En medio de la profunda zozobra política que atraviesa el gobierno nacional por el “Caso Adorni” —donde el PRO endureció su postura frente a Javier Milei exigiéndole que “defienda el cambio y no a Adorni”—, una nueva y demoledora onda de choque terminó de fragmentar el escenario de la oposición. Elisa “Lilita” Carrió rompió el silencio de manera fulminante. Desde la mítica mesa de Mirtha Legrand, la líder de la Coalición Cívica disparó un arsenal de declaraciones textuales que sepultan definitivamente cualquier intento del macrismo y la UCR de relanzar la antigua alianza de Juntos por el Cambio.
Con la vehemencia institucional que la caracteriza, Carrió no solo invalidó éticamente a la cúpula del PRO, sino que arremetió de forma directa contra el diputado Cristian Ritondo, a quien vinculó con causas de presunto enriquecimiento ilícito, y denunció un complejo entramado de poder ligado a las estructuras del juego porteño.
Carrió comenzó su descargo desnudando lo que considera una profunda doble vara en la dirigencia tradicional que hoy busca mostrarse implacable ante las inconsistencias patrimoniales del Jefe de Gabinete libertario. Con dureza, la exdiputada apuntó a la figura de Cristian Ritondo.
Cuando en la mesa se le consultó si su distancia con el legislador se debía a diferencias de índole personal, Carrió fue categórica al marcar los motivos de su aislamiento, “Ritondo dice que yo no le hablo porque él es morocho. No, no, señores. Yo no le hablo porque es corrupto”.
La arremetida de Carrió no se limitó a las segundas líneas, sino que escaló directo hacia el expresidente Mauricio Macri y a los gobernadores y referentes radicales que hoy evalúan un armado común para las legislativas del próximo año. Para “Lilita”, el pasado reciente de la gestión de Cambiemos (2015-2019) anula la autoridad moral del espacio.
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