La primera edición del Junín Cross Trail, un evento deportivo que prometía llevar a los corredores a reconectar con la naturaleza, se convirtió en una verdadera fiesta para la ciudad. Con el Parque Natural Laguna de Gómez como telón de fondo, la jornada se vio engalanada por un sol radiante, música vibrante y una multitud de entusiastas. El organizador, el incansable atleta juninense Juan Zinani, logró un éxito que superó todas las expectativas, demostrando que la pasión por el running tiene un lugar especial en el corazón de la comunidad.
Pero en medio de esta celebración, una figura se alzó por encima de las demás: José Sayes Ludueña, un corredor que, a pesar de tener el asfalto como su hábitat natural, se aventuró en los senderos para conquistar la distancia más exigente, los 21 km. Con un tiempo de 1 hora, 16 minutos y 20 segundos, José no solo se convirtió en el primer ganador de la historia del Junín Cross Trail, sino que también escribió un capítulo de redención y superación personal. En una entrevista exclusiva, el campeón nos abrió las puertas a su mundo, revelando las dudas, los miedos y la inquebrantable mentalidad que lo llevaron a la victoria.
El relato de José comienza con una confesión que define su carrera: él no es un corredor de cross trail. «No es lo que yo preparo», admitió con humildad. «Yo me entreno para 10 kilómetros de calle, yo intento mejorar siempre en 10 kilómetros. Es algo personal». La invitación de Juan Zinani, a quien conoce y respeta, lo puso en una encrucijada. Los entrenamientos de José están meticulosamente planificados para las superficies lisas de la calle, donde cada zancada es predecible. El cross trail, con sus terrenos irregulares, sus charcos y su barro, era un mundo desconocido.
La primera impresión de José sobre la carrera no fue del todo alentadora. Al ver un video promocional, una imagen se le clavó en la memoria: un corredor cruzando un tramo de agua. «Yo vi un video que pasaban por el agua y el chico que hizo el video era alto y le daba arriba de la panza, por el pecho. Y yo decía si yo tengo que pasar por ahí lo tengo que hacer nadando si mido 1,60 y justito», recordó entre risas, evidenciando el desafío físico que representaba para él.
Sin embargo, el recorrido final fue modificado, lo que le dio la confianza necesaria para aceptar el reto. «Cambiamos el recorrido, bueno, dale, voy», le dijo a Zinani. Y a pesar de que sabía que el circuito sería «duro» y «pesado», la curiosidad por vivir una experiencia diferente lo impulsó a sumergirse en la aventura. «Para los corredores que están acostumbrados capaz era hasta fácil el recorrido, pero uno está acostumbrado a la calle y es distinto. Esto fue algo diferente, se disfrutó de un domingo diferente», reflexionó, destacando la emoción de salir de su zona de confort.
La decisión de José de enfrentar el Junín Cross Trail fue más que un simple capricho; fue un acto de redención. En el 2017, casi una década antes, había tenido una experiencia amarga en una carrera similar. «Me anoté para los 10 km», recordó. «Y yo seguía al grupito ahí más o menos de punta. Terminé haciendo los 21 y la pasé mal, me quedé con ese recuerdo de que esa vez no la pasé bien».
Ese recuerdo de un desafío autoimpuesto y no planificado, que terminó en frustración, pesaba sobre sus hombros. Pero el tiempo y la constancia de sus entrenamientos le dieron la fuerza para intentarlo de nuevo. La carrera de este domingo no solo era una prueba de su estado físico actual, sino una oportunidad para borrar aquella mala memoria. «Volví y esta vez salieron cosas mejores. Salió muy bien esta vez», afirmó, con la satisfacción de quien superó un obstáculo del pasado. La victoria no fue solo contra sus rivales, sino contra la sombra de una derrota de hace años.

Para José Sayes Ludueña, la principal diferencia entre correr en la calle y en un circuito de trail radica en la exigencia física y mental. «Tenés que estar fuerte, muy fuerte», enfatizó. El terreno irregular, con sus subidas, bajadas, senderos estrechos y, en este caso, charcos de barro, demanda una preparación distinta. «Aparecen dolores que capaz uno cuando corre en calle no los tiene», explicó, señalando que el cross trail activa músculos del cuerpo que el asfalto no exige, como la cintura o los hombros, al tener que mantener una postura más dinámica y adaptativa.
La técnica de los corredores especializados en trail le causó gran admiración. «Los admiro, lo que me llama la atención por ejemplo era ver como el chico que vino de San Juan, cómo se manejaba, cómo pasaba por los senderitos, cómo pisaba con seguridad», expresó. Mientras que los trail runners se deslizan con agilidad, sorteando obstáculos con una seguridad pasmosa, José confesó sentir más «miedo» de tropezar o doblarse un tobillo. Un detalle que ilustra esta diferencia fue su elección de calzado. «Busqué la zapatilla que tenga más taquito, que creía que me iba a servir. Ellos tienen otros estilos, la de ellos es más botita, más como que el talón lo tienen más firme», detalló, resaltando la importancia del equipo adecuado para este tipo de desafíos.
El barro, un elemento que se volvió un protagonista inesperado, fue otro de los grandes desafíos de la carrera. «La zapatilla, la media, todo, se pone pesada», explicó, recordando cómo intentaba acortar los charcos con un salto. «No es lo mismo que se ponga pesada en el kilómetro uno o dos que a mitad de carrera para adelante». El peso adicional del barro en el calzado se convierte en una carga extenuante que va minando las fuerzas del corredor a medida que avanzan los kilómetros, una lección que aprendió de primera mano.
En una carrera tan impredecible como el Junín Cross Trail, José Sayes Ludueña decidió dejar de lado una de las herramientas más preciadas por los corredores de asfalto: el reloj. «Yo sabía que no quería mirar el reloj porque había partes que podía ir más rápido y otras partes que iba a ir más lento», explicó. En lugar de obsesionarse con los ritmos por kilómetro, optó por una estrategia más orgánica: correr «a sensación».
Su objetivo era mantener una cadencia «continua», evitando los cambios bruscos de velocidad que podían desgastarlo. No obstante, al principio buscó tener «una referencia adelante», pensando que le daría seguridad. Sin embargo, pronto descubrió el valor del compañerismo en la carrera. «Entre los tres se hacía más llevadero», confesó, valorando el apoyo tácito que se da al correr en grupo.
Otra decisión premeditada fue no estudiar el circuito antes de la carrera. «No lo quería mirar el circuito, porque digo, sino iba a estar pensando acá viene esto y acá otra cosa prefería que toque lo que toque, ya está'», afirmó. Esta mentalidad le permitió enfrentar cada obstáculo del camino con la frescura del momento, sin la carga mental de saber de antemano los desafíos que le esperaban. La improvisación y la adaptabilidad fueron sus grandes aliadas en la conquista de la laguna.
La carrera de José Sayes Ludueña es mucho más que una acumulación de kilómetros y marcas. Es una filosofía de vida, un espacio de crecimiento personal que se manifiesta en cada zancada. «Lo lindo que veo con el tiempo es que no me pesa hacerlo», sentenció, refiriéndose al sacrificio diario que implica el entrenamiento. Desde la renuncia a «peñas» o eventos sociales antes de una carrera hasta el cuidado de su alimentación, todo forma parte de un compromiso que ya no ve como una carga, sino como una elección.

Esta mentalidad es la misma que le transmite a su hijo, su principal motor de inspiración. «Lo que vos hagas, búscale la vuelta para que no te pese, porque si no no lo vas a sostener por mucho tiempo», es la valiosa lección que le enseña. Para José, la verdadera victoria no es solo cruzar la meta, sino encontrar el equilibrio y la pasión en el camino.
El running se convirtió en su refugio, un espacio de catarsis donde puede dejar atrás los problemas y volver a casa con una «pila» renovada. «Es increíble cómo te cambia el humor, todo», sostuvo. Él mismo confesó que en los días de lluvia, cuando las ganas flaquean, se motiva a sí mismo con la certeza de que el bienestar mental posterior al ejercicio lo compensa todo.
El apoyo familiar también juega un rol fundamental. «Mi mamá me da una mano inmensa. Si no, no lo podría hacer, es la realidad», reconoció, destacando el sacrificio compartido que permite que él pueda combinar a su pasión con su vida diaria.
Con la euforia de la victoria todavía en el aire, José Sayes Ludueña no dudó en expresar su admiración por el evento. » Tenemos unos lugares muy lindos para disfrutarlos, para aprovecharlos», dijo, reconociendo el privilegio de correr en un entorno natural tan espectacular como la Laguna de Gómez. La visión de Juan Zinani de crear una «fiesta» en torno a la carrera se cumplió a cabalidad, y José desea que esta primera edición sea solo el inicio de una larga tradición. «Ojalá que pueda seguir, que este chico que arrancó no pare nunca. Me encantaría estar en la próxima, pero si puedo ayudar también, si no es para correr que sea para ayudar, me gustaría», se ofreció.
El Junín Cross Trail no solo fue un éxito deportivo, sino una celebración de la naturaleza y del espíritu comunitario. «Parece que estábamos en Córdoba o en Tandil», dijo José, reflejando la sorpresa de muchos al ver la belleza de las fotos que se publicaron posteriormente. El evento logró demostrar que, con pasión y dedicación, la ciudad tiene el potencial para convertirse en un referente del running en la provincia.
La carrera de José Sayes Ludueña, que comenzó en 2015, es un testimonio de la perseverancia. Superó lesiones, se adaptó a nuevos desafíos y, año tras año, logró mejorar sus marcas. Para él, el mayor logro no es una medalla o un tiempo récord, sino la «continuidad» de su esfuerzo.
Su amor por el deporte no se limita a su propio desempeño. Con orgullo, observa a jóvenes talentos como Uriel Muñoz, a quien vio crecer y entrenar hasta convertirse en un gran corredor. También recordó con gratitud a José Medrana, el amigo que lo convenció de dejar la bicicleta y la moto para descubrir la magia de correr. «Me dice, ‘vení a correr’. Y ahí arranqué y me empezó a gustar de a poquito, y cada vez quería buscarle de mejorar», relató.
La historia de José Sayes Ludueña en el Junín Cross Trail es, en esencia, la historia del running: una búsqueda de superación constante, donde el verdadero premio no es el trofeo, sino la alegría de descubrir de lo que uno es capaz de hacer. Con la promesa de seguir entrenando y con el anhelo de volver a participar, José se despidió con un último consejo: «Regaláte ese ratito, y dale que vas a lograr cosas lindas». Un mensaje que sin duda resonará en todos aquellos que se atrevan a calzarse las zapatillas, sin importar si el camino es de asfalto o de tierra.






