Por Redacción Grupo La Verdad
Un ACV (Accidente cerebro vascular) se da cuando falla la circulación sanguínea en el cerebro. Esto impide que las células cerebrales reciban oxígeno, llevando al daño cerebral y pérdida de funciones neurológicas en las áreas afectadas.
Es importante tener presente que, además de la carga en discapacidad que provocan, estos acontecimientos también representan un importante riesgo para la vida.
Hay dos tipos de eventos: los causados por el bloqueo del flujo sanguíneo en el cerebro se llaman ACV isquémicos (son los más comunes), mientras que los causados por una hemorragia cerebral se denominan ACV hemorrágicos.
La doctora Romina Baldassarri, médica especialista en Neurología, dialogó con Grupo La Verdad sobre el tema y dejó conceptos importantes a tener en cuenta ante la aparición de síntomas.
“El ACV es una patología desde la Neurología tan frecuente hoy en día. Hay dos tipos de ACV, el isquémico (de mayor frecuencia) y el hemorrágico. El isquémico se caracteriza por que se tapa una de las arterias del cerebro y la región que deja de recibir sangre va a dar los síntomas”, dijo en principio la doctora Baldassarri.
“Hay más pautas de alarma cuando hay dolor de pecho, que simula un infarto, a que cuando hay síntomas de ACV, por ejemplo el adormecimiento de un brazo. Es importante recalcar la importancia de acudir a la Guardia cuando aparece un síntoma. Hoy el ACV, dentro de las cuatro horas y media de la aparición de los síntomas, tiene tratamiento. Es decir, hay posibilidad de revertir esa obstrucción que se produjo en la arteria del cerebro”, señaló seguidamente la profesional.
“Hay ejemplos de eficacia, hay medicación nueva que muestra las modificaciones, la eficacia es alta. Los síntomas particularmente se deben tener en cuenta: adormecimiento en cara, brazo o pierna, dificultad para hablar o entender el lenguaje y pérdida de fuerza. En el caso del ACV hemorrágico el dolor de cabeza es uno de los síntomas más frecuentes”, refirió la especialista en Neurología.
“Los rangos etarios hoy varían mucho. Los factores de riesgo en el caso del ACV isquémico son el sedentarismo, la hipertensión arterial, la diabetes, el sobrepeso. En los menores de 50 años, por lo general, lo que debemos buscar clínicamente son factores que favorezcan la formación de trombos”, planteó la facultativa en la continuidad de la entrevista con este medio.
“Los ACV isquémicos se tratan a partir del paso de droga por vena, dentro de las cuatro horas y media. Cuanto antes se detecten los síntomas más eficaces pueden ser los tratamientos. En el otro tratamiento, endovascular, interviene un hemodinamista para tratar de desobstruir la arteria y sacar ese coágulo. Los ACV hemorrágicos pueden ser quirúrgicos depende el volumen de sangrado o la ruptura de una aneurisma. La recuperación va a depender de cada persona, dependiendo de un montón de factores”, acentuó además.
“Más allá del tratamiento hay que pensar en los cambios de hábitos. Recalcar la importancia de la actividad física, la alimentación, la gestión del estrés y la calidad del sueño. En nuestro día a día es fundamental el sueño reparador. La cesación del hábito tabáquico es fundamental también a la hora de la prevención”, consignó la profesional.
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