El drama de las inundaciones vuelve a golpear con dureza al oeste de la provincia de Buenos Aires, lo que más que una sorpresa pasa a ser leído como una tragedia reiterada.
Zonas rurales de los distritos de Trenque Lauquen, Pehuajó, 9 de Julio y Carlos Casares se encuentran otra vez bajo el agua, con caminos intransitables, productores aislados y pérdidas millonarias en cosechas y ganado.
Las imágenes de campos anegados y localidades surcadas por el agua se repiten con una frecuencia alarmante, generando más reclamos de productores y dirigentes del sector ante la angustiante realidad que los atraviesa.
A las abundantes precipitaciones y excesivos milímetros acumulados en esos suelos productivos se suma la desidia y la falta de planificación de distintos gobiernos a lo largo de décadas: canales sin mantenimiento, obras hidráulicas demoradas y un modelo agroproductivo que muchas veces prioriza la rentabilidad inmediata por sobre la sustentabilidad y el ordenamiento del territorio son variables que imperan.
Mientras productores vuelven a perder inversiones, las economías regionales ven resentidas sus bases piramidales, haciendo extensivo el mal momento a cooperativas, transportistas y gran parte del sector comercial,
Parte de la provincia necesita el trazado y la ejecución consiente de un plan integral de manejo del agua y no soluciones improvisadas de ocasión.
Trabajos a conciencia, controles, proyecciones conjuntas y acciones sostenidas en el tiempo deben estar contenidos dentro de una misma política.
Sustentable y coherente, que tienda a la solución de una problemática que no debe afectar la producción ni la calidad de vida de los bonaerenses.
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