En el marco de una importante suba en los insumos, Coninagro planteó la reducción del impuesto con la idea de evitar una caída en el área sembrada de trigo. En el norte de Buenos Aires, el costo de hacer trigo aumentó 115,60 dólares/ha.
POR: José Luis Amado -Periodista Agro- Exclusivo para GRUPO LA VERDAD
Ante la escalada de costos y la caída de la rentabilidad por el conflicto en Medio Oriente, Coninagro alertó sobre la crítica situación del trigo. Para evitar una caída en la siembra de la próxima campaña, la entidad propuso una reducción en los derechos de exportación.
En el sudeste de la provincia, el costo para producir una hectárea de trigo antes de la guerra era de U$S 474, ahora, con las subas de gasoil y fertilizantes, pasaría a costar U$S 569. Lo que implica un aumento de U$S 95,10 por hectárea.
El planteo surge a partir de un análisis que muestra cómo el incremento en insumos clave -como fertilizantes, gasoil y logística- está deteriorando los márgenes del cultivo.
Según la entidad, esta situación pone en riesgo la intención de siembra, especialmente en zonas donde los números ya se encuentran en niveles muy ajustados o directamente negativos.
Planteo fiscal para aliviar el impacto
Frente al limitado margen de maniobra en materia arancelaria —tras la reducción a cero de los aranceles de importación y la eliminación del impuesto Para una Argentina Inclusiva y Solidaria en 2024—, Coninagro señala que existe una alternativa concreta dentro de la política impositiva para amortiguar el impacto externo.
La propuesta consiste en eliminar los derechos de exportación aplicados al trigo, que hoy tienen una alícuota del 7,5%. Con un precio FOB estimado a cosecha de U$S 240 por tonelada, este tributo implica un descuento de U$S 18 por tonelada.
Considerando un rendimiento promedio de 40 quintales por hectárea, la quita del impuesto generaría un ingreso adicional de U$S 72 por hectárea para el productor, lo que permitiría compensar alrededor del 65% del aumento de costos asociado al contexto internacional.

Un aumento de costos sin precedentes
Desde el inicio de la guerra, el precio internacional del petróleo Brent logró alcanzar picos de U$S 115, representando un incremento del 35%. En el mercado local esa suba llegó al gasoil, aumentando un 25%.
Sin embargo, la alarma se enciende cuando hablamos de los fertilizantes nitrogenados: la urea registró una suba del 84% en su valor global.
En promedio, según el Coninagro, producir una hectárea de trigo en la argentina costará (en promedio) U$S 110, 30 más que antes de la guerra.
El suelo cordobés la sacó “más barata”, en comparación con el Norte de Buenos Aires y el Sur de Santa Fe, donde costará U$S 632, presentando un aumento de U$S 115,60.
El lugar que mostró mayor aumento fue el sudeste de Buenos Aires. Allí, producir una hectárea de trigo antes de la guerra costaba U$S 481, ahora presenta un precio de U$S 601, es decir que el aumento fue de U$S 120,10 por hectárea sembrada.
El costo fiscal y la presión impositiva en debate
Desde la mirada del Estado, eliminar los derechos de exportación para la campaña 2026/27 implicaría resignar ingresos por unos U$S 232 millones, tomando como referencia exportaciones proyectadas en 12,9 millones de toneladas.
El impacto fiscal comenzaría a sentirse hacia fines de 2026, cuando se concentran las operaciones comerciales del cultivo. A esto se suma el efecto sobre la campaña en curso: aún restan registrar ventas externas por 5,5 millones de toneladas, lo que llevaría a una pérdida adicional de U$S 93,6 millones en lo que queda del año.
Desde Coninagro sostienen que este tipo de medidas deben dejarse de interpretar como un costo, puede representar una inversión para sostener la siembra y garantizar exportaciones que podrían superar los U$S 3.000 millones en la próxima campaña, en un escenario internacional marcado por la volatilidad y el encarecimiento de la energía y los alimentos. Además, la entidad plantea que el esfuerzo no debería recaer únicamente en la Nación.
A nivel provincial y municipal, propone revisar tributos como el impuesto sobre los ingresos brutos y distintas tasas locales que impactan sobre la logística y la operatoria portuaria.
Aunque estos gravámenes no se trasladan de manera directa a un insumo puntual, su reducción podría generar un efecto positivo sobre toda la estructura de costos, especialmente en transporte y almacenamiento.
Además, advierten sobre otros factores que afectan la liquidez del productor, como los regímenes de recaudación bancaria —entre ellos el sistema Sircreb— que inmovilizan fondos y terminan funcionando como un costo financiero adicional.






