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Provinciales

Vidal y el peronismo ya diseñan el año electoral

Escribe Andrés Lavaselli,
Agencia DIB

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El esquema de paritarias que la gobernadora María Eugenia Vidal acordó con un sector de los empleados estatales y el modo en que el peronismo tramitó internamente su posición respecto del proyecto de Presupuesto son los dos hechos políticos más importantes del fin de año político en la provincia, porque encierran algunas de las claves del modo en que oficialismo y oposición comienzan a plantear el “piso” político desde que el afrontarán el período electoral.

En el caso del Presupuesto, las negociaciones están tan avanzadas que el proyecto, incluyendo el artículo sobre endeudamiento y la ley impositiva, podrían aprobarse la semana entrante, el lunes o, en su defecto, el jueves, de acuerdo a los plazos que rigen el funcionamiento legislativo en período extraordinario. Incluso, si un contratiempo de último momento, que nunca puede descartarse, traba las conversaciones, nadie imagina que el OK final se demore mucho más allá de la semana siguiente.

La piedra de toque que permitió ese avance fue, como se preveía, eliminación de la porción de ajuste que la Provincia transfería a las comunas. Ese es el significado de la reabsorción por parte del tesoro provincial de buena parte de los $13 mil millones en subsidios a la CEAMSE, el transporte y la tarifa social eléctrica que en principio iban a recaer sobre los municipios. Y de la eliminación de los cambios en el Fondo Educativo, que los alcaldes podrán ahora seguir usando con un margen de discrecionalidad.

A eso hay que sumar un clásico de los años electorales: una inyección adicional de unos $2 mil millones –podría ser algo más o menos- para obras en las comunas opositoras. El oficialismo legislativo impulsa que sea a través de un fondo similar al que rigió hasta 2017 pero el formato genera reparos en el Ejecutivo, por lo que su viabilidad es incierta. Si hay acuerdo para distribuir cargos para el massismo y el peronismo dialoguista en el Tribunal de Cuentas y el directorio del Banco Provincia.

Con ese esquema, que podrá sufrir modificaciones de grado pero que en lo sustancial está cerrado, el massismo y los bloques ligados a los intendentes peronistas –más algunos desprendimientos a ambos lados de la grieta- se avienen a respaldar el endeudamiento la ley impositiva, los dos ítems críticos. El modo práctico para plasmar esa voluntad política puede variar: el Frente Renovador levantará la mano y del otro lado del peronismo puede haber apoyos explícitos u oportunas ausencias.

Esos apoyos no son una novedad: en los tres años anteriores, Cambiemos logró los mismos respaldos. Y el hecho de que Sergio Massa dé el acuerdo a pesar de que no obtuvo el desdoblamiento de las elecciones a nivel municipal que había planteado como una condición sine qua non, puede deberse a que es desoblamiento a nivel de Gobernador que ahora analiza Vidal tendría para él efectos electorales similares: preservar su base territorial del influjo de Cristina Fernández.

En cambio, la singularidad de esta coyuntura política pasa por el modo en que peronistas “dialoguistas” y kirchneristas negociaron con Vidal de modo unificado. Fueron los intendentes de ambos sectores quienes acordaron entre sí avanzar por esta vía, para asegurar que se respeten las necesidades de los territorios. Y por otro objetivo, igual de importante: evitar que el apoyo de unos y el rechazo de otros a los proyectos en el recinto termine, como otras veces, en una crisis política fuera de él.

Pero lo más significativo es el horizonte político que se dibuja detrás del acercamiento en la Legislatura: el peronismo de la provincia resolvió cerrar el año con un gesto de unidad, que se trasforme en una suerte de “piso político” para el arranque de 2019. Aunque las conversaciones en este sentido son previas, la posibilidad de que Vidal adelante los comicios –que la Gobernadora confirmó hace una semana– catalizó ese proceso, porque le dio un nuevo significado a la centralidad electoral de la Provincia.

De todos modos, esa eventual unidad, que no se resolverá, si es que se resuelve alguna vez, antes de marzo, aún tiene exclusiones notables. La más importante es por ahora la del propio Massa, pese a que en su entorno lanzaron en las últimas horas una especie de globo de ensayo. Se trata de la precandidatura a Gobernador del senador Jorge D`Onofrio, que dice que con el desdoblamiento se abre la chance de que en Provincia puede haber un acuerdo con el kirchnerismo aunque no lo haya en Nación.

Paritarias y algo más
Vidal busca cerrar el año sin estallidos sociales pese a la crisis, para lo cual reforzó la ayuda a sectores vulnerables y lanzó un bono de $ 7 mil para los estatales activos y de la mitad de esa cifra para los jubilados. El esquema se completa con una paritaria que reintroduce, apenas disimulada con otro nombre, la cláusula gatillo para acompasar los sueldos con la inflación, una herramienta que el gobierno nacional no le había dejado usar este año. Eso implica un elemento de diferenciación.

Tan significativo como ese desmarque unilateral es la progresión de subas que la gobernadora planteó para 2019: del 20% total, 16 se paga a julio, mes en el que aplicará también la cláusula anti inflación. Eso puede deberse a la evolución esperada de la inflación. Pero eso es una conjetura, objetivamente implica que el salario no caerá en términos reales antes de las elecciones, aun si estas se anticipan. Para después hay previstos cuatro puntos de incremento más y una cláusula de revisión en noviembre, pero que no es automática.

El esquema no alcanza a reponer la caída del salario real de los estatales bonaerenses (unos 600 mil, contra los 150 mil nacionales) de este año, que con 33% de suba los gremios combativos calculan en 15 puntos y el gobierno, en voz baja, reduce a unos siete, aunque tomando en cuenta plus y sumas no remunerativas o que se cobran por una sola vez, por lo que no se integran al sueldo básico y, por lo tanto, engrosan el bolsillo solo de manera ocasional.

En cualquier caso, el objetivo de la Gobernadora es dar vuelta la página y buscar un esquema que prevenga el conflicto gremial, que ese año estuvo lejos de controlar. Por ahora, logró solo el apoyo de UPCN y un par de gremios más, todos proclives al acuerdo. Pero no sumó nuevas voluntades: tanto los estatales de ATE como, significativamente, los docentes, que este año realizaron un nivel de paros récord, por ahora le dan la espalda.

En Casa de Gobierno admiten que revertir esa negativa será una tarea dificilísima, porque nadie piensa que pueda existir una oferta que recupere lo perdido este año. Se trata solo de una pequeña parte del desafío de encarar un año político signado por las recesión económica, que también estrecha el margen de acción para gobiernos que eligen la “austeridad fiscal” como respuesta.

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