A veces, los grandes caminos deportivos comienzan de la manera más inesperada. Para Mateo Vildoza, su historia con el tenis de mesa tuvo un origen casual, durante unas vacaciones en la casa de su abuela. «Empecé con el tenis de mesa cuando me fui de vacaciones, fue un regalo de cumpleaños, las paletas y las pelotitas», recuerda sobre sus primeros contactos con este deporte. Lo que nació como un pasatiempo vacacional, pronto se transformaría en una pasión que lo llevaría a competir y destacarse en el tenis de mesa.
Lo que más atrae a Mateo de este deporte es su naturaleza individual y la emoción de competir en diversos escenarios. «Yo creo que el que sea individual hace que me sea más divertido», afirma. «Pero más que nada el día de jugar en diferentes lugares también eso es más divertido, más entretenido». Para Mateo el tenis de mesa no es solo un deporte, sino una aventura que lo lleva a explorar nuevos lugares y a disfrutar de la competencia en su forma más pura.
Y es precisamente en la competencia donde Mateo demostró su talento y dedicación. Su participación en recientes torneos, como el Súperserie «Alfredo Meyer», no solo le permitió medirse con otros jugadores, sino también crecer y evolucionar como deportista. Su reciente victoria en dicho torneo, donde se coronó campeón de la quinta categoría, es un claro ejemplo de su progreso. Este logro no solo le otorgó el título, sino que también le permitió ascender a la cuarta categoría, abriendo un nuevo capítulo en su carrera deportiva. Cada competencia es para Mateo una oportunidad de aprendizaje y un paso más hacia sus metas en el tenis de mesa. El ambiente competitivo, la adrenalina de los partidos y la posibilidad de superar sus propios límites son elementos que lo motivan a seguir adelante.
Sus inicios en la competencia fueron relativamente rápidos, comenzando menos de un año después de sus primeros contactos con el deporte. «El primero fue algo así como casi menos de 1 año y después empezar a entrenar por septiembre del 2022», recuerda. Para Mateo, las competencias son mucho más que simples partidos; son una oportunidad para conectar con otros jugadores y vivir experiencias únicas. «Y el viajar a otro lugar y encontrarte gente ya conocida, también el poder jugar partidos contra gente desconocida y conociendo a otros nuevos», explica. Además, la posibilidad de mejorar su propio juego es un factor clave: «en cada competencia aprendo algo nuevo y eso me hace mejorar». En cada torneo, Mateo encuentra una nueva oportunidad para crecer como jugador y como persona.
Entre sus mayores logros, destaca el tercer puesto en el Grand Prix, un torneo que reúne a jugadores de nivel casi nacional de ciudades como Santa Cruz y Mendoza. Este logro, sumado a su reciente desempeño en 2024, marca un antes y un después en su carrera. «Fue bastante inesperado el año pasado», comenta sobre su año. «Hasta fines de ese año empecé a acercarme más a lo que es jugar contra gente a nivel nacional. Súperserie, Abierto de República, fue más inesperado». Para Mateo estos resultados son un testimonio de su dedicación y un impulso para seguir persiguiendo sus sueños en el tenis de mesa.»
Con tan solo 15 años, Mateo Vildoza tiene grandes sueños y objetivos para el futuro. «Mi sueño es estar en la selección», afirma con determinación. Consciente de los desafíos que implica alcanzar este objetivo, especialmente viviendo en Junín, está dispuesto a viajar y competir para acelerar su evolución como jugador. Para este año, sus metas incluyen acercarse a entrenar con la selección, participar en campamentos y seguir compitiendo en torneos de liga nacional. Su dedicación y pasión por el tenis de mesa lo impulsan a superar cualquier obstáculo en su camino hacia el éxito.
En este camino, Mateo cuenta con el apoyo incondicional de su familia. «Ellos me acompañan a todos los viajes», comenta con gratitud. Su presencia y aliento son fundamentales para él, y sus logros son celebrados con especial entusiasmo. «Siempre que traigo un podio lo disfrutan más ellos que yo», revela, destacando el orgullo y la alegría que comparten en cada victoria.
Su rutina diaria es exigente, combinando largas horas de entrenamiento con sus estudios. «Casi seis veces por semana, que son dos horas de entrenamiento, así todos los días», explica. Esta intensa dedicación al tenis de mesa, sumada a sus responsabilidades escolares, presenta desafíos. «Y con escuela se me complica un poco, este año tengo otros horarios y eso se hace más difícil», admite. Sin embargo, Mateo ve estos sacrificios como parte del camino hacia sus metas. «Pero bueno, eso es el sacrificio», concluye, demostrando su madurez y compromiso con el deporte.
Reflexionando sobre sus inicios, Mateo recuerda: «La primera competencia que tuve estaba muy nervioso, pero a medida que fui tomando experiencia, eso se me fue pasando». Hoy, con la mirada puesta en el futuro, se siente «muy motivado» para seguir creciendo y alcanzando sus sueños en el tenis de mesa. Su historia es un testimonio de cómo la pasión, la dedicación y el apoyo pueden transformar un pasatiempo casual en una prometedora carrera deportiva.»