En el corazón de la provincia de Chubut, la paleontología del Conicet acaba de sumar una pieza fundamental a su historia. El hallazgo del Bicharracosaurus dionidei reveló a un nuevo titán de cuello largo, y además celebra el vínculo indisoluble entre los científicos y los pobladores rurales.
La historia comenzó con Dionide Mesa, un poblador rural que recorría su campo a caballo y detectó huesos gigantes asomando en el terreno. Con una generosidad habitual en la zona, avisó a los investigadores del Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF) con una frase que hoy es leyenda científica: “¡Encontré un bicharraco!”.
José Luis Carballido, investigador del CONICET y coautor del estudio, recuerda con afecto al descubridor: “Dionide vive solo y se mueve a caballo por el campo. A veces hablaba de una ‘paleta’, y era una escápula; otras de un ‘costillar’, y terminábamos encontrando vértebras con costillas asociadas”.
Por eso, el nombre del dinosaurio combina el término coloquial con el nombre de pila de Mesa. “El nombre no solo es un homenaje a él, sino también a todas las personas de campo que colaboran en estos descubrimientos”, agrega Carballido.






