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Y sonríes

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Escribe: Padre Víctor Roncati
Cura Párroco de San Ignacio de Loyola

Mi Cristo Niño, te miro en ese Pesebre y sonríes. A pesar de saber lo que vendrá, a pesar de no tener nada, sonríes.
Tú, que eres el Rey, naciendo en la pobreza y sonríes. Y yo, siempre quejándome de lo que me falta… es que no sé mirar lo que tengo, me olvido de dar gracias por el pan de cada día, por mis seres queridos, por la vida… si siempre estoy quejándome, ¿cómo voy a sonreír? Perdóname Señor. Por no ser agradecido, por no disfrutar de lo que tengo, por no vivir con alegría confiando en Tu Providencia. Dame, Señor, el don de gozar del aire que respiro, del calor del sol, de la sonrisa de mis hijos… dame el don de saber darte gracias por las cosas de cada día.
Tú, que eres la Sabiduría, la misma Palabra del Padre. Tú que conoces Su plan de salvación y sabes que te toca sufrir, dar la vida por mí. Tú que sabes que vas a ser abandonado por todos en tu dolor, y sonríes. Y yo, que creo que lo sé todo, que quiero manejar mi vida a mi manera y sólo consigo enredarla. Yo, que me rebelo ante el dolor, ante las dificultades, las enfermedades, las pérdidas de un ser querido.
Perdóname porque no creo en Tu amor, y siento mi sufrimiento como un castigo de un Dios injusto, de un Dios caprichoso.
Perdóname porque no creo que sepas más que yo, que veas más allá y permitas un mal en mi vida sabiendo que de él vendrá un bien. Y perdóname porque, aunque viera más allá y supiera que hay un bien detrás, si no fuera para mí mismo, tampoco lo aceptaría. Porque ¿por qué sufrir por otro que quién sabe si se lo merece?
¿Por qué no creo en Ti Señor? ¿Por qué no me abandono en Tu Sabiduría y Tu Misericordia como un niño en brazos de su padre?
Ayúdame, Niño Jesús, a confiar en el Padre como Tú. Dame el don de la esperanza, el don de esperar Su bien, el que Él quiera para mí, con alegría y con paz.
Tú, que eres Todopoderoso, aceptando nacer desprovisto de todo, y sonríes.
Y yo, que siempre quiero ocupar un lugar mejor. Envidio a mis hermanos, me ofendo si no reconocen mis esfuerzos… ¿Cómo voy a sonreír si siempre estoy preocupado tratando de que todo salga como yo quiero? Perdóname por no respetar a mis hermanos, por mis malos modos, por despreciar a los que saben menos, pueden menos, tienen creencias diferentes a las mías, otro color, otra posición social.
Perdóname por creer que siempre puedo hacerlo todo mejor que los demás… y hasta llego a creer que puedo hacerlo mejor que Vos. Dame el don de la humildad, Niño Dios. Que pueda conocer mis capacidades, no para creerme más, sino para servir a mis hermanos. Que pueda conocer mis debilidades, para darme cuenta que todos somos pobres ante Ti, necesitados de Tu misericordia. Que conocerme a mí mismo me lleve a aceptar y amar a mis hermanos como son.
Perdona mi soberbia, mi Jesús Niño, y ayúdame a reconocerte mi Rey, a reconocerme criatura tuya, posesión tuya. Que hoy te pueda adorar como mi Señor y mi Dios.
Y llega la Navidad… ¡Tantas cosas para tener listas ese día! Mandar tarjetas a los amigos, comprar regalos, la ropa… ¡Tenemos que estar lindos! Que funcione bien el auto, hay que ir a buscar a los tíos a la estación… Y la casa, necesita una pintada, hay que arreglar el jardín, ver que está en buenas condiciones la parrilla y las luces del fondo, y la pileta, hay que limpiarla porque si el 25 hace calor, vamos a usarla, mirar los manteles, pensar en un buen centro de mesa, por supuesto el arbolito, y el pesebre…Tengo que arreglar algunas piezas y cambiar otras, porque ya está viejo.
Y la comida, mejor voy preparando de a poco durante la semana, si no, no llego… Despedidas de fin de año… Y con todo lo que hay que hacer, no alcanza la plata estos días, y no olvidarme de pedir turno en la peluquería, y… ¿ves? No me queda tiempo para Vos ¿Cuándo quieres que vaya al Sagrario a rezar un poco? ¿En qué momento quieres que les hable a mis hijos de Vos? ¿Cómo quieres que me ocupe, justo ahora, de visitar enfermos, de las necesidades de los pobres, de hacerle compañía a los que están solos?… ¿Justo ahora, que estoy tan ocupado, quieres que me reconcilie con ese que hace tanto que no me hablo? ¿No ves que no tengo tiempo?… O ¿es que estoy haciendo todo al revés?… Ahora que te miro en el pesebre, tan desprovisto de todo y sonriendo, se me ocurre que sí. Porque, ¿por qué con tantas cosas no me siento feliz? Y hasta diría que me siento cansado y bastante vacío.
¿Y a Vos? ¿Qué es lo que te hace sonreír?
Ah, sí, perdóname, lo sabía, pero lo había olvidado ¡con tantas cosas!… Lo que te hace sonreír es el amor, un amor tan grande como para bajar hasta mí, que ni me acuerdo de Vos, para salvarme. Y eso que sabes que venís a sufrir, que venís a morir…
¡Y sonríes! ¿Tanto me amas? ¿Tanto me ama el Padre que te manda a Vos a decírmelo?
Perdóname Señor, porque hasta hoy no lo entendí, porque me creé un mundo rodeado de tantas necesidades superfluas que para Vos, mi única necesidad real, verdadera, no me queda tiempo.
Perdóname, porque en este mundo apurado en que vivo, no me queda tiempo para el amor. ¡Y quiero sonreír! Vos Señor, venís a enseñarme a ser feliz, a poder sonreír a pesar de todo, como Vos. Y yo no te dejo, perdóname, mi Jesús de la esperanza y ayúdame a cambiar. Porque… lo peor, es que mi mundo es siempre así, alejado de Vos.
¡Tengo siempre tantas cosas que hacer! Y cuando tengo tiempo libre, tampoco te busco… Es que no tengo costumbre, se me olvidó como hacerlo. Si ni siquiera en Navidad, donde hasta el aire me habla de Vos, logro darte un primer lugar. ¿Cómo quieres que lo haga después, cuando todos se olvidan de Vos?
Perdón Señor, por la frialdad de mi corazón. Hoy siento ese frío en el alma y me duele. Quisiera amarte más, Niño Dios. Quisiera amar a mis hermanos como Tú los amas, y desde ese amor poder sonreír como lo estás haciendo Vos. Perdona mis indiferencias, mis egoísmos, mis miedos, mis prejuicios, mis perezas, mis rencores…
Abre mi corazón, ayúdame Señor. Dame el don de amar, y perdóname por lo poco que te amo hoy.

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