En una entrevista íntima, el «Apache» recorre su historia en Defensa Argentina: el regreso tras una lesión, la emoción de entrar a la cancha con su hija recién nacida y la clave de un grupo que «come para ganar». «Soy un hincha más y hoy trato de disfrutarlo desde otro lugar», asegura el 10 antes de la gran final.
El Torneo Nocturno de Junín regala historias que exceden lo estrictamente deportivo. En la zona del «Canal», el nombre de Ángel «Apache» Fernández es sinónimo de identidad, lucha y fidelidad. Tras la sufrida clasificación por penales ante Origone (luego de un empate que dejó las pulsaciones a mil), el referente de Defensa Argentina se tomó un tiempo para reflexionar sobre un presente que lo encuentra en su plenitud personal y futbolística.
Para Ángel, la semifinal no fue un partido más. Fue el cierre de una etapa de angustia por una lesión y el comienzo de una nueva vida como padre. La imagen de él ingresando al campo con su pequeña hija en brazos conmovió a todos los presentes.
“Es mi hija, Helena, que en unos días va a cumplir un mes, el 19 de febrero. Estábamos esperando el partido justo para entrar con ella, yo venía con un tema de una lesión y no me podía recuperar así que no estaba jugando por eso es que estábamos esperando el partido indicado”, relata con una voz que mezcla el alivio con la ternura. Al preguntarle qué sintió en ese túnel antes de pisar el césped con ella, no oculta su sensibilidad: “Realmente fue una alegría, hasta casi me pongo a llorar, encima que soy medio sensible”.
La lesión quedó atrás en el momento justo. Aunque le tocó empezar desde el banco en los compromisos previos, su jerarquía se hizo sentir cuando el equipo más lo necesitaba. “Venía jugando en el banco porque había días que sentía dolor, había días que no. Después del partido contra Rivadavia en ese partido, me sentí muy bien por eso es que jugué la Semifinal de titular y al principio me costó un poco, pero después estuve bien, me sentí muy bien”, explica sobre su puesta a punto física.
Para Ángel, el éxito de Defensa no es casualidad, sino la consecuencia de un proyecto de años y una base de jugadores que se sienten hermanos: “Hicimos un gran grupo, me hace acordar al grupo de cuando salimos campeones hace poquito. Eso lo venimos hablando con los chicos que estamos muy bien, porque somos la mayoría los mismos. Lo estamos tomando muy tranquilo, vamos partido a partido”.
Esa base, que él estima en “fácil siete u ocho jugadores más o menos”, es el cimiento de los resultados: “Todos esperamos esta época del año, si nos vamos a jugar afuera, todos esperamos diciembre para volvernos a juntar”.
Para el «Apache», un equipo ganador en el fútbol local no se construye con la táctica que es secundaria frente a la unión humana. “¿El secreto? Es que siempre tratamos de juntarnos todas las semanas a comer, un día a la semana si o si comemos algo, nos juntamos, compartimos, nos divertimos, siempre alguno de los chicos pone casa, nos juntamos a comer, pero es más que nada para unir el grupo”, confiesa sobre la intimidad de un plantel que disfruta tanto del asado como de la pelota.
La historia de Ángel con Defensa Argentina empezó hace décadas. “Yo arranqué a los 8 años, directamente fue en Defensa, siempre en Defensa. Después tuve un paso por Sarmiento desde los 11 años hasta los 19, y después me volví al club una vez cuando Defensa perdió en cancha de Newbery, que quedó afuera por penales. Se me trabó la cabeza y quise volver al club, no había otra opción”.
Aquel impulso juvenil de volver para ayudar a su club en los momentos difíciles lo terminó convirtiendo en el ídolo que es hoy, aunque siempre manteniendo su sencillez que lo caracteriza: “Yo sentía que no se me iba a dar todo esto que vengo viviendo, yo salí de ahí del club, soy un hincha más de toda la vida. Pero ahora me lo tomo con más tranquilidad, trato de disfrutarlo mucho más. Antes, los primeros años, era como que llegaba a mi casa y si perdía, lloraba, hoy ya eso lo puedo manejar de otra manera”.
Sobre su rol de líder, mantiene la humildad: “No sé si me siento un referente, a mí me da cosa tomarla así, pero lo tomo tranquilo, juego como trato de jugarlo siempre. Después por ahí te dicen que quedás como referente por las cosas que hacés bien, y nada, eso también es gracias a mis compañeros que las cosas salen”.
En un fútbol donde los refuerzos «golondrina» son moneda corriente, Ángel saca pecho por el sentido de pertenencia de Defensa. “A mí me tocó sufrir varios campeonatos, quedar entre los tres últimos, hasta que pudimos armar un gran grupo de chicos buenos que sumen. Todos dicen que traemos muchos jugadores de afuera, pero hay más de 10 u 11 jugadores en el plantel hoy que son salidos del club. Así que sienten la camiseta como la sentimos todos”.
Esa pasión se potencia en el Nocturno, un torneo que para él tiene una mística inigualable: “Todos regresan a su club, todos se arman bien, todos lo quieren ganar. Todos esperamos con ansias que llegue diciembre en mi caso para volver a jugar con el club que amo y tratar de ganarlo”.
El «Apache» no es ajeno a lo que pasa en la vereda de enfrente. Conoce a los jugadores del «Tricolor» y sabe que el partido decisivo será una guerra de estrategias. “Conozco a la mayoría, justo hay muchos chicos que juegan en la Liga de Arenales, así que los enfrenté. Va a ser durísimo, un partido durísimo para mí y para cualquiera. Creo que llegan en un gran momento los dos equipos, los dos tenemos grandes entrenadores, así que va a ser durísimo y se va a definir por detalles”.
A pesar de la euforia de la gente, el “Apache” elige la cautela del veterano. Su mensaje para el hincha de Defensa es claro: “Que se lo tomen tranquilos como lo estamos tomando nosotros. Nosotros vamos paso a paso, no nos queremos apurar a pensar nada, hay que ser cauteloso, así que nada, que estén tranquilos”.
Ángel «Apache» Fernández no solo busca otro título para las vitrinas de Defensa Argentina. Busca honrar su historia, la de aquel nene que empezó a los 8 años, la del joven que volvió para dar una mano, y la del padre que hoy sueña con que Helena lo vea levantar la copa. El referente está listo, el grupo está unido y el barrio, como siempre, espera el milagro de sus pies.






