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Vivir la soledad en Manresa

Padre Víctor Roncati – La cama estaba muy dura esa noche, y el frío y la poca comida hacía muy difícil dormitar un rato. Y, al lado mío, estaba él, sin nada de comida, con muy poco abrigo y durmiendo sobre el piso. Yo miraba su cara y estaba feliz.

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La cama estaba muy dura esa noche, y el frío y la poca comida hacía muy difícil dormitar un rato. Y, al lado mío, estaba él, sin nada de comida, con muy poco abrigo y durmiendo sobre el piso. Yo miraba su cara y estaba feliz.

Al amanecer Iñigo de Loyola me cuenta:

“A mediados de marzo de 1522, recorro los seiscientos kilómetros que separan Loyola de Montserrat, y que era una etapa obligada en mi camino hacia Barcelona en donde esperaba embarcar para ir a Jerusalén; allí, en el monasterio de dicha ciudad, me había confesado y, en la misa del 25 de marzo, Día de la Anunciación, recibí la Comunión…, luego me fui unos días a un pequeño pueblo: Manresa”.

Pero vení, vamos a tomar un poco de alimentos y te sigo contando. ¡Un poco! Si hacía varios días que no comíamos nada. Pero bueno, seguiré a Iñigo para que me siga relatando su historia.

“Yo tenía grandes deseos de servirle en todo a Jesús el Señor y hacía grandes penitencias para agradar a Dios. Y cuando me acordaba de hacer alguna penitencia que hicieron los santos, me proponía hacer la misma, en esos pensamientos encontraba toda mi consolación, y que todo sea para mayor Gloria de Dios”.

Pero me encontraba con dos problemas: en primer lugar la ceguera de mi alma, ya que las “obras grandes exteriores” de los santos responden a manifestaciones de “la humildad, caridad y paciencia” de sus virtudes interiores.

Y en segundo lugar: la falta de “discernimiento”.

Te cuento que una vez me sentía incómodo interiormente de mis “vestidos de gala” y entonces se lo regale a un mendigo que había por allí, el cual salió contento y agradeciendo esa ropa, que nunca había tenido; pero ¿qué paso? tal mendigo cayó en manos de la justicia y fue acusado de robar tales vestidos.

¡Hay cuanto me falta poder ser humilde!

Pero no obstante te digo que mi primera parte de mi estadía en Manresa fue una etapa de calma.

Acompañame que voy a hacer lo de todos los días, primero salir a mendigar para tener algo para comer, luego ir a la catedral para participar de los oficios religiosos, la misa, rezar las oraciones de vísperas (por la tarde) y de completas (por la noche). Y como veras también me gusta charlar mucho con las personas piadosas, para poder aprender de aquellos que saben. Además suelo confesarme todos los domingos, y leer frecuentemente la pasión de Jesús.

¡Hay Señor! “Soy como un amigo que habla a otro amigo”.

¿Cómo es que tú, mi Creador, viniste a hacerte hombre? ¿Cómo es que dejando la vida eterna, has venido a la muerte temporal? ¿Y a morir de este modo por mis pecados?

¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué debo hacer?

Bueno, perdón por si te comparto tantas cosas, tal vez difíciles de responder, y mucho más de llevarlas a la vida, pero… son las cosas que me pasan; y si querés conocer mi vida, tenés que entrar en ella… ¡adelante!

Una vez, me encontraba bastante enfermo y me sentí morir, y tuve un “pensamiento que me decía que era justo”. Más tarde me di cuenta que era un paso de la vanidad a la tentación de la soberbia.

Me asuste, ¿cómo poder reprimir esto?; y resulta que uno de esos días vinieron unas señoras a visitarme, alertadas por mi situación de salud, y les pedí que si alguna vez volvían a verme en punto de muerte, que me griten a grandes voces: “¡pecador!…¡pecador!”.

¡Ja, Ja! Ahora me da risa cuando recuerdo esos momentos y la cara de esas piadosas señoras… pero sí, así estaba, y fue pasando la enfermedad, pero mi alma quedó en un profundo desconsuelo, una especie de insipidez que me fue quitando todo el gusto a la oración, y cayendo en una tristeza.

Yo deseo dar gloria a Dios, utilizando mis propios medios, pero por un tiempo sentí como el abandono de Dios, y fui comprendiendo que el poder de Dios se manifiesta en la debilidad humana… caí en una depresión…en una “desolación espiritual”… me siento separado de Dios y de toda la creación. Estoy en la más absoluta soledad. ¿Quién soy yo?…

En medio de esa total confusión tuve el presentimiento de que no debo desdecirme de la anterior resolución; por eso decidí multiplicar las penitencias, ayunar más, perseverar en la oración, consultar al confesor… pero todo es inútil. Y un amargor de muerte me llena la boca… hasta siento el vértigo de la auto-destrucción… ¡no, Señor, no haré nada que te ofenda!… ¡Socórreme Señor, que no hallo ningún remedio…

Pero, amigo, fue un tiempo muy duro, pero, “quiso el Señor que despertara como si fuera un sueño”. Y pude exclamar con toda mi voz: ¡Vivo! ¡Existo!. No he muerto, sigo existiendo…gracias a Dios…

Y a partir de aquí me deje iluminar por Dios que “me trataba de la misma manera que trata un maestro de escuela a un niño, enseñándole”…

Y es con este Misterio de la Trinidad, que he tenido una experiencia profunda, y al cual siempre lo he tratado como “Majestad divina”.

Ya que es propio del amor obrar y comunicarse. Para mi Dios es alguien que “trabaja y labora por mí en todas las cosas creadas en la faz de la tierra…” Yo “veo a Dios en todas las cosas” es por eso que creo que el hombre es un “contemplativo en la acción” y es una de sus características. Es por eso que debemos respetar mucho a las cosas y a los hombres.

La imagen perfecta de Dios es, la humanidad de Jesucristo, yo, amigo, la he visto varias veces, con los ojos interiores en Manresa.

Y es por eso que siento necesidad de dedicar mucho tiempo a conversar con la gente, para seguir buscando al Señor… es aquí en donde me fui convirtiendo en un “hombre nuevo”, un hombre nuevo asociado al designio de Dios que Cristo prosigue en la Iglesia.

Vamos, ayúdame a despedirme de los amigos, porque hoy, 18 de febrero de 1523 nos vamos, ten cuidado al cruzar el puente romano, porque nos dirigimos al mar.

Dios los bendiga.

Padre Víctor Roncati.

Parroquia San Ignacio de Loyola.

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