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Una noche especial

Escribe: Padre Víctor Roncati. – ¡Hijo, ponete la campera azul!

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¡Hijo, ponete la campera azul!

Macro Recargas

Fue el último grito que sentí esa noche, ¡era mi mama!

Era una noche hermosa, toda estrellada, una buena temperatura, y yo dispuesto a “pescar” en el pequeño bote a remos que me prestaron.

Pocas veces salgo a pescar, tampoco tengo tanto tiempo, y a decir la verdad, casi no se.

Pero era uno noche especial, quería, ¡necesitaba! tomar un poco de aire, descansar, airear mi mente, volver a ordenar las ideas… es por eso, que la pesca era una excusa, y se me había ocurrido pasar una noche en la laguna con un pequeño bote de madera.

Me había entusiasmado mucho, era una aventura nueva. Llevaba una caña y un pequeño equipo de pesca, la carnada correspondiente… algunos sándwich preparados por la “vieja”, un termo, mates.

El agua estaba totalmente serena; parecía una bandeja de plata, ya que la luna mostraba toda su elegancia en el reflejo del agua.

Un par de remadas y el envión me llevó hacia el centro de la laguna, me alejaba de la costa y era muy lindo experimentar el silencio y el zarandeó suave del bote.

Iba a comenzar con los preparativos para tirar la caña, pero preferí recostarme un poco en el asiento del bote, y me fui acomodando y encontrando ese lugarcito que me resultaba muy bueno para apoyar todo mi cuerpo, y mi visión era el “firmamento” lleno de estrellas de todos los tamaños rodeando, o haciendo como un eco de la luna llena que lucía maravillosa.

Así en ese mirar y ver, en el entrecerrar los ojos y fantasear con la imaginación, me quede dormido. Y el sueño me invadió.

Al principio fue calmo y sereno… pero de pronto se fue transformando en pesadilla; y yo hacía fuerzas para salir de esa situación y despertar, pero no podía.

La realidad de mi país se paraba allí. Como diciendo: ¡Aquí estoy!

Y comenzó a pasar por mi mente toda la situación económica que vivimos, y la suba del dólar y no poder encontrar un precio fijo; y los intereses, y el plazo fijo, y en los negocios y comercios donde la gente cada vez entra menos y el sueldo devaluado, y el precio de la nafta y de la luz y el gas…y como suben de precio los artículos de primera necesidad y… y ¡hay tantos y! como para seguir en la pesadilla.

Y la vivencia de la sociedad que frente a esto siente un estado de nerviosismo, de tristeza… y los paros de los trabajadores, y de los sindicatos, y a veces las escuelas cerradas, sin alumnos, y los problemas de políticas educativas, el frio del invierno, y la lluvia, y los problemas del campo, y la gente enferma, y los hospitales… y la salud pública.

Y como todos los días nos enteramos de distintos y diversas formas de inseguridad… y las drogas.

Y el tema de la despenalización del aborto, y si es un tema legal, o de salud, o de vida o de ética y moral, y que esto acentuó más la grieta social.

Y el mundial de futbol que viene como a distraernos de la situación que vivimos diariamente.

En esos terremotos de pesadilla estaba, cuando de pronto percibo que desde el agua de la laguna se levanta como unas olas gigantes, que son como unos “monstruos” que ponen mucha más tensión a todo mi ser… ¿Qué es?

Y comienzo a sentir mucho “miedo”, miedo a lo desconocido, al futuro incierto, esto me paraliza.

Ese miedo y temor es por el presente que vive mi comunidad en todas sus dimensiones: en la faz económica, de inseguridad, en la educación, en la salud, en tantos temas legales y éticos-morales.

Así estaba sumergido en un mar de dudas y dificultades, en mi sueño – pesadilla, cuando de pronto.

Comienzo a abrir los ojos y veo los primeros rayos del sol que anunciaban un nuevo día, trato de ir serenando mi corazón que había llegado a palpitar incesantemente; levanto la mano derecha y me responde, y así todo mi cuerpo, me siento, trato de ubicarme en el lugar, miro la caña de pescar seca, el bolso sin desarmar… es hora de regresar, hay que volver.

Los remos y su ir y venir van terminando de “ambientar” nuevamente mi vida, diviso la costa, falta poco y escucho en mi interior una voz que me dice:

“No temas Víctor, yo estoy siempre contigo hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Y esa vos, conocida, vuelve a poner vida y esperanza en mi ser.

“Necesito que le digas a mi pueblo, que yo estoy con ellos, que no los abandono, especialmente con los más pobres, con los enfermos, con los que sufren…”.

“Que las tormentas y los problemas del hoy son un preámbulo para un futuro mejor”, allí reinara la paz, se gozara de la verdadera alegría, será un compartir como hermanos, allí no habrá más hambre, ni injusticia, ni falsas cuestiones éticas.

Allí cada uno podrá mirarse al espejo, y decir “este soy yo”; y “yo soy” porque Dios es.

Y entre estos pensamientos llenos de luz y de paz iba llegando a la costa.

Al comenzar a desembarcar, nuevamente la serena y pacífica vos de mi mamá que me decía:

“Hijo, ¿tuviste frio?”.

Padre Víctor Roncati.

Parroquia San Ignacio de Loyola de Junín.

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