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Yoga: un antes y un después

Actualmente es muy común escuchar hablar sobre Yoga, esta milenaria disciplina que nos permite mejorar nuestra calidad de vida.

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La práctica del Yoga, inicialmente, es un ejercicio físico que nos ayuda a conectarnos con nuestro cuerpo y con nuestra mente a través de la respiración. Poniendo la atención en cada movimiento y al modo en que respiramos logramos mantenernos conscientes en el momento presente. Esta conexión nos permite poco a poco ir conociéndonos, cuidarnos y aceptarnos, lo que nos da la posibilidad de lograr cambios, abrir la mente, mejorar las relaciones con todo lo que está a nuestro alrededor.

La práctica activa de Yoga nos permite sentirnos mejor y eso hace que tomemos mejores decisiones, estamos más conscientes de lo que queremos, de lo que nuestro cuerpo necesita, de cómo respiramos, de cómo nos alimentamos; y con el correr de las prácticas nuestra mente se aclara y encontramos quietud, calma, lo que nos genera un equilibrio y una armonía interior que nos permite crecer espiritualmente.

Haciendo que la práctica se convierta en un hábito podemos alcanzar y mantenernos con mayor facilidad en nuestro centro de equilibrio.

Cuando tomamos la decisión de practicar Yoga estamos dando un paso sumamente importante para alcanzar una mejor calidad de vida.

Generalmente llegamos a la disciplina porque algún/a profesional de la salud nos envía, o porque nos sentimos muy contracturados, o doloridos y tomamos la iniciativa de probar Yoga porque nos lo recomendó alguien conocido. O porque el estrés nos agobia, o porque no podemos dormir, o porque estamos tristes, o porque estamos ansiosos. Sea cual fuera la razón que nos impulsa a encontrarnos con el Yoga se convertirá en un antes y un después.

Hacemos o practicamos Yoga no sólo cuando armamos las posturas o trabajamos con la respiración, o cuando meditamos…

Hacemos Yoga cuando nos encontramos con el espacio, el lugar, el instructor o profesor que nos transmite su energía, sus conocimientos con humildad, respeto y atención.

Hacemos o practicamos Yoga cuando nos involucramos con cada postura, la sentimos, la disfrutamos.

Hacemos Yoga cuando nos permitimos aceptar que nos cuesta, que tenemos un límite, que el cuerpo grita y que debemos respetarlo.

Hacemos Yoga cuando la perfección no es nuestro objetivo, sino la conexión con cada parte de nuestro cuerpo que nos acerca al conocimiento y valoración de lo que podemos hacer.

A través del Yoga buscamos una manera nueva de explorarnos y tratar nuestra condición física. Establecemos una dinámica de confianza con nuestro cuerpo, sin caer en la pasividad, tomando física y mentalmente un papel activo, protagonista, dándonos cuenta de que nuestra salud depende de nosotros mismos.

El Yoga es una medicina para el cuerpo y el corazón, que nos beneficia a todos y que aplicado a las personas deportistas, por ejemplo, puede ser clave para conseguir fehacientemente los objetivos de fuerza, estabilidad, incluso de velocidad y, por supuesto, prevención y rehabilitación de lesiones.

La práctica del Yoga adaptada a las necesidades de cada etapa de la vida de la mujer puede ayudar a lograr un buen equilibrio físico, emocional y espiritual, y esas adaptaciones de las posturas pueden aportarnos un mayor bienestar general.

Todas estas razones son las que justifican ampliamente la importancia del Yoga en nuestra vida.

Teniendo en cuenta que existen varios maestros muy importantes y varias escuelas, y que cada profesor pone su impronta a la disciplina es natural que haya distintos sistemas, maneras, técnicas para guiarnos en la práctica.

Solo son diferentes formas de interpretar lo mismo, no tiene sentido juzgar desde el mejor o el peor, cada persona tiene que encontrar su propio camino, si algo nos ayuda a crecer personalmente de una forma pacífica, armoniosa y profunda, bienvenido sea.

La confianza que depositamos en nuestro profesor, en la enseñanza, en sus acciones, en su mirada hacia nuestra persona es lo que nos ayuda a encontrar el potencial interior que nos hace avanzar en la práctica de cada día.

El Yoga nos permite respetar nuestra individualidad y la dimensión de crecimiento en un momento dado porque es el pilar central que nos guía, nos inspira para poder vivir nuestra verdad.

Prof. Andrea Arriarán

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