Por Claudia Birello
Para Grupo La Verdad
El acto se produjo cuando además, la entidad deportiva cumple sus primeros 22 años de vida.
Así como el domingo pasado, La Verdad reflejaba las palabras pronunciadas por el entonces presidente del Club Sarmiento en el que repasaba los 22 años de historia, vale rescatar la crónica de aquella jornada de abril de 1933, cuando la inauguración de sus nuevas instalaciones.
La Verdad, 4 de abril de 1933 – Un grupo numeroso se concentró anteayer en el nuevo campo de deportes del Club Atlético Sarmiento, sito sobre la prolongación de calle Arias, con motivo de la inauguración oficial de las dependencias del mismo.
Ese mismo público que en la mayoría de las veces se constituye en el mejor de los jueces, tuvo, al contemplar las confortables instalaciones que el viejo club dejaba libradas a sus asociados, palabras elogiosas para los dirigentes, que después de tantos años de contínua lucha, veían cristalizados sus esfuerzos.
Luego de cumplido el desarrollo de varias pruebas atléticas, el presidente de la Institución, señor Miguel Massi, pronunció un discurso El señor Massi, al terminar, fue objeto de una estruendosa ovación. Siguióle en el uso de la palabra, el señor Juan José Martinelli.
El presidente de las doce temporadas se expresó de la siguiente manera: Henos en un alto del camino que estamos recorriendo y nuestro pensamiento a través de los años pasados, se detiene para recordar el momento preciso, que un grupo de jóvenes pletóricos de entusiasmo y fe, dieron vida a nuestro querido Club.
Los Behety, Pincetti, Gerosa, Negretti, Bono, Maldes, Pérez, De Césari, Metetieri, Stamboni, , debieron soñar con una Institución grande, presintieron en ese paso dado hace 22 años, que era fecunda la simiente que arrojaban en tierra fértil y que en el andar de los años se ha ido vigorizando sin detenerse un momento en su progreso y en sus ansias de superación.
Adivino el orgullo, la satisfacción con que los fundadores han podido hoy concurrir a esta fiesta, modesta en su forma, pero amplia, enorme en su significación, porque es el resultado de la acción tesonera, sin desfallecimientos ni claudicaciones de los que han tenido el honor de dirigir sus destinos y del concurso desinteresado, anónimo, pero siempre entusiasta de los asociados y simpatizantes, materializado en este campo de deportes y las nuevas instalaciones que estamos inaugurando. Y debemos reconocer otro factor que se ha usado en estos últimos tiempos, para hacer más fácil la obra, el concurso desinteresado de muchas personas a quien no les une al club otros lazos que los de ser generosos con toda obra útil.

Estamos de fiesta y si hoy nuestro club se viste de gala y quiere conjuntar con los demás su alegría, deteniéndose un momento a contemplar la obra realizada, lo hace con el fin de retemplar la fe y el espíritu para la nueva jornada que le espera en ese amplio e interminable camino de progreso.
Y para ello es necesario que todos aquellos que sienten y quieran de verdad los verdes colores, estrechen más las filas, depongan egoísmos, mantengan el entusiasmo nunca desmentido y muchas veces probado, en la seguridad que su acerbo material y moral será cada vez mayor. Queremos una Institución grande, querida y respetada de todos, que sea el orgullo de esta ciudad, y los que estamos hoy al frente, como sus fundadores, no hemos escatimado ni escatimaremos esfuerzos para conseguirlo.
Un largo y sostenido aplauso se oyó en el amplio campo, una vez que el señor Martinelli puso fin a su alocución.
Cerró la serie de discursos el Dr. A. F. Piñeyro, cuyos términos reproducimos seguidamente.
Consocios, simpatizantes de Sarmiento Mis palabras no han de estirarse demasiado, ya que el actual presidente, Sr. Massi, y el que fuera durante tantos años director obligado de nuestro querido Club, Sr. Martinelli, me han eximido de hacer historia y me han remarcado la significación de este hecho auspicioso que festejamos. Por otra parte, no lo hubiera hecho. Soy de los que llegaron al club cuando el Sarmiento tenía ya un acervo de tradición que le fijaba su modalidad neta, el aporte nuestro –el de todos los que incorporamos energías para renovar las desgastadas en la diaria lucha- tiene su ideal en edificar el mañana, sobre la base sólida que encontramos, superándola siempre.
En esas condiciones aprovecho la oportunidad que se me brinda para esbozar mi punto de vista sobre el momento especial que vive nuestra institución.
Hasta ahora cultivábamos con preferencia el deporte popular, el foot ball, ese juego viril que exige la vitalidad y la energía que son patrimonio de la primera juventud: en su idioma ha escrito Sarmiento las páginas más brillantes de su historia deportiva y no podemos negar que a él debemos el lugar que ocupa nuestra institución en el sentimiento del pueblo.
Para los jóvenes y para nosotros que queremos serlo, ampliando las posibilidades de cultivar otros juegos deportivos (no los llamo atlético) para no limitar con un cerco demasiado estrecho las actividades del club librando al servicio de los socios, estas magníficas instalaciones que miramos complacidos pero no satisfechos.
Y en este acto al que se la ha querido dar el carácter de fiesta de las familias Sarmientistas, nuestros viejos defensores y animadores, depositarios ignorados de su tradición de lucha, han de mirarse extrañados tal vez, sin descubrir el motivo de su propia frialdad.

Desde ahí, tras el alambrado, el rectángulo de la cancha virgen de las caricias del juego, les diría de su añoranza…
Y en este nuevo aniversario que nos sorprende orgullosos de nuestra potencialidad y un tanto apagado el corazón del “hincha” quiero decirles a los amigos de Sarmiento, que no debemos mirar con recelo las nuevas actividades, que debemos practicar los deportes ajustando su ejercicio a la necesidad física de cada uno si queremos unir a la satisfacción del éxito el beneficio de su acción tonificadora del cuerpo y del espíritu y que esta ausencia momentánea del foot ball en la fiesta de los que deben su florecimiento al entusiasmo que él ha despertado y mantenido, no tiene ningún significado especial. A él volveremos y estamos seguros nos recibirá regalándonos con el hálito vivificador del apoyo popular.
Nuevos aplausos coronaron el final del discurso del Dr. Piñeyro.
Seguidamente, invitados para ello por las autoridades del Club Sarmiento, el Intendente Municipal, Dr. Benito de Miguel, procedió a inaugurar la cancha de pelota, efectuando el primer saque del match que sostuvieron los fuertes jugadores Juan Giobelini (de Alem), y P. Zoppi (de Rojas) versus Armando Villanueva (de Pergamino) y Robito Voltaire (de Pilar).
Finalizada la excelente exhibición de juego , el público que asistió a la hermosa fiesta deportiva, se disgregó comentando vivamente el buen espectáculo deportivo que se le había ofrecido en una tarde en que , un club modesto, allá en el año 1911, cumplía 22 años de existencia y lo sorprendía la magna fecha, a la vanguardia de las instalaciones deportivas locales.
La obra del esfuerzo
Sarmiento está de fiesta. Celebra hoy un acontecimiento grande, significativo, extraordinario. Festeja una transformación en sus actividades, enmarcándolas en un radio de acción más amplio, para dar perfecto cumplimiento a propósitos plausibles de fomentar la educación física de la juventud. Inaugura, oficialmente, con toda pompa y regocijo, la Cancha de Pelota y anexos, construidos en un estadio de la calle Arias, todo lo cual incluye un motivo de amplias satisfacciones.
Cuando se llega al fin de la jornada y se contempla la magnitud de la empresa llevada a felíz término, conjuntamente a la certeza de que la lucha no ha sido estéril; las penosas encrucijadas del largo camino y la serie de obstáculos que obstruía el paso, están compensadas en la alegría final e incontenible, alegría que desborda, inunda el espíritu y lo fortalece, para seguir adelante, hacia la conquista de nuevas glorias. Precisamente, esa alegría íntima y gratísima que prueban aquellos que luchan y vencen, deben experimentar hoy los que se agrupan en torno al Club Sarmiento, con motivo de la inauguración de las dependencias construidas en su nuevo campo de deportes, que llevan impreso el sello del esfuerzo común, saturado de grandes sacrificios. Sarmiento no supo de claudicaciones, no desmayó frente a los tropiezos; no abandonó lo empezado cuando las circunstancias apremiaban y siguió adelante con el espíritu de una fuerza animada y dinámica..

La visión de grandeza que obsesionaban a los que se sucedían en los puestos directivos, los guiaba hacia la culminación y el legado que heredaban los unos de los otros, de “luchar para vencer”, los estimulaba para no abandonar la empresa. “Luchar para vencer” era la palabra de orden y ella se ha cumplido, íntegramente. Los años de lucha y horas interminables de incertidumbre y de angustias se contentan en la magna obra que hoy Sarmiento ofrece al pueblo de Junín.
El club de los campeones inaugura hoy, oficialmente, las dependencias anexas al campo de deportes instalado en los terrenos que posee en propiedad, en la intersección de las calles Primera Junta y Arias, lo que marca el fin de una etapa de laboriosidad continua y proficua y el comienzo de otra, no menos laboriosa pero más propicia para satisfacer anhelos de mayor grandeza y respeto. Marcan, las dependencias que se inauguran hoy, la potencialidad económica que ha adquirido y que lo coloca en un plano destacado en el medio de su actuación. Marcan también las dependencias cuya construcción era ya una pesadilla obsesionante, un pensamiento hecho, en realidad, de ofrecer a los asociados y sus familias un lugar de expansión y un medio de acercamiento, de vinculación y de sociabilidad.
Las dependencias que se libran hoy al servicio público y que han sido ejecutadas a todo costo y a todo confort, representan un capital respetable y demuestran cuánto vale el entusiasmo en esta clase de empresas de interés colectivo.
Cada ladrillo, cada mosaico, cada pedazo de madera, cada granito de arena lleva impreso el sello inconfundible del entusiasmo capitalizado, de ese histórico entusiasmo que ha sido la base sobre la cual se han plasmado todos los éxitos deportivo-económicos del Club Sarmiento.
Los dirigentes han de sentirse muy satisfechos y orgullosos de las obras realizadas. Ellos podrán decir: estas obras son nuestras, muy nuestras. Y podrán decir también, como aquella célebre matrona romana, la madre de los Graco, que hizo historia en una frase: “Estas son mis joyas”.
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