y cubierto su cuerpo cansado por un chamal (poncho chileno), símbolos casuales de su “Patria grande americana”, representa sin duda la magnitud de su gesta independentista.
Vestía un chaquetón y pantalón de paño azul, zapatos y polainas y guantes de ante amarillos. Su semblante decaído por demás, apenas daba fuerza a influenciar el brillo de aquellos ojos que nadie pudo definir.» Cuando se acercó, Olazábal se precipito hacia él y lo abrazó por la cintura, deslizándose de sus ojos abundantes lágrimas. El general le tendió el brazo izquierdo sobre la cabeza y lleno de emoción sólo pudo decirle: «¡Hijo!» Así regresaba a la patria, cruzando por última vez la cordillera de los Andes, el que hacía seis años la había tramontado en sentido inverso al frente de aquel valeroso ejército formado por él en Mendoza y cuyas victorias dieron la libertad a Chile para llenar después el grande objetivo de su empresa continental proclamando en Lima la independencia del Perú.
En la última semana de enero de 1823, ambos pernoctaron bajo un pabellón de ponchos armado en un manzano que se encontraba en el lugar. Al día siguiente continuó su viaje hacia Mendoza. Era gobernador en esos momentos el General Pedro Molina. El árbol que se señala como el que sirvió de albergue al Libertador y Olazábal, se secó a fines de la cuarta década del siglo pasado. En la actualidad crece en ese lugar un retoño, que sería la tercera o cuarta generación, del árbol a cuya sombra estuvo San Martín. Lo cierto es que ese Manzano Histórico le da nombre a la zona.
Luego de arduas gestiones la Asociación Cultural Sanmartiniana de Junín pudo conseguir un retoño de tan simbólico manzano que será plantado al lado del busto del Gral. San Martín en la plaza Francia ( Avda. San Martín y Alberdi) el día en que conmemoramos el fallecimiento de tan grande héroe, 17 de agosto de 2023 a las 14 y 45.
Fuente: Asociación Cultural Sanmartiniana de Junín
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