Por Andrés Lavaselli
Lejos de la híper exposición de Javier Milei, que convirtió su discurso en el evento en uno de los hechos políticos de la semana, Axel Kicillof tuvo su propio paso por el Consejo de las Américas. Fue una hora de conversión reservada con representantes de algunas de las compañías más importantes que operan en el país. La agenda sobre la mesa fue económica, pero el sentido del encuentro, político: el Gobernador afina definiciones ante el círculo rojo y Estado Unidos, un expediente delicado en el intento de convertirse en el candidato presidencial de un electorado que al menos en parte es refractario a esos poderes.
“Estamos muy interesados en saber lo que pensás”: la bienvenida a Kicillof corrió por cuenta de Susan Segal, la experimentada lobista del empresariado norteamericano con pasado en el mundo financiero -JP Morgan, Chase Capital- que comanda el Consejo (el “Council” lo llaman quienes lo frecuentan) desde hace décadas. Segal tiene una habilidad proverbial para emitir señales sin necesidad de ser explícita: tras funcionar durante años como una pieza clave del nexo de Cristina Fernández con los intereses que representa, ahora levantó el teléfono para pedirle al Gobernador que estuviera el Hotel Alvear el mismo día en que lo hizo Milei.
Kicillof llevó a Carlos Bianco, su mano derecha política, y a Augusto Costa, su ministro de la Producción, para enfatizar su preocupación por la economía real. Su repaso del contexto combinó señales. “Fue crudo”, describió un miembro de su gabinete, al plantear a los empresarios que la sostenibilidad política y social del plan económico tienen que buscarla “más allá del balance de sus compañías”. Pero a la vez habló del orden macroeconómico como un activo, algo que seguramente sus interlocutores querían escuchar. Con todo, advirtió que no puede lograrse a costa de liquidar el consumo, el comercio: “la vida”, dijo.
Dos empresarios de fuertes vínculos con Milei escucharon ese análisis: Martín Eurnekian -el hijo del antiguo empleador del presidente – y Facundo López Minujín, el CEO local del JP Morgan, banco en el que trabajaron Luis Caputo, José Luis Daza y Santiago Bausili. Hubo además gente del agronegocio (Pérez de Solay, de Glencore); las energéticas (Genesio, de AES; Luksic por Mercuria; un enviado de Pan American, la compañía de Marcos Bulgheroni); las tecnológicas (Urbin, de Amazon; De la Cruz, de Apple; Colodenco, Google), de las plataformas (Martino, Uber); las mineras y hasta un gerente de Mercado Libre, de acuerdo a una lista no exhaustiva.
Kicillof es consciente de que el diálogo con esos interlocutores, que fue cordial y terminó con invitación a repetir en La Plata, es un paso delicado en la definición de su perfil de candidato. Algo que miran con lupa en los mercados, pero también en el interior del peronismo, cuyo votante tradicional es refractario al círculo rojo. En ese plano, aparece un antecedente significativo: hace dos semanas, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, agitó aguas al señalar que el peronismo avanzará con expropiaciones si vuelve a gobernar. En La Plata habían tomado distancia de esa posición y aunque Kicillof nunca lo mencionó en público, en su círculo más estrecho circuló cierto fastidio por lo que consideraron una imprudencia del “Gitano”.
El contexto nacional de este movimiento es significativo. El presidente dejó claro en tres intervenciones extensas (Consejo, Bolsa de Rosario y una entrevista radial) que no se moverá un milímetro de la híper ortodoxia fiscal de su programa. Lo comunicó con su estilo particular: mezcla de argumentos económicos sofisticados con insultos y frases llamativas que generan agenda, pero tienen impacto dudoso en la consideración popular, como la que ligó el origen del endeudamiento con la compra de televisores para el mundial. El combo produjo cierta inquietud en el empresariado, que cree el que programa pero se hace preguntas sobre su rigidez extrema.
En la Casa Rosada admiten que las encuestas no son favorables, pero explican dos cosas. 1) Milei tiene una capacidad casi inaudita para recuperar índices de aceptación. 2) La apuesta presidencial al todo o nada con el programa económico combinada con sus excentricidades discursivas les da una narrativa sobre la que trabajar en lo inmediato. ¿Cuál? Plantearán una vuelta a la “autenticidad” y la “disrupción” como dos virtudes esenciales. Un retorno al Milei de 2023, con guion acuñado en las oficinas de Santiago Caputo, con colaboración de Fabián Fernández, el secretario de medios, que en esa estructura representa a Karina Milei.
A la trama le falta un tercer hilo. Lo representa Sergio Massa, de histórico vínculo con la Embajada, aunque bajo otras administraciones estadounidenses. Viene levantando el perfil fuerte y muchos lo anotan como candidato. En su entorno advierten: “solo irá a una interna si sabe que gana”. Hay que añadir otra observación: su acumulación es multifuncional. Puede usarla para intentar la presidencia, o como instalación para una aventura bonaerense. Esto último es menos probable, pero nadie lo descarta. Esta semana quedó en la picota por la revelación de un viaje premium a Barbados a cuenta de Francisco De Narváez.
Lo de Massa también tiene contexto. El kirchnerismo por ahora no tiene candidato y si la ONU no obra el milagro político de poner en carrera real a Cristina, muchos especulan que la apuesta podría ser el tigrense. Da la impresión de que en el peronismo aún faltan madurar muchos planes. El jueves estuvo el vice de Salta, Antonio Marocco, junto a Kicillof en un seminario en La Plata. “Mucho de lo que estamos haciendo se va a conocer más adelante”, dicen, enigmáticos, en gobernación. Una foto de Hugo Passalaqcua con peronistas “del medio” también dejó tela para cortar. El misionero habla con su par bonaerense mucho más de lo que se conoce.
Fuente: Agencia DIB,






