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Vivo de milagro: lo asaltaron y le dieron siete puntazos

Rodrigo tiene 21 años y a la salida del boliche, el sábado a la madrugada, fue atacado por dos delincuentes de no más de 18 años que le ocasionaron siete heridas con un cuchillo y una faca.

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Durante la madrugada, Junín se transforma en un territorio aún más peligroso de lo que es a plena luz del día. Los jóvenes salen en bandada de los boliches ubicados por la avenida de Circunvalación, pero luego van ramificando sus caminos.
Así lo encontraron a Rodrigo dos delincuentes que merodeaban la zona, lo vieron presa fácil y lo atacaron a cuchillazos, para robarle el celular y la billetera. Dos pibes de no más de 18 años, encapuchados y con motos semi-desarmadas, que asolan a la población pero no son detectados por la policía.
Por milagro, con siete heridas en distintas partes del cuerpo, el joven pudo contar a LA VERDAD cómo fueron los hechos que lo tuvieron como involuntario protagonista, el sábado alrededor de las 6 de la mañana en Avellaneda y Sampayo.
Rodrigo Beschinsky representa la voz de todos los jóvenes juninenses, desamparados, sin protección, que van por las calles a la buena de Dios, sólo con la compañía de las plegarias de sus padres. Tal vez algún ángel protector impidió que Junín se transformara nuevamente en el foco de noticias del país, con una muerte violenta más, producto de la inacción generalizada de quienes deberían cuidar a los ciudadanos.

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Qué pasó
Todavía en reposo absoluto, Rodrigo aceptó recibir en su casa a LA VERDAD, y contar minuciosamente lo acontecido. El inicio fue así: “Iba por calle Avellaneda hacia la panadería, a buscar a mi novia, casi llegando a Sampayo. Yo iba hablando con ella por celular y vi que pasó una moto y me miró, así que le dije: ‘Corto porque me van a robar’. Me di cuenta por cómo me miró y porque iba todo encapuchado”.
“Antes de llegar a la esquina, se bajó primero y me empezó a amenazar, a decirme que le diera todo, algo a lo cual me negué, no le iba a dar nada. Empecé a golpear en esa casa, a tocar timbre y pedir ayuda, pero nadie salió. El chico se me vino encima con una cuchilla, enorme, de tipo carnicería y me empezó a tirar puntazos pero a matarme: en el abdomen, en el pecho…”.
“Lo único que atiné a hacer fue cubrirme como podía con las manos, y cuando quise sacarle el cuchillo, se fue para atrás y me dio unos centímetros que me permitieron salir corriendo”, recordó.
La historia siguió así: “Pude hacer dos metros apenas, porque me resbalé y me caí. Ahí fue cuando me di cuenta que había un segundo chico, que estaba en otra moto pero hasta ahí sólo había mirado. Se me vino encima con otro cuchillo y me dio el peor puntazo, debajo de la axila izquierda, con un corte que tiene 15 centímetros de profundidad según me dijeron después los médicos”.
“Luego, la cirujana estimó, por el tipo de herida, que se trataba de una faca, que gracias a Dios se dobló y se fue para abajo, porque si ingresaba derecho me pinchaba un pulmón y hasta podía llegar a corazón”. Y otra hubiese sido la historia.

Persecución

Los dos delincuentes no abandonaron a su presa. “Después de eso pude levantarme y salir otra vez corriendo, doble en contramano por Sampayo, ellos me seguían en las motos pero pegaron la vuelta cuando vimos que venía una camioneta”.
“Hice tres pasos más y caí desplomado en el piso. La camioneta frenó y enseguida llegó la policía, porque una chica que había pasado casualmente había visto toda la situación y avisó. Yo nunca la había visto”, contó Rodrigo.
Herido, en el piso, “la policía me empezó a hacer preguntas que mucho no pude contestar, porque estaba mareado, shockeado, sangrando… vi que salieron a buscarlos, pero por los resultados no pudieron encontrarlos”.
“Eran dos chicos de no más de 18 años, en dos motos de 110 cc., una desarmada color negro, la segunda no alcancé a divisarla bien”, explicó.
Cuando estaba tirado, Rodrigo alcanzó a llamar a un amigo, que llegó en apenas unos minutos y fue quien se hizo responsable para trasladarlo hasta el hospital, “porque la policía decía que no podían tocarme ni trasladarme, que había que esperar a la ambulancia que no llegaba”.
“Hoy (por ayer) cuando fui a radicar la denuncia, presenté las quejas por esto: pregunté por qué no me habían llevado ellos al hospital y me dejaban sangrando en el piso. Me contestaron que tienen la orden de no tocar ningún cuerpo herido, porque si trasladan a la persona y muere en el camino, es culpa de ellos”, explicó.

Atención médica
En el Hospital empezó la segunda parte de la historia. “Como para curarme no me sacaron la camisa, recién cuando llegué a casa mi mamá vio la herida más profunda que tenía bajo la axila”, dijo Rodrigo.
Allí estaba el tajo mucho más profundo que los otros, “así que me fui a una clínica privada pero no me atendieron porque me dijeron que era quirúrgico, para coser, y las heridas ocasionadas en la calle deben ser derivadas al Hospital”.
“Así que volvimos al Hospital, me tuvieron 15 minutos esperando en la sala y cuando llegó la médica me cosió. Me midió la profundidad y me dijo que la herida era de 15 centímetros de profundidad, y que se había doblado la cuchilla usada, porque sino los resultados hubiesen sido otros, no la contaba tal vez porque fue del lado izquierdo, en la zona pulmón/corazón”, reiteró en su relato.
“Después mi mamá me llevó hasta La Pequeña Familia, donde me atendieron muy bien, me curaron todo otra vez, me hicieron placas y descartaron que no tuviera perforado el pulmón. Además me dieron antibióticos inyectables para contrarrestar lo que pudiera ocasionar el arma blanca que usó esta gente”, observó sobre el recorrido realizado. Desde el sábado por la mañana se encuentra en reposo absoluto en su casa.

Las reflexiones
Después del gran susto familiar, llegan las reflexiones. “Es lamentable lo que pasó, pero es la realidad que estamos viviendo”, consideró Rodrigo, entre resignado y dolido.
Lo que había hecho era lo que hace cualquier chico: “Yo salía del boliche, me estaba yendo a la panadería caminando porque mi novia me estaba esperando, era un momento en que había movimiento aunque no policías, salvo en la puerta, donde se juntan a hablar entre ellos y tomar mate”.
“Yo tuve la mala suerte que justo ahí no había nadie, salvo la chica que pasó que estoy tratando que salga de testigo pero está aterrada, solamente se comunicó conmigo por Facebook. Está segura que el pibe la vio, cuando pasó que iba a trabajar”, explicó, aunque sin demasiadas expectativas de que los delincuentes puedan ser identificados y detenidos.

Recién ayer por la mañana radicó la denuncia. “A pesar que estuvieron en el momento, la policía fue a mi casa el domingo a la mañana, pero mi mamá los echó y les recriminó que no estuvieran cuando yo los necesité, me dejaron tirado en el piso sin hacer nada”, contó.
“No lo pueden tocar, pero si se desangraba es una locura que no hagan nada”, interviene el papá de Rodrigo, para acotar por única vez en la charla.
“Yo siempre me volví caminando de los boliches, vamos juntos con amigos aunque termino llegando solo a casa. Uno se confía, pensando que soy grandote o que no me van a pasar estas cosas que vemos por televisión, pero acá no zafa nadie, es una ruleta rusa”… una reflexión final de un chico de 21 años, que por milagro, pudo contarla.

Haciendo Obras 2

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