Con apenas 14 años, el atleta juninense firmó una actuación histórica en la 27° Copa Nacional de Clubes en Concordia, Entre Ríos. Se coronó campeón nacional en dos disciplinas abismalmente diferentes: salto en alto y 2.000 metros marcha. En una charla íntima y madura, repasa su particular historia familiar donde sus padres son sus entrenadores, el exigente equilibrio para no descuidar su otra pasión —el fútbol en el club BAP— y por qué el compañerismo vale mucho más que cualquier medalla dorada.
El atletismo, por definición, suele ser un deporte de especialistas. Raras veces se observa que un mismo atleta domine con soltura pruebas que requieren condiciones físicas y mentales completamente opuestas. Sin embargo, las excepciones existen y suelen llevar la firma del talento puro. Ese es el caso de Benjamín Luján, el joven juninense de 14 años que acaba de sacudir el panorama del atletismo juvenil argentino en la 27° Copa Nacional de Clubes U16, celebrada en la ciudad de Concordia, Entre Ríos.
Representando a la emblemática agrupación local Los Flamencos, Benjamín no solo se subió a lo más alto del podio, sino que lo hizo por duplicado y en dos de las modalidades más disímiles del programa: el salto en alto, una prueba de pura explosividad, potencia y timming aéreo; y los 2.000 metros marcha, una disciplina de resistencia extrema, templanza psicológica y una técnica de paso sumamente rigurosa y penalizable.
La delegación de Los Flamencos viajó a tierras entrerrianas con expectativas de medirse ante los mejores proyectos del país, pero el resultado final superó cualquier libreto previo. «Fue una experiencia muy linda en todo aspecto, fuimos con poquitos chicos en comparación a otras oportunidades que ha tenido el club, pero nos encontramos con un torneo muy hermoso, sumamente competitivo y con un nivel de exigencia muy alto», comenzó relatando Benjamín, asimilando todavía la magnitud de lo conseguido en una pista que albergó a centenares de promesas de todas las provincias.
Para Benjamín, el desafío en Concordia representaba su debut absoluto en pistas de nivel nacional para la disciplina de salto, un escenario capaz de congelar las piernas de cualquier chico de su edad. Los nervios, lógicamente, se hicieron sentir antes de recibir la orden del juez. «En la previa y en ese momento de arrancar estaba medio nervioso, no lo voy a negar. Era mi primera vez allá en salto y en un torneo de este calibre, pero por suerte, a medida que pasaban los intentos, se dio la oportunidad de poder quedar primero», confesó con la frescura típica de sus 14 años.
Lo más sorprendente de su coronación en el salto en alto es que Benjamín compitió contra los mejores del país sin tener una referencia previa en los papeles oficiales. «Fuimos directamente a buscar mi marca, porque yo no tenía una marca establecida ni registrada formalmente. Entonces el plan con mis profesores fue ir a buscar lo máximo que pudiera hacer en el momento, dar el cien por cien y ver hasta dónde nos daba el cuerpo. Por suerte, nos dio para el campeonato», explicó con orgullo.
Pero la alegría no fue puramente individual. En el atletismo de clubes, cada posición suma para la tabla general, y allí Benjamín también dejó su huella dorada al aportar puntos vitales para que Los Flamencos se subieran al podio colectivo. «Haber traído también el tercer puesto en la rama masculina junto con mis compañeros es un logro gigante, porque demuestra que el esfuerzo que hacemos en Junín rinde sus frutos cuando salimos a competir afuera», subrayó.
Para entender la naturaleza competitiva de Benjamín Luján, es indispensable adentrarse en su historia familiar. El atletismo no fue una actividad que descubrió por casualidad en el colegio o mirando la televisión; estuvo allí desde el día de su nacimiento. Su hogar respira deporte y las pistas locales han sido, literalmente, el patio trasero de su infancia: «Esto viene desde que soy muy chiquito, mi mamá abrió la escuela de atletismo acá en Junín y, lógicamente, desde el primer día me llevó con ella. Prácticamente me crié ahí adentro», recordó Benjamín sobre sus inicios en el deporte madre.
Sin embargo, el camino de un atleta adolescente rara vez es lineal. Tras unos primeros años de asimilar conceptos, la atracción por el deporte más popular del país lo hizo tomar distancia de las pistas. «Hice atletismo durante un tiempo, unos cuantos años cuando era más infantil, pero después dejé de lado y me metí de lleno en el fútbol. Recién este último tiempo, durante este año, decidí volver con todo para entrenar salto en alto, motivado por los Juegos Bonaerenses y por esas ganas de revancha», detalló sobre su proceso de retorno.
El regreso trajo consigo una dinámica particular y sumamente rica: entrenar bajo la estricta mirada de sus propios padres. Lo que para muchos adolescentes podría resultar una situación incómoda o de excesiva presión, para Benjamín se transformó en una rutina natural basada en el respeto mutuo y en saber separar los roles del hogar de las directrices técnicas.
«A mi mamá en la pista la trato directamente como a mi profesora, no como a mi mamá, ella me da las indicaciones y yo las cumplo. Como voy con ella desde que tengo memoria, es una dinámica que se me hace muy normal y fluida», comentó con madurez. No obstante, el reparto de tareas dentro del «staff técnico familiar» tiene sus especializaciones. La marcha atlética y la preparación física general corren por cuenta materna, pero a la hora de volar y desafiar la gravedad en la varilla del salto en alto, el mando cambia de manos. «En salto en alto mi mamá no tiene tanta idea técnica del gesto y de la disciplina, así que ahí mi profesor directo es mi papá. Así que sí, se puede decir que todo queda absolutamente en familia», reveló entre risas.

Esa fuerte contención familiar fue el motor que empujó a Benjamín a lo más alto en Concordia, sintiendo el aliento de los suyos a la distancia. «Estaban los dos ahí metidos en el día a día y, cuando me tocó competir en Entre Ríos, sabía que toda mi familia me estaba mirando y siguiendo de cerca. Sentir ese aguante fue algo muy lindo y emocionante».
El presente de Benjamín Luján no se agota cuando se quita las zapatillas de clavos de atletismo. Al regresar a Junín, las cambia inmediatamente por los botines de fútbol. El joven campeón nacional es una de las piezas del Club BAP, institución tradicional de la Liga Deportiva del Oeste, donde se desempeña el fin de semana.
Llevar adelante dos carreras deportivas en paralelo a los 14 años, combinándolas con las obligaciones escolares de la escuela secundaria, es una ingeniería de tiempos extenuante. Ambos deportes exigen una preparación física al límite, disciplina invisible y una alta dosis de energía. «Es muy complicado llevar las dos cosas al mismo tiempo. De hecho, por eso mismo en un momento de mi vida decidí dejar el atletismo para dedicarme al cien por cien al fútbol, porque el cuerpo y las horas del día no daban para todo», admitió con honestidad.
Sin embargo, el destino y su propio talento lo convencieron de que no era momento de elegir, sino de redoblar el esfuerzo organizativo. Para este 2026, Benjamín diseñó un exigente calendario semanal que cumple a rajatabla de lunes a domingo: «Este año me organicé para ir combinando las dos actividades y entrenar en días diferentes, voy un día a fútbol, al día siguiente a atletismo, al otro vuelvo a fútbol y después a atletismo. No tengo descanso en la semana. Y los fines de semana, por lo general, juego al fútbol con BAP y los fines de semana específicos donde hay una competencia importante de atletismo, ahí sí le aviso al club de fútbol y no juego, me enfoco en la pista. Pero es un ritmo pesado».
Al ser consultado sobre qué es lo que sostiene en pie a un joven para someterse de manera voluntaria a semejante rutina de sacrificio, Benjamín desmitificó la obsesión por el éxito y las medallas, poniendo sobre la mesa el verdadero valor que encuentra en el deporte de club: los lazos humanos.
«Lo que más me gusta y lo que verdaderamente me motiva a ir a entrenar todos los días, sin importar el cansancio, es el grupo de amigos que tengo. Tengo la suerte de tener hermosos grupos tanto en el fútbol como en el atletismo, y pasarla bien con ellos es lo primordial. Más allá de los resultados deportivos, de cómo nos vaya el fin de semana en un partido o de si nos subimos o no a un podio en una competencia nacional, estar con mis amigos y disfrutar del compañerismo es lo que más me llena y lo que más me gusta de ser deportista», reflexionó en una lección de pura madurez humana.
Con el título de doble campeón nacional Sub-16 bajo el brazo, Benjamín Luján sabe que las miradas sobre su rendimiento cambiaron, pero él prefiere mantener los pies firmes sobre la tierra. El año deportivo todavía guarda desafíos de fuste y la planificación de entrenamientos junto a sus padres no se detiene: «Por lo pronto, este año voy a seguir de esta manera, combinando los dos deportes porque me hacen feliz. El año que viene se verá qué pasa, soy consciente de que si en algún momento las exigencias crecen y se me complica demasiado con los tiempos, habrá que sentarse a elegir por uno de los dos», reconoció de cara al futuro a mediano plazo. En el horizonte inmediato, las metas están sumamente claras: «Esta semana estuve con la escuela en las instancias previas de los Juegos Bonaerenses, pero en lo que respecta al deporte federado, ya me voy a presentar también en atletismo con el club. El objetivo principal para lo que resta del año es clasificar al Provincial y, si las marcas nos acompañan como en Concordia, buscar otra vez el pasaje al Nacional».

A pesar de su corta edad y de tener un techo que parece no divisarse en el corto plazo, Benjamín prefiere no cargarse de presiones desmedidas respecto a una carrera profesional en el atletismo de elite: «Sinceramente, todavía no lo tengo muy decidido, no sé en qué disciplina o en qué deporte me voy a centrar definitivamente en el futuro. Pero tengo algo muy claro: si decido volcarme de lleno por el atletismo, me veo compitiendo fuerte, haciendo las cosas bien y dándolo todo porque es lo que me gusta».
Para el cierre de la charla, el joven que dejó en lo más alto al deporte juninense en Entre Ríos se tomó un momento para hablarle directamente a sus pares. A esos chicos de 12, 13 o 14 años que muchas veces se debaten entre la apatía, el sedentarismo o el miedo al fracaso antes de comenzar una actividad física. Su mensaje fue una síntesis de su propia filosofía de vida: «A los chicos que están dudando o viendo si empezar atletismo o cualquier otro deporte, les digo que comiencen ya, que no lo piensen tanto y que se animen a arrancar. El grupo que se forma adentro de un club y los amigos reales que te va a dejar el deporte para toda la vida es algo hermoso, al igual que los momentos que te quedan grabados en los viajes y en el día a día. Después, en los resultados puramente deportivos, te puede ir mal o te puede ir bien, porque el deporte es así y siempre se gana y se pierde. Pero lo verdaderamente importante es pasarla bien, disfrutar el camino y meterle para adelante. Que lo arranquen sin dudarlo, que vale la pena».
Con las valijas de regreso en Junín y las medallas doradas descansando en su casa, Benjamín Luján ya se calza nuevamente los botines. El fin de semana lo espera la pelota con la camiseta de BAP; la semana entrante, el listón de salto en alto volverá a elevarse en la pista de Los Flamencos. Con el respaldo de su familia, la lealtad de sus amigos y una condición atlética fuera de serie, el juvenil juninense demostró que para él, el cielo no es el límite, sino tan solo el punto de partida.






